lunes, 2 de noviembre de 2026

Ruta circular: Torralba-Oropesa-Alcañizo-Gamonal.

Lunes –festivo- (2-11-2026), con la burricleta presta y bien dispuesta me presento en el habitual punto de costumbre, aunque algunos caballeros veleños, ya salieron e hicieron los deberes en la jornada dominguera. Unos minutos, para intercambiar y dar novedades a Martín “El Fiero” y Lhesem –que andan atareados y con furgón- y una vez que les comento el itinerario previsto, me dan su “bendición”.    

Comienzo la jornada en solitario, unos minutos para “calentar”, antes de adentrarme en los parajes de la imperturbable dehesa; todavía de “corto”, mañana soleada y tranquila por los limpios y calmados caminos monteses. Todo un lujo, el cabalgar por estos lares, mientras la tranquilidad y el silencio, rezuman por cada poro de la sosegada dehesa; yo, ensimismado, reposando en mi particular torre de Babel, “hilando pensamientos obtusos, sin sentido a ningún puerto, algunos.”  

A mi paso por “El Arenal”, los establos y casa de labranza, avivan recuerdos de mi infancia, de tantas aventuras y travesuras vividas en “mis actividades extraescolares.” Toboganes y columpios de pasos más cómodos, otros, más rotos e irregulares con baches y el aguazo de la umbría, salpicando. Sobre mi cabeza, algunos rapaces haciendo “su ronda”, también se deja ver un batallón de grullas “invadiendo” el tupido encinar y el perfumando dehesón, esparciendo su fragancia a jaras y fresnos frescos y rociando mi expectante presencia.

Con disimulo y de puntillas, voy abandonando la espesa arboleda y atrás dejo “la recién señalizada finca” –todavía, algunos carteles embalados-, mientras me asomo a la infinita y descubierta planicie; “algo” de aire de cara, no me impide, ni interrumpe mi liviano cabalgar, ni el disfrutar de la serena mañana; algunos pueblos, que entraban en el diseño de la ruta, me acogen; callejas perfumadas con hinojos, aunque todavía el intenso mantón otoñal no ha hecho acto de presencia. A la entrada a Oropesa, algún “simulacro del rescate de la princesa” y un café con miel, pero sin prisas, en la concurrida plaza, antes de retomar los caminos.

¿La vuelta?, reemprendo la marcha, ahora con un invitado especial; el aire que viene con ganas, atizando de cara. Aunque “algo” había, “parece” que se ha enfurecido; fuertes zarpazos que ralentizan y hacen aminorar la marcha, “a pecho descubierto”, expuesto en la desnuda llanura. Como pueda, sereno y calmado, sin dejar de cabalgar, -algo, para dar emoción a la placentera jornada-; en Alcañizo, entro y salgo sin llamar, por cierto, no me encuentro persona alguna, mientras busco los conocidos subes y bajas que después de cruzar la vía, me acercan a la anchurosa vía pecuaria.

Desde aquí, con enojado Eolo como compañero, -parece, que ya no me va a dejar- cabalgo por el irregular pero entretenido camino; bien marcado y compactado –por ver el lado más noble-; algunas “tachuelillas” a mi paso, amplia visión por la espaciosa vía, la desolada granja “en medio de la nada”, eso sí, “los mastines guardianes, encerrados” parecen que te van a comer cuando pasas a su lado. Cabalgo sobre “una alfombra de hierba casi-seca”, algo más cerca “la Casa posta y la autovía”, ya se dejan ver, mientras calculo el último tramo. Por encima, cruzo el puente, en la operación retorno, “la carretera, ya va cargada, cada mochuelo a su olivo”. Un tramo más de cañada, antes de buscar “alivio y refugio” en “el túnel de eucaliptos”, que me guían y acercan al pueblo gamón; ahora sí, “un rompeolas” por la puerta trasera –camino- y antes de clausurar la ruta, “con el aire a favor”, voy a llegar a casa.

