Domingo
(20-09-2026) con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros
veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro, aunque con notables
ausencias por asuntos varios. Frescas temperaturas en la antesala de la
venidera estación otoñal, que se agradecen para la exigente etapa; último “test
serio” de la temporada, para reflexionar y sacar conclusiones del trabajo
realizado: Subida a las Antenas del Piélago, por el Almendral.
Comenzamos
la jornada, “con suerte”; vamos a tener “el aire de cara” –para no variar-, “mejor
será la vuelta, sino cambia”, resignados, comentamos; por los llanos del
Baldío, todavía lo notamos algo más, hasta que nos adentramos en los vericuetos
y curvas de “los huertos” y nos cobijamos en los subes y bajas del “Arriero”; un
par de “corzas jóvenes” se dejan ver por los pinos y un poco más arriba, nos
encontramos “un corzo de dos patas con el colmillo retorcido”; el amigo Roberto
“El Bueno” que viene a nuestro encuentro. Nos comenta cómo ha dado con nosotros
y se anima a acompañarnos un “poco más allá.”
Rápido
descenso hacia la serena cañada, atisbando la límpida sierra al fondo del
escenario; por la ancha pista, amenas conversaciones, mientras “Eolo” se
interpone y entromete en nuestras “chácharas”; “el aire me mata” comenta una
vez más el amigo Gabriel “Machaque”, aunque no paramos de cabalgar; paciencia y
temple, ya nos dejará en paz. A nuestro paso, “la mediana muralla”, que echamos
abajo y entramos sin avisar, “sin prisas y con tranquilidad”, abrimos las
puertas para colarnos en la localidad de Sotillo. Desde aquí, el irregular
circuito, “un tobogán” sin apenas descansos, con zanjas, tramos levantados y
regueras “traicioneras” entre fresnos, chaparras, retamas limpiando las cunetas
y un mar de lustrosas encinas, que nos pone a prueba por la discontinua y variada
ascensión, antes de llegar a la población de Navamorcuende. Visitamos el
solicitado pilón “burriclista”, reponemos agua y damos algún bocado, primordial
en estas largas jornadas y, antes de afrontar el asalto final.
Desde
este punto, buscamos “El Dragón Kan” – en su dirección más dócil-; notamos el
frescor serrano, mientras resuenan tambores y trompetas “de guerra”, avisando
de lo que nos aguarda más adelante; fluimos y levitamos por estos bendecidos
paisajes y con el objetivo propuesto, asomando por un costado, allá en lo más
alto, provocando alucinaciones, “vemos antenas por todos lados.” Aquí, el amigo
Roberto, da por concluida su grata compañía y nos desea lo mejor en nuestra
hazaña, antes de partir para casa. En la localidad de Almendral, nos persignamos
y comienza la liturgia de la rígida y severa escalada; desnivelados muros
ocultos en el espeso robledal, tramos al 20 % que nos ponen a prueba, aceras
limpias, vallados de piedras berroqueñas, indicando la inclinación de la alargada
cuesta. En esta ocasión, cambio “la estrategia” y hago “ida y vuelta, subo o
bajo- para esperar a mi escudero; sufrimos y disfrutamos a la vez, mientras comulgamos
con el delirante y exigente paisaje; a nuestro paso, asoma un simulacro del
inminente otoño, hojas secas tejiendo vistosas alfombras y los gigantescos
castaños en todo su esplendor, presumiendo y luciendo sus mejores galas para las
próximas fechas. Por estos lares, las violentas pendientes hormigonadas nos
retuercen y sacan lo mejor de cada uno, disfrutamos de las genuinas vistas que
se nos presentan a media ladera; nos hacemos pequeños y gigantes, entre tanta
belleza y calma que rezuma en cada metro que conquistamos. Poco a poco, se van
mezclando robles con pinos salteados, parajes sombreados y el reconfortante frescor,
que se empeña en acompañarnos en esta misión. Durante nuestro habitual ritual, subir,
escalar, trepar, ascender, aupar y encumbrar, envueltos en la idílica y poética
estampa, nos recreamos con el entorno que nos embelesa y eleva, antes de entrar
triunfantes en el olimpo del templo “pielaguero.” En la privilegiada balconada
conquistada, nos recreamos con las nítidas y cristalinas vistas, mientras
reponemos fuerzas y nos hidratamos, no paramos de movernos de acá para allá,
como si quisiéramos “adueñarnos” de cada fotograma que contemplamos. Antes de
partir, fotografías de rigor, para continuar con el repetido culto en la
homilía montañera.
¿La
vuelta? Tupidos paisajes de pinos y castaños, antes de enfrentarnos a la
vertiginosa y técnica destrepada, por las empinadas pendientes –“qué bien se
ven ahora” -comentamos; planeamos, aprovechando las embriagadoras corrientes, recuperamos,
nos recreamos y llenamos las mochilas de aire fresco, antes de aterrizar en la
acogedora localidad de Hinojosa. Todavía, continuamos escalando, entre vallados
empedrados por el bucólico laberinto y rápido recinto revestido de jaras y
enebros. Sobre la marcha, nos vamos hidratando, dando “bocados” y llenando las
botijas según vamos necesitando. Algunos tramos de salteadas cuestas, mientras “vamos
volando” por pistas más cómodas y –ahora- con el aire a favor. Atravesamos
poblaciones cerreras, “sabiendo que el gato está en la talega”; El amigo Gabriel “Machaque”, con garra y
tenacidad ha salvado el exigente reto, sobre todo por las salvajes pendientes,
mientras hablamos de lo que nos quedaría para completar desafío anual. Salvamos
las tachuelas “zorreras” y desde la Gamonosa “a tumba abierta” para concluir la
meritoria jornada.
Destacar
de la ruta, además de “los números”, las agradables temperaturas durante toda
la ruta –no calor-, sobre todo, por las inmediaciones del Piélago. Notable, la
subida desde Almendral hasta las antenas y todos sus ingredientes; descomunales
desniveles, bastante sombra durante todo el trayecto, incluyendo el aire fresco
que nos entraba, además del profuso bosque de robles, pinos y castaños y las
genuinas vistas que nos regala la cima de las antenas (1.370 m. aprox.) “Si la oportunidad
no llama, construye una puerta.” “No necesito ningún motivo especial para estar
en la montaña, solo o en compañía, con estar ahí es suficiente.”
Resumiendo,
ruta circular de 96 kms (2.000 m. D+ aprox.) Los principales caminos
transitados han sido: C.R. L.O, Caminos de los Huertos, Caminos de Los Pinos –Cerro
Arriero-, Camino del Madroño (Herrería), C.R.L.O, Camino de Sotillo, Camino de
Navamorcuende- El Zumbón- C.R.L.O, Camino de Almendral- Camino de Hinojosa-Subida
Antenas del Piélago-Camino de Hinojosa-Marrupe-Camino de
Segurilla-Sotillo-Cervera-Camino de Segurilla-Mejorada-Velada.
PD:
Gabriel, Roberto, muchas gracias por vuestra aportación fotográfica (1).
SALUD……………y TIEMPO.
“….mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio….”
