lunes, 3 de agosto de 2026

Ruta circular a Fresnedilla : Sotillo-Navamorcuende-Sartajada-La Iglesuela-Fresnedilla-El Real de San Vicente-Hinojosa-San Román de los Montes-Pepino-Talavera-El Casar-Gamonal.

 

Domingo (2-08-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Parece, que después de las altas temperaturas que hemos tenido durante la semana,  el termómetro “se compadece” y nos da una tregua y la mañana amanece más fresca. La ruta, previo acuerdo, una etapa “marcada en rojo y la primera prueba” en nuestro calendario para esta temporada; “la circular a Fresnedilla.”

Comenzamos la jornada, todavía con “muestras” de la fiesta nocturna; entramos en la cañada y a la altura de la báscula suena “un clack”; “la tija pija” de Martín “El Fiero”, “ha caído”. Intentamos y buscamos soluciones, bajamos a su casa para poner la fija de repuesto, “pero tampoco vale”, por lo que, “tiene que abortar la misión serrana.” Con el amigo Alberto “El Maestro Ceramista”, cabalgamos por la estirada cañada, de fondo un cielo límpido y cristalino, todavía dándole vueltas a la inflexible avería. Agradecemos, el frescor mañanero que nos acompaña por el anillo de los huertos y recorre el plácido pinar, serpenteando los tramos arrieros.

Después del rápido descenso, retomamos la calmada vía pecuaria, “sin prisa, pero sin pausa”, ya que la etapa “se promete larga”, bastante conservadores en los primeros repechos que encontramos antes de llegar a la localidad palomera. En este punto, una cuadrilla burriclista “nos invita a que les acompañemos en su recorrido”, pero les contamos nuestro plan y nos dan su bendición, “eso es demasiado” –no comentan.  Desde aquí, nos adentramos en los discontinuos “subes y bajas” que nos brinda la despistada y variada ascensión entre chaparras y un surtido de retamas, antes de arribar en Navamorcuende, donde hacemos una breve parada para rellenar las botijas.

Desde este punto, “miramos de frente al agraciado paisaje serrano”, encaramados en un entretenido y fugaz descenso, arropados por un mantón de encinas y jaras, que “nos orean y nos hacen delirar, sumergidos en anchurosos espacios, que se mecen entre tanta belleza.”  Sin apenas hacer ruido, atravesamos la famosa población del barro, para adentrarnos en un bosque cerrado y sombreado, pistas bastante cómodas que nos deslizan por la tupida arboleda; alguna tachuela también nos encontramos, parapetada en el silencioso y lúcido encinar; por estos lares, “percibimos un ligero olor a quemado”, fruto de los incendios de los días pasados y, que se han cebado con las poblaciones cercanas del valle. Ya en la Iglesuela, buscamos la salida, que nos han de conducir hasta la siguiente localidad; un circuito bastante entretenido y divertido a la sombra rodeados del frescor serrano y todos sus ingredientes; pequeños tramos se subida –que van sumando-, algo de arena suelta en las curvas, angostas callejas, resguardadas con la tupida arboleda, infinitos cerramientos berroqueños, mientras “sin apenas darnos cuenta”, estamos encaramados en una disimulada escalada. Cuando salimos a la ancha y cuidada pista, somos conscientes que nos acercamos a “la hora del descanso”; buscamos “posada” para reponer fuerzas y coger agua fresca y tenemos suerte que el único bar del pueblo –Fresnedilla- ya está abierto. Café, refrescos y tostadas en el menú, mientras nos comentan “lo desolador y aterrador” del incendio comentado y el cómo han quedado las inmediaciones de las poblaciones cercanas (La Adrada, Casavieja, Piedralaves y todo el paisaje de montaña.)

¿La vuelta? Después del merecido y breve descanso, pues eso, nosotros a lo nuestro, que tenemos “tajo.” Volvemos a coger la ancha y bien marcada cañada, por el divertido “tobogán” y sin perder de vista –en gran parte de la mañana- las antenas “pielagueras”, “¿será una señal?”, buscamos el balizado desvío; desde aquí, como durante toda la ruta y en comunión con la naturaleza más salvaje,  más tramos de escalada, abrimos algunas porteras para enlazar caminos y sendas estrechas; pasos bien trazados y divertidos –pero de subida-, algunos metros quebrados y con piedras adornados, el tramos más empinado, hormigonado y el izado  zig-zag que nos asoma a la carretera. Aquí, tomamos la decisión; no sabemos cómo estará la vetusta y angosta senda y por si “nos toca desbrozar y hacer empujabike”, optamos por la alternativa asfaltada. Nos refrescamos por la cómoda vía, afrontamos dos minipuertos –fuera de ruta- entre el espeso castañar y fincas sin limpiar; sobre nuestras cabezas, “el avió vigía” sobrevuela dando vueltas, mientras cruzamos algunas poblaciones de la Sierra de San Vicente, subidas y bajadas curveadas que nos recuperan y relajan, antes de adentrarnos en caminos más cercanos.

