lunes, 21 de septiembre de 2026

Ruta: Subida Antenas Piélago (Sotillo de las Palomas-Navamorcuende-Almendral de la Cañada-Hinojosa-Marrupe-Cervera de los Montes-Segurilla-Mejorada.)

Domingo (20-09-2026) con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro, aunque con notables ausencias por asuntos varios. Frescas temperaturas en la antesala de la venidera estación otoñal, que se agradecen para la exigente etapa; último “test serio” de la temporada, para reflexionar y sacar conclusiones del trabajo realizado: Subida a las Antenas del Piélago, por el Almendral.

Comenzamos la jornada, “con suerte”; vamos a tener “el aire de cara” –para no variar-, “mejor será la vuelta, sino cambia”, resignados, comentamos; por los llanos del Baldío, todavía lo notamos algo más, hasta que nos adentramos en los vericuetos y curvas de “los huertos” y nos cobijamos en los subes y bajas del “Arriero”; un par de “corzas jóvenes” se dejan ver por los pinos y un poco más arriba, nos encontramos “un corzo de dos patas con el colmillo retorcido”; el amigo Roberto “El Bueno” que viene a nuestro encuentro. Nos comenta cómo ha dado con nosotros y se anima a acompañarnos un “poco más allá.”

Rápido descenso hacia la serena cañada, atisbando la límpida sierra al fondo del escenario; por la ancha pista, amenas conversaciones, mientras “Eolo” se interpone y entromete en nuestras “chácharas”; “el aire me mata” comenta una vez más el amigo Gabriel “Machaque”, aunque no paramos de cabalgar; paciencia y temple, ya nos dejará en paz. A nuestro paso, “la mediana muralla”, que echamos abajo y entramos sin avisar, “sin prisas y con tranquilidad”, abrimos las puertas para colarnos en la localidad de Sotillo. Desde aquí, el irregular circuito, “un tobogán” sin apenas descansos, con zanjas, tramos levantados y regueras “traicioneras” entre fresnos, chaparras, retamas limpiando las cunetas y un mar de lustrosas encinas, que nos pone a prueba por la discontinua y variada ascensión, antes de llegar a la población de Navamorcuende. Visitamos el solicitado pilón “burriclista”, reponemos agua y damos algún bocado, primordial en estas largas jornadas y, antes de afrontar el asalto final.

Desde este punto, buscamos “El Dragón Kan” – en su dirección más dócil-; notamos el frescor serrano, mientras resuenan tambores y trompetas “de guerra”, avisando de lo que nos aguarda más adelante; fluimos y levitamos por estos bendecidos paisajes y con el objetivo propuesto, asomando por un costado, allá en lo más alto, provocando alucinaciones, “vemos antenas por todos lados.” Aquí, el amigo Roberto, da por concluida su grata compañía y nos desea lo mejor en nuestra hazaña, antes de partir para casa. En la localidad de Almendral, nos persignamos y comienza la liturgia de la rígida y severa escalada; desnivelados muros ocultos en el espeso robledal, tramos al 20 % que nos ponen a prueba, aceras limpias, vallados de piedras berroqueñas, indicando la inclinación de la alargada cuesta. En esta ocasión, cambio “la estrategia” y hago “ida y vuelta, subo o bajo- para esperar a mi escudero; sufrimos y disfrutamos a la vez, mientras comulgamos con el delirante y exigente paisaje; a nuestro paso, asoma un simulacro del inminente otoño, hojas secas tejiendo vistosas alfombras y los gigantescos castaños en todo su esplendor, presumiendo y luciendo sus mejores galas para las próximas fechas. Por estos lares, las violentas pendientes hormigonadas nos retuercen y sacan lo mejor de cada uno, disfrutamos de las genuinas vistas que se nos presentan a media ladera; nos hacemos pequeños y gigantes, entre tanta belleza y calma que rezuma en cada metro que conquistamos. Poco a poco, se van mezclando robles con pinos salteados, parajes sombreados y el reconfortante frescor, que se empeña en acompañarnos en esta misión.  Durante nuestro habitual ritual, subir, escalar, trepar, ascender, aupar y encumbrar, envueltos en la idílica y poética estampa, nos recreamos con el entorno que nos embelesa y eleva, antes de entrar triunfantes en el olimpo del templo “pielaguero.” En la privilegiada balconada conquistada, nos recreamos con las nítidas y cristalinas vistas, mientras reponemos fuerzas y nos hidratamos, no paramos de movernos de acá para allá, como si quisiéramos “adueñarnos” de cada fotograma que contemplamos. Antes de partir, fotografías de rigor, para continuar con el repetido culto en la homilía montañera.

¿La vuelta? Tupidos paisajes de pinos y castaños, antes de enfrentarnos a la vertiginosa y técnica destrepada, por las empinadas pendientes –“qué bien se ven ahora” -comentamos; planeamos, aprovechando las embriagadoras corrientes, recuperamos, nos recreamos y llenamos las mochilas de aire fresco, antes de aterrizar en la acogedora localidad de Hinojosa. Todavía, continuamos escalando, entre vallados empedrados por el bucólico laberinto y rápido recinto revestido de jaras y enebros. Sobre la marcha, nos vamos hidratando, dando “bocados” y llenando las botijas según vamos necesitando. Algunos tramos de salteadas cuestas, mientras “vamos volando” por pistas más cómodas y –ahora- con el aire a favor. Atravesamos poblaciones cerreras, “sabiendo que el gato está en la talega”;  El amigo Gabriel “Machaque”, con garra y tenacidad ha salvado el exigente reto, sobre todo por las salvajes pendientes, mientras hablamos de lo que nos quedaría para completar desafío anual. Salvamos las tachuelas “zorreras” y desde la Gamonosa “a tumba abierta” para concluir la meritoria jornada.

Destacar de la ruta, además de “los números”, las agradables temperaturas durante toda la ruta –no calor-, sobre todo, por las inmediaciones del Piélago. Notable, la subida desde Almendral hasta las antenas y todos sus ingredientes; descomunales desniveles, bastante sombra durante todo el trayecto, incluyendo el aire fresco que nos entraba, además del profuso bosque de robles, pinos y castaños y las genuinas vistas que nos regala la cima de las antenas (1.370 m. aprox.) “Si la oportunidad no llama, construye una puerta.” “No necesito ningún motivo especial para estar en la montaña, solo o en compañía, con estar ahí es suficiente.”  

Resumiendo, ruta circular de 96 kms (2.000 m. D+ aprox.) Los principales caminos transitados han sido: C.R. L.O, Caminos de los Huertos, Caminos de Los Pinos –Cerro Arriero-, Camino del Madroño (Herrería), C.R.L.O, Camino de Sotillo, Camino de Navamorcuende- El Zumbón- C.R.L.O, Camino de Almendral- Camino de Hinojosa-Subida Antenas del Piélago-Camino de Hinojosa-Marrupe-Camino de Segurilla-Sotillo-Cervera-Camino de Segurilla-Mejorada-Velada.

PD: Gabriel, Roberto, muchas gracias por vuestra aportación fotográfica (1).


























SALUD……………y TIEMPO.


“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio….”