Domingo
(2-08-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros
veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Parece, que después
de las altas temperaturas que hemos tenido durante la semana, el termómetro “se compadece” y nos da una
tregua y la mañana amanece más fresca. La ruta, previo acuerdo, una etapa
“marcada en rojo y la primera prueba” en nuestro calendario para esta
temporada; “la circular a Fresnedilla.”
Comenzamos
la jornada, todavía con “muestras” de la fiesta nocturna; entramos en la cañada
y a la altura de la báscula suena “un clack”; “la tija pija” de Martín “El
Fiero”, “ha caído”. Intentamos y buscamos soluciones, bajamos a su casa para
poner la fija de repuesto, “pero tampoco vale”, por lo que, “tiene que abortar
la misión serrana.” Con el amigo Alberto “El Maestro Ceramista”, cabalgamos por
la estirada cañada, de fondo un cielo límpido y cristalino, todavía dándole vueltas a la inflexible avería. Agradecemos,
el frescor mañanero que nos acompaña por el anillo de los huertos y recorre el
plácido pinar, serpenteando los tramos arrieros.
Después
del rápido descenso, retomamos la calmada vía pecuaria, “sin prisa, pero sin
pausa”, ya que la etapa “se promete larga”, bastante conservadores en los
primeros repechos que encontramos antes de llegar a la localidad palomera. En
este punto, una cuadrilla burriclista “nos invita a que les acompañemos en su
recorrido”, pero les contamos nuestro plan y nos dan su bendición, “eso es
demasiado” –no comentan. Desde aquí, nos
adentramos en los discontinuos “subes y bajas” que nos brinda la despistada y
variada ascensión entre chaparras y un surtido de retamas, antes de arribar en
Navamorcuende, donde hacemos una breve parada para rellenar las botijas.
Desde
este punto, “miramos de frente al agraciado paisaje serrano”, encaramados en un
entretenido y fugaz descenso, arropados por un mantón de encinas y jaras, que
“nos orean y nos hacen delirar, sumergidos en anchurosos espacios, que se mecen
entre tanta belleza.” Sin apenas hacer
ruido, atravesamos la famosa población del barro, para adentrarnos en un bosque
cerrado y sombreado, pistas bastante cómodas que nos deslizan por la tupida
arboleda; alguna tachuela también nos encontramos, parapetada en el silencioso
y lúcido encinar; por estos lares, “percibimos un ligero olor a quemado”, fruto
de los incendios de los días pasados y, que se han cebado con las poblaciones
cercanas del valle. Ya en la Iglesuela, buscamos la salida, que nos han de
conducir hasta la siguiente localidad; un circuito bastante entretenido y
divertido a la sombra rodeados del frescor serrano y todos sus ingredientes;
pequeños tramos se subida –que van sumando-, algo de arena suelta en las
curvas, angostas callejas, resguardadas con la tupida arboleda, infinitos
cerramientos berroqueños, mientras “sin apenas darnos cuenta”, estamos
encaramados en una disimulada escalada. Cuando salimos a la ancha y cuidada
pista, somos conscientes que nos acercamos a “la hora del descanso”; buscamos
“posada” para reponer fuerzas y coger agua fresca y tenemos suerte que el único
bar del pueblo –Fresnedilla- ya está abierto. Café, refrescos y tostadas en el
menú, mientras nos comentan “lo desolador y aterrador” del incendio comentado y
el cómo han quedado las inmediaciones de las poblaciones cercanas (La Adrada,
Casavieja, Piedralaves y todo el paisaje de montaña.)
¿La
vuelta? Después del merecido y breve descanso, pues eso, nosotros a lo nuestro,
que tenemos “tajo.” Volvemos a coger la ancha y bien marcada cañada, por el
divertido “tobogán” y sin perder de vista –en gran parte de la mañana- las
antenas “pielagueras”, “¿será una señal?”, buscamos el balizado desvío; desde
aquí, como durante toda la ruta y en comunión con la naturaleza más salvaje, más tramos de escalada, abrimos algunas
porteras para enlazar caminos y sendas estrechas; pasos bien trazados y
divertidos –pero de subida-, algunos metros quebrados y con piedras adornados,
el tramos más empinado, hormigonado y el izado
zig-zag que nos asoma a la carretera. Aquí, tomamos la decisión; no
sabemos cómo estará la vetusta y angosta senda y por si “nos toca desbrozar y
hacer empujabike”, optamos por la alternativa asfaltada. Nos refrescamos por la
cómoda vía, afrontamos dos minipuertos –fuera de ruta- entre el espeso castañar
y fincas sin limpiar; sobre nuestras cabezas, “el avió vigía” sobrevuela dando
vueltas, mientras cruzamos algunas poblaciones de la Sierra de San Vicente,
subidas y bajadas curveadas que nos recuperan y relajan, antes de adentrarnos
en caminos más cercanos.
Sobre
la marcha, con cabeza durante el ensayo, “vamos comiendo y nos refrescamos”
-para evitar sorpresas-; cruzamos el cerramiento rápido de “las siete puertas”
y desde Pepino -¿en fiestas?, buscamos la vía que nos ha de llevar hasta
Talavera. A estas horas, “sol, sudor y polvo” son señales evidentes de la dura
etapa, aunque la fatiga todavía no se presenta, estamos fuera del horario
previsto; algún refrigerio y también nos “bañamos” para afrontar los últimos
kms. A nuestro paso, “con alegría” y la que llevamos encima, parcelas
ganaderas, “la criminal del Casar”, la interminable recta que no nos amedranta,
pero tampoco la hacemos a destajo, nos acerca a la localidad vecina de Gamonal.
Para rematar la faena y cerrar “el exigente corral”, una Gineta para redondear
el desnivel y clausurar otra de las etapas reina.
Destacar
de la jornada; además de las llevaderas temperaturas, el diverso circuito de la
Senda Viriato y Sierra de San Vicente, la variada flora, destacando encinares,
jarales, enebros, pinos y castaños, en ocasiones delimitados por vallados
berrocales, además de las agraciadas vistas que nos brinda el Valle del Tiétar.
Sin desmerecer la etapa y el digno corral que nos hemos “afincado.” “La vida te
lanzará flechas, tú decides sin las conviertes en heridas o lecciones.” “La paz
tiene aroma a bosque, sonido a viento y forma de montaña….”
En definitiva, ruta circular de 125 kms (1.700 m. D+.) Los principales caminos transitados han sido; Cañada Real Leonesa Oriental (C.R.L.O), Camino de los Huertos-Los Pinos-Arriero-Camino del Madroño (Herrería), C.R.L.O –Sotillo- Camino del Zumbón-Navamorcuende-Camino de Sartajada –Senda Viriato- La Iglesuela- Camino de Fresnedilla,C.R.L.O, Camino de Castillo Bayuela (sendas de los molinos), CM 5001 (El Real de San Vicente-Hinojosa-San Román), Camino de Pepino-Talavera –siete puertas-, Cordel Extremeño, Vía de Servicio N-V, Canal Bajo del Alberche-La Portiña-Talavera-Camino del Pino, Camino de la Mesa Alta, Antiguo Camino de Oropesa-El Casar-Gamonal-Velada.
Pd: Alberto, muchas gracias por tu aportación fotográfica (2).
Pd1: las fotografías están en orden inverso a la realización de la ruta.
SALUD…………..y
TIEMPO.
“….mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio….”