Sobre la marcha, con cabeza durante el ensayo, “vamos comiendo y nos refrescamos” -para evitar sorpresas-; cruzamos el cerramiento rápido de “las siete puertas” y desde Pepino -¿en fiestas?, buscamos la vía que nos ha de llevar hasta Talavera. A estas horas, “sol, sudor y polvo” son señales evidentes de la dura etapa, aunque la fatiga todavía no se presenta, estamos fuera del horario previsto; algún refrigerio y también nos “bañamos” para afrontar los últimos kms. A nuestro paso, “con alegría” y la que llevamos encima, parcelas ganaderas, “la criminal del Casar”, la interminable recta que no nos amedranta, pero tampoco la hacemos a destajo, nos acerca a la localidad vecina de Gamonal. Para rematar la faena y cerrar “el exigente corral”, una Gineta para redondear el desnivel y clausurar otra de las etapas reina.

Destacar de la jornada; además de las llevaderas temperaturas, el diverso circuito de la Senda Viriato y Sierra de San Vicente, la variada flora, destacando encinares, jarales, enebros, pinos y castaños, en ocasiones delimitados por vallados berrocales, además de las agraciadas vistas que nos brinda el Valle del Tiétar. Sin desmerecer la etapa y el digno corral que nos hemos “afincado.” “La vida te lanzará flechas, tú decides sin las conviertes en heridas o lecciones.” “La paz tiene aroma a bosque, sonido a viento y forma de montaña….”

En definitiva, ruta circular de 125 kms (1.700 m. D+.) Los principales caminos transitados han sido; Cañada Real Leonesa Oriental (C.R.L.O), Camino de los Huertos-Los Pinos-Arriero-Camino del Madroño (Herrería), C.R.L.O –Sotillo- Camino del Zumbón-Navamorcuende-Camino de Sartajada –Senda Viriato- La Iglesuela- Camino de Fresnedilla,C.R.L.O, Camino de Castillo Bayuela (sendas de los molinos), CM 5001 (El Real de San Vicente-Hinojosa-San Román), Camino de Pepino-Talavera –siete puertas-, Cordel Extremeño, Vía de Servicio N-V, Canal Bajo del Alberche-La Portiña-Talavera-Camino del Pino, Camino de la Mesa Alta, Antiguo Camino de Oropesa-El Casar-Gamonal-Velada.

Pd: Alberto, muchas gracias por tu aportación fotográfica (2).

Pd1: las fotografías están en orden inverso a la realización de la ruta. 





                                               

                                              

                                             










SALUD…………..y TIEMPO.

“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio….”   

lunes, 27 de julio de 2026

Ruta: Subida al “Mogorro” (La Nava de Ricomalillo.)

 

Domingo (26-07-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros veleños junto con la hidalga local, nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Frescas temperaturas nos acompañan en estas primeras horas, además de olor a quemado y la visibilidad cargada, debido a los incendios de las comunidades y sierras vecinas. Previo acuerdo, hubo cambio de planes –antes de la alerta- y marchamos a la conquista del “temido y exigente Mogorro.”

Comenzamos la jornada, “mirando a sol a la cara” ya que tiene dificultades por asomar; nos encaramamos en la pausada cañada para “calentar”, mientras comentamos la jugada del desastre natural que nos rodea. Cabalgamos, siguiendo la rodera marcada sobre el pasto seco, mientras, atrás dejamos la disimulada cortina de humo, antes de adentrarnos en las parcelas y amplios terrazgos caleranos; pasos bien compactos y confortables disimulados entre terrenos tostados y cosechados, nos guían y nos aterrizan en la vía jareña.

Desde este punto, un continuo rodar alegre, bien agrupados sin dejar de comentar asuntos varios para amenizar la agradable mañana; frescos tramos perfumados con hinojos y asilvestradas higueras que se asoman por las acicaladas cunetas; a nuestro paso, vamos adornando la famosa vía; colocamos con cuidado túneles de todos los tamaños, el imponente viaducto también plantamos, dibujamos un riachuelo y su animada corriente, pintamos unos almendros por aquí, perfilamos unos cerros más allá,  recreamos una estación abandonada más adelante e inventamos “historias” en la localidad más cercana.

 Ya en la población aldeanovana, buscamos su vistosa iglesia, para orientarnos por la vía más salvaje hacia nuestro destino, “por la calle de La Estrella, no nos podremos despistar”. Pues dicho y hecho, ya en el vetusto camino, disfrutamos de su repertorio de estímulos; fincas ganaderas bien cuidadas, en paralelo al cerro de La Estrella, un callejón de almendros nos indica el camino correcto; cruces sin dificultad para llegar al irregular sendero que hace las delicias de los congregados. Raquel McGregor lidera la expedición por los asilvestrados pasos, hasta que salimos a la pista más ancha y tranquila; amplias y profusas parcelas sin limpiar, árboles viejos ya caídos también son testigos de nuestra presencia, otro ejército de almendros y olivares con pendiente, nos sacan algunas bromas “para la hora del transporte y la recogida” “este aceite será más caro”, mientras “una orquesta pajaril” anunciando lo que está por llegar, nos animan con sus rítmicos cánticos.”  Poco a poco se va empinando la pista –“parece una Gamonosa, comentamos.”, que coronamos sin perder las formas y “sin apretar”, antes de arribar en la Nava por la puerta de atrás.

