Domingo
(09-08-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros
veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Notables ausencias
en la experimentada escuadra; vacaciones, días moscosos y asuntos varios que
corresponden a “los gallos del corral” en la festiva etapa. Temperaturas
frescas a primeras horas de la mañana, para afrontar otra aventura “obligada”
en el calendario burriclista: La subida a las antenas “pielaguera.”
Comenzamos
la jornada, animados y con ganas ante la complicada empresa de montaña que
tenemos por delante; cabalgamos “reservones” a sabiendas del menú gourmet que
nos aguarda más adelante; escalamos la Gamonosa, de todo un poco vamos hablando
sobre la marcha, atravesamos las villas vecinas, nos adentramos en el
entretenido parque temático de subes y bajas cerreros, mientras nos acompaña
durante algún tramo Hilario “Gravel”, que también se atreve con terrenos menos
favorables para “su jamelga.”
Para
la exigente expedición, me acompañan dos escuderos bien experimentados; Roberto
“El Bueno” y Gabriel “Machaque.” El primero, hace de gregario “por territorio
Viriato” y nos lleva a buen ritmo para no desgastarnos y nos deja a pie de
puerto, en el hormigonado de Marrupe, ya que su objetivo es un Minipiélago.
Salvamos el sombreado y empinando circuito entre jaras, enebros y el tupido
encinar, sumando desnivel y mirando de frente “la elevada muralla” que nos
aguarda impaciente, con sus puertas abiertas de par en par, después de entrar
en la localidad de La Hinojosa.
Desde
este punto, “dos minutos para asimilar y pa´rriba que tenemos para dar y
tomar.” Ya lo conocemos, pero ahora, “señalizado con nombres y media del
desnivel por tramos”, por si había alguna duda; escalamos repasando el manual,
“cada cual cómo pueda”, “sin apretar” para domar los repechones que nos esperan
impasibles en los próximos kms. Subo “más relajado”, sin descuidar la
retaguardia, pero aún así, “esto calienta” –de sobra lo sabemos-; suerte
tenemos, que nos entra aire fresco y los
tramos más duros y desnivelados nos regalan reconfortantes y agradecidas
sombras. Escalo, contemplando el espectacular paisaje que nos rodea, me
entretengo fotografiando lo que me da la gana, haciendo “de cabeza” la media del desnivel total, intentando
recordar los nombres; “las golondrinas”, suena romántico ¡¡ya!!, “los reventones”, vaya nombrecito, para
aquellos que no lo conozcan, dan ganas de darse la vuelta –pienso para mis
adentros-. Ensimismado y haciendo penitencia en el templo serrano, voy soltando
pájaros de colores que llevo en mi cabeza, meciéndome y soñando por las rígidas
cuestas que me retan y ponen a prueba. En el último tramo hormigonado –que no
más cómodo- ya se otea el martirio final –pero tampoco más amable- hasta
coronar el alto, me acompaña una alfombra de helechos y el frondoso bosque
saliendo hasta la acera. Fotografías de rigor, me asomo por la balconada y
vuelvo a echar un vistazo, llamada telefónica, antes de hacer cima en el
destino pactado.
Desde aquí, ya es más “llevadero”, la subida más disimulada y tendida, entre
pinos –casi a oscuras- y el frescor serrano, me llevan “en volandas”; pista
cómoda con vistas a media ladera, cuando los robles se van adueñando del lugar;
entre la profusa arboleda ya se dejan ver “el manojo de hierros”, otro zig-zag
acurrucado a la sombra y la última pendiente antes de coronar. Llegamos en
fila, un vistazo al fondo –con calima- no nos deja ver “el rastro del desastre
natural que dejó el fuego la semana pasada”, por lo que, “nos recuperamos del
susto”, nos damos novedades, una panorámica natural un año más, fotografías de
rigor, cargamos las retinas con las mejores sensaciones que nos brinda el
entorno y decidimos reponer fuerzas “en el bar de abajo.” El fugaz descenso “es
una fantasía”, divagamos y deliramos a partes iguales por el profuso robledal,
disfrutando del aire fresco y limpio que nos inunda, de la tranquilidad que
cuelga de las ramas; un ejército de castaños bien cargados, quitando el protagonismo
al resto de arboleda y un paraíso de pinos nos indica que en breve estamos
entrando en la localidad de Navamorcuende. Lo dicho, pedimos “posada”,
refrescos, tortilla y sándwich mientras comentamos las mejores jugadas, antes
de llenar las mochilas y botijas en el solicitado pilón (Calle Larios.)
¿La
vuelta? Deshacemos “la rápida vía pecuaria”, aligerando la marcha para que no
nos pille desprevenidos el calor de mediodía; nos columpiamos por los conocidos
toboganes sin olvidar la retaguardia. Desde Sotillo, decidimos “por la vía
salvaje y más divertida”, aunque “haya cuestas, también nos da el aire y no
vamos expuestos -comentamos.” Dicho y hecho, nos hacemos con “las tachuelas”
que salen a nuestro encuentro por la aplacada dehesa cerrera, aunque vayamos
guardando “algo”; continuos subes y bajas que por momentos parecen que ya van
pasando factura; más adelante, algunos amagos de calambres, pero no pasa nada,
“otro poco de pomada salvadora” para el amigo Gabriel. “Nos quedan dos subidas”
comenta el osado escudero. Pues, ya no nos damos la vuelta, -contesto entre
risas. “Nos remangamos otro pocos más”, vamos bebiendo y picando sobre la
marcha, atravesamos las villas cerreras y “menos mal que el aire viene bueno”.
Desde Mejorada “ya parece que vemos la luz” y parece que recuperamos fuerzas al
estar más cerca de casa. “La curva de la herradura” la única dificultad
empinada y desde aquí, ya está todo hecho; desfilamos con la cabeza alta, -como
si empezáramos jajajajaja- “saludamos al anfiteatro”, antes de lanzarnos “a tumba abierta”, antes
de entrar en la localidad veleña y finalizar otra épica jornada.
Destacar
de la ruta, como siempre la espectacular subida desde La Hinojosa hasta el
Piélago y después el tramo más “relajado” hasta las antenas. Además, de la
variedad de arboleda que nos encontramos en este “pequeño tramo”; enebros,
pinos, robles y el castañar a punto de lucir sus mejores galas, con los mejores
ingredientes que albergan; silencio, tranquilidad y aire limpio. “La paz tiene
aroma a bosque, sonido a viento y forma de montaña….” “La experiencia nos vuelve
terriblemente selectivos.”
Resumiendo,
ruta circular de 90 kms (1.700 m. D+. aprox.) Los principales caminos
transitados han sido; Camino de los Perales, Velada-Mejorada-Segurilla, Camino
del Hituero, Antiguo Camino de Sotillo, Senda Cervera, Camino del Lomo, Los
Dornajos, Camino de Marrupe-Hinojosa-Navamorcuende-Almendral-Alto de las
Antenas-Puerto del Piélago-Navamorcuende-Camino del Zumbón, C.R.L.O, Camino de
Sotillo-Segurilla-El Hituero-Segurilla-Mejorada-Velada.
Pd:
Gabriel, muchas gracias por tu aportación fotográfica (1).
SALUD……………y
TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”