Destacar de la ruta, las anómalas temperaturas, los paisajes de la tupida dehesa, la variedad de olores (encinas, jaras, frenos e hinojos) que se apoderan y dan vida a los rincones recorridos; la alegre vista de rapaces y el trompeteo de las grullas, que como cada año por estas fechas nos acompañan. No menos destacable, el paseo por la Cañada Real, con su particular encanto, tramos tantas veces recorridos, para unir rutas, en nuestras marchas nocturnas y, por supuesto, testigo en nuestros retos anuales.

En definitiva, ruta circular de 55 kms. Los principales caminos transitados han sido; Cuadros de la Vega, C.R.L.or., Las Dehesillas, Carril de Las Mulas- El Arenal-Camino de La Corchuela, Camino de Torralba-Oropesa-Alcañizo, Camino de Talavera-Calera-C.R.L.or, Camino de Monte Nuevo-Gamonal-Velada.


                                                     

                                                    











SALUD………….y TIEMPO.


“…mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”  

lunes, 26 de octubre de 2026

Ruta circular: Mejorada-Segurilla, Cervera de los Montes, Pepino-Talavera-El Casar-Gamonal (+ extra, subida a la Atalaya)

 Domingo (25-10-2026), con la burricleta presta y bien dispuesta, preparado para afrontar una nueva etapa. Previa llamada, el amigo Roberto “El Bueno” me comenta que ya está en faena – “a las 7.00 -con la hora cambiada- ya estaba en el corte.”; bien pronto, colocando cuestas y abriendo los caminos, el amigo gamonino; quedamos, que sale a mi encuentro por la pista zorrera. Como pude saber después, Martín “El Fiero” también madrugó; “una vuelta rápida, ya que tengo que estar pronto en casa.” Es lo que tiene “el periodo de descanso y relajación para clausurar la temporada” y las circunstancias particulares de cada cual. Con el cambio de hora, como “el ejército de Pancho Villa, desperdigados y cada uno, por un lado…”

Comienzo la jornada, temperatura primaveral, día soleado y claro, invitan a salir de corto; en modo distendido, tres horas son el objetivo -descanso activo-, después de “los atracones veraniegos”; unos meses para “desconectar”, sin dejar de “cabalgar”. Afronto “la muralla de la Gamonosa” y el genuino rincón de “subes y bajas” que me tiene encandilado -tanto de ida y vuelta-. Saboreo con mesura y los sentidos bien despiertos, el agraciado entorno que me reconforta y cautiva, mientras echo a “volar” mis enrevesados pensamientos por la umbría cerrera.

Antes de arribar en la primera villa, me encuentro con “el fiel escudero”, de largo y tapado hasta las cejas; nos damos novedades y, todo lo que “le ha cundido” en las dos horas extras que me lleva de ventaja. Atravesamos las localidades vecinas, mientras buscamos más caminos rurales, siembro fotogramas a mi paso, disfrutando de los parajes serenos y apaciguados ; amenas y variadas conversaciones, “tocando todos los palos” ; sin perder de vista la cristalina Sierra del Piélago, al fondo, con todas las bondades que oculta y aquellas más visibles que se dejan querer. Salvamos “la cómoda tachuela montesa” y el efímero descenso sombreado, nos aterriza en la calmada población de Cervera.

Desde aquí, callejuelas estrechas, impregnadas de olor a leña y otra bajada desnivelada entre el paraje encinado, para hacerla con precaución, ya que, es la hora de la subida y suele estar bastante concurrida; ya en Pepino, optamos por “La Inhumana”, por eso de comprobar si está “más llana”, hasta en versión relajada, desde abajo, impresiona; circunvalamos la localidad, mientras avistamos y saludamos a bastantes “burriclistas” a lo largo del  trayecto veleño, -la mañana se presta salir al monte-. Sobre la marcha, decidimos dónde hacer nuestra parada obligada, para reponer fuerzas y un “ratín de descanso”; en la conocida pastelería, solicitamos posada, algún dulce -sin abusar-, café, para continuar de cháchara.

¿La vuelta? Continuamos con nuestro “despreocupado paseo” por la extensa sala de estar; cabalgamos “al sol” en pleno otoño, ¡nos parece hasta mentira!, por parcelas tantas veces recorridas, que parece “vamos con el piloto automático encendido”; atravesamos la Ciudad de la Cerámica por la puerta trasera “poligonera”, cruzamos  el pequeño barrio “siempre animado”, que nos conduce hacia el pintoresco mapa de parcelas y granjas en estas jornadas para la expansión y distracción, durante los próximos meses. Por estos lares, antes de finalizar, el amigo Roberto -para redondear sus datos-, propone “una escalada a la atalaya gamona”;  pues dicho y hecho, “otra magra” que me encanta y disfruto como un enano, en esta ocasión “en modo pausado”. Algunas fotografías más, para coleccionar momentos, bajada para casa y, antes de clausurar y despedirnos, “La Gineta” tampoco podía faltar.

Destacar de la ruta, el cambio de hora anual, también, nosotros aprovechamos para salir a las 9.00 horas (cada cual cuando quiera/pueda). Las temperaturas poco normales -a la alza- para esta época del año en la que estamos. También, para tener en cuenta, el modo de descanso, en el que vamos a estar inmersos hasta finalizar el año. Aunque este pequeño detalle, no va a restar que dejemos de visitar y realizar nuestras rutas por nuestro entorno más cercano y no tanto, -con permiso del tiempo y otras contingencias-. “La vida es como una obra de teatro; no importa cuánto hayas durado, sino cuán bien se ha representado…”

En definitiva, ruta circular de 57 kms. Los principales caminos transitados han sido; C.R.L.Or, Camino de Velada a Mejorada-Segurilla-Cervera-Pepino-Camino de Talavera-Cordel-Vía de Servicio N-V, Canal Bajo del Alberche-La Portiña-Talavera-Camino del Pino-Camino Mesa Alta-Antiguo camino de Oropesa, El Casar, TorreHierro, Gamonal -subida a la Atalaya-Velada.










SALUD………….y TIEMPO.

“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”

miércoles, 14 de octubre de 2026

Ruta: : Sin armaduras: nada que ocultar.

 Lunes -festivo- (12-10-2026), después de la resaca del reto anual (Velada- Segovia), se nos presentan aguas más mansas y tranquilas; un periodo de descanso activo (menos tiempo, distancias e intensidad) o descanso total, aunque cada cual, se lo puede tomar como más le apetezca, pueda y quiera. Viene bien, un tiempo para relajar, reflexionar, analizar, valorar, despejarnos, vaciarnos, para hacer otras actividades……..para recargar las pilas, volvernos a ilusionar – si alguna vez la perdemos-, o simplemente, no hacer nada  para  coger más fuerzas. Las personas que mejor me conocéis -con mis defectos y virtudes-, sabéis que para mí “el montar en bici”, es muchísimo más que dar pedales y salir sin más; es salir a disfrutar de la naturaleza en cada estación del año, divertirnos, investigar y perdernos por nuevos parajes y, por supuesto, disfrutar del entorno privilegiado y extenso que tenemos a nuestro alrededor. 

Por esto y “algo más”, como algo habitual, en este día, salí a despejarme, bien ataviado con una de la zamarra oficial veleña, para disfrutar de los pequeños detalles que me deparará la ruta; el olor a hierba fresca y tierra mojada por “los llanos”, todavía reposando; las chistosas sonrisas del joven alcornocal al pasar a su lado; no menos apacible, el estrepitoso silencio que se columpia de la dehesa cerrera y el embriagador perfume a madera que desprenden las empapadas encinas; la quietud  y el sosiego que me acompañan en plena ascensión, absorto con las estampas que voy recolectando y coloridos recortes de fotogramas que guardo para mi colección.  

Abro el ventanal de “La Mataburras” para contemplar el decorado de fondo, con Gredos tirándome los trastos, mientras me balanceo por el inquieto tobogán, que  zarandea mi presencia con su agradable aire limpio y fresco.  A través de la vía pecuaria, me ilusiono “con otro viaje a las antenas pielagueras”; aquí, el otoño se dimensiona a la enésima potencia