Desde este punto, “retumban las trompetas y tambores de guerra”, callejeamos “buscando” la desnivelada pendiente (24%) de aperitivo, antes de entrar en “el circuito oficial.” Pues lo dicho, “hoy pillamos a los vecinos desayunando”, mientras el comando veleño “nos retorcemos como culebras” por la repentina e inclinada cuesta, antes de salir a la temida y exigente subida. Pues lo dicho, “cada cual cómo pueda”, ya que el terreno de grava está bastante movido, “toca paciencia, pico y pala”; buscamos la mejor y “más cómoda trazada”, a media ladera, nos entra un aire fresco que nos anima; con dificultad, intentamos ponernos de pie –para descansar los riñones,- serpenteamos sobre la piedra suelta –con cuidado para no descabalgar-, “perdemos hasta la cabeza para cambiar” (jajaja), mientras vamos domando la rústica cuesta, vamos coronando en fila,-el tramo más complicado y crítico- y desde la última curva, “vemos la luza” y ya suaviza el terreno. A sierra abierta y más confortable, llegamos al alto del torreón, custodiado por el “Cristo de Corcovado.” Unos minutos para coger aire, hidratarnos, echar un vistazo al entorno, fotografías de rigor y decidimos reponer fuerzas, abajo en la localidad.

Descendemos, examinando con atención la pendiente que “nos pone a prueba y nos lleva al límite” –en verdad, da miedo-; surcamos y surfeamos la descolada grava y en la población navera, buscamos “cualquier punto para repostar.”  Fruta fresca y dulces para compartir, tomamos algo de líquido, mientras comentamos “los inconvenientes y grandeza de la estricta escalada.”¿La vuelta? Nos adentramos en el ancho y rápido camino de “la estación”, un placentero tobogán que “nos ventila y da alas”, antes de acercarnos al territorio “Vía Verde.” Desde aquí, “con algo de prisa”, plegamos y recogemos el camino cabalgo, mientras saludamos a otros burriclistas solitarios; relevos sobre la marcha, mientras el amigo Alberto “El Maestro Ceramista”, pone un punto más, “así, no hacemos las cinco horas- entre risas comentamos; los paisajes se mueven más deprisa, los túneles tienen luz propia, barremos y limpiamos las aceras, mientras la vía se ha convertido en una “peligrosa alternativa”; muy bacheada que vamos señalizando algunas zanjas y roderas –para andar con vista y reflejos” y los fuertes latigazos que nos arrean las ramas y zarzas que sobresalen al camino. Bien agrupados cabalgamos, de vez en cuando, “también pasamos a la sala de recuperación”; Martín “El Fiero”, una bestia parda, aguanta el tipo con nota –está en su hábitat natural- cuando sale de “la charca” parece que ha estado picando en “una mina”; Raquel McGregor, “nos comenta que va cómoda y bien”, pues no se hable más, “a destajo”; nos presentamos en “un santiamén en la localidad de Calera”. Desde aquí, concretamos “algo de rodillo para estirar el corral” –bajando algo el ritmo-; Sin novedad, las temperaturas otra vez han sido benévolas con la avanzadilla veleña, algo de canal, -ni sabemos si llevamos el aire de cara- “la criminal del Casar” –sin apretar-, la recta poligonera –en versión relajada- que nos lleva hasta Gamonal y en este punto, “una Gineta” para clausurar la jornada y despedirnos hasta la próxima semana.

 Destacar de la ruta, además de las frescas temperaturas, el asilvestrado camino y su entorno hacia la Nava, irregulares y entretenidos pasos (almendros y olivos salteados, olivares plantados en exageradas pendientes) y sobre todo la guinda del pastel, la exigente subida desde la localidad hasta el conocido Torreón –Mogorro-, que nos dejan muy buenas sensaciones y un calentón extra para las piernas, pero un placentero sabor de boca para los sentidos. “Las exigencias crean la habilidad necesaria para cumplirlas y conquistarlas” (sin obsesionarse.) “La estrategia más astuta en las grandes batallas es la que se labra en el yunque de una mente serena y preparada.”

Resumiendo, ruta circular de 105 kms (900 m. D+ aprox.). Los principales caminos transitados han sido; Cuadros de la Vega, C.R.L.O, Camino de la Raya de Chozas, Camino del Horco, Camino de Navalcán-Calera, Vía Verde de la Jara –hasta Aldeanueva-, Camino de la Nava de Ricomalillo (Calle la Estrella), subida al Torreón –Mogorro-Camino de la Nava a la estación de Fuentes, Vía Verde de la Jara-Calera-Canal Bajo del Alberche, Antiguo Camino de Oropesa-El Casar- Torrehierro-Gamonal-Velada.





















SALUD………………..y TIEMPO.

“…mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”