Domingo,
(26-04-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, seis caballeros
veleños hacemos acto de presencia en el habitual punto de encuentro.
Temperaturas agradables, también con el horario cambiado (8:30 horas), aunque
acudimos algo “tapados”. ¿La ruta?, con antelación, ya pactada, otra clásica,
“a ver si ya, nos dejamos ver con las etapas de montaña”; marchamos para “hacer
medio Piélago.”
Comenzamos
la jornada, bien acompañados “con el aire de cara”, por lo que, vamos a resguardarnos
entre cerros y chaparros. Para despejarnos, afrontamos la fortaleza de “La
Gamonosa”, cada cual como pueda -es nuestro lema-, sin atragantarnos, ya que,
en el día de hoy, “tenemos bastante tela
de cortar.” En la tranquila mañana, los
continuos subes y bajas se suceden por la agraciada postal. Atravesamos las
localidades vecinas y, en Segurilla, se hacen visibles los restos de vidrios
rotos y “cantidad de mierda” de la noche pasada.
A
nuestro paso, vamos sumando desnivel, cruzando “el sagrado arroyo”, toboganes
de cuestas entre el mar de encinas; mientras, en nuestro cabalgar, ya divisamos
la postal de las izadas antenas. En esta
ocasión, no hay parada obligada en “el reconfortante pilón”; bien agrupados,
nos adentramos en el hormigonado y ascendente carril entre la profusa y
embriagadora panorámica. Una gigantesca bandera, engalanada de tonos verdosos, destacados
morados, amarillos alumbrando el camino y blancos salteados, ondean a nuestro
paso, antes de “colarnos” en la rígida pantalla.
En
este punto nos aguarda, el rincón de “La Solana”, “más romántica y exigente a
la vez” y nos “remangamos porque hay corte”; duros repechos, adornados con las perfumadas
jaras y otras plantas aromáticas, disimulando el aire límpido y las melodías
“pajariles”; por la entretenida “montaña rusa, resoplones y bufidos” para
hacerla más llevadera y alimentarnos con el aire fresco que nos brinda la sombreada
cueva; pasos bien compactados a media ladera, amables vistas, que se dejan ver
entre los ventanales del balcón y, para remendar esta estera, nos aguarda “la
indómita cuesta pelleja” que nos pone a prueba; respiramos y subimos como
podemos, sin abandonar el variado y empinado callejón. Más arriba, esperamos y
nos agrupamos, nos damos novedades y continuamos con la escalada; por la fugaz
bajada, nos adentramos en afortunados paisajes de robles y desde el rebosado embalse,
-otro apretón de propina- a la sombra del robledal y el apacible pinar. Cabalgamos por el
bucólico lugar, “se olvidan todos los males”, mientras nos “oreamos” en el
descenso del solicitado puerto. Sabíamos, que después de “tanto jaleo”, había recompensa
en la localidad de Navamorcuende; paramos a abrevar y reponer fuerzas. Tostadas
y cafés y unos minutos de asueto y descanso, donde las risas tampoco pueden
faltar.
¿La
vuelta? Nos escurrimos por los continuos subes y bajas, bien resguardados por
la profusa arboleda; pasos entretenidos, rotos y quebrados, con profundas
regueras, “para andar con cuidado”. Por supuesto, también cruzamos el río
todavía crecido, haciendo equilibrio sobre las húmedas piedras; en la localidad
de Sotillo, decidimos “por la vía más entretenida”; el lado salvaje del
irregular encinar, para sumar más desnivel y “disfrutar de lo lindo.” En todo
momento, controlamos la situación, la escuadra experimentada, “dosificamos las
fuerzas” por el castillo de cuestas que nos cortejan, mientras Francis
“Sevilla” antes de clausurar, ya nos ofrece el itinerario de la siguiente ruta.
Atravesamos las localidades vecinas, todavía dentro del horario previsto, a
pesar de las habituales demoras y la “prueba del circuito.” Desde la localidad
zorrera, decidimos marchar hacia la población gamona -por eso de acompañar a
nuestros amigos-. J.C, “El Lobo”, nos recuerda que “todavía nos quedan cinco
tachuelas”, aunque las dejamos “en tres y media”; Más precaución “por las
zanjas y tramos levantados por las lluvias pasadas”, según nos tiramos por los divertidos
“toboganes.” El amigo Roberto “El Bueno”, con notable alto, está pletórico,
aunque con humildad, nos recuerda “que con una marcha menos.” Alberto “El
Maestro Ceramista”, nos invita a un refrigerio en “la rebosada plaza” –“lo
dejamos para otra ocasión”, comentamos- mientras dejamos a los compañeros de
fatigas, nos despedimos, hasta la próxima etapa.
Destacar
de la ruta, otra ya “clásica del
calendario burriclista”, “el mini-Piélago” ya dentro de las etapas de montaña. Resaltando,
el duro y entretenido circuito de “La Solana”, tanto por su recorrido como por
su belleza y variada flora. Además, la subida desde el embalse, jalonada por el
bosque de robles y pinos -a la sombra- que convierte a este bucle en un
privilegiado lugar. “Mi ruta favorita, es la que todavía no he hecho.” “La
dureza de la montaña nos recuerda, que lo difícil también puede ser hermoso.”
Resumiendo,
ruta circular de 74 kms (1.400 m. aprox. D+), los principales caminos
transitados han sido: Camino de los Perales, Camino de
Mejorada-Segurilla-Camino del Hituero, Antiguo Camino de Sotillo, Senda
Cervera, Camino del Lomo, Camino de los Dornajos, Camino de Marrupe-Hinojosa-Camino
de la Solana, Camino Navamorcuende (por el embalse), Camino de Sotillo-(Cañada
R.L.O), Segurilla-Camino del Hituero-Segurilla-Mejorada-Gamonal-Velada.
SALUD………….y
TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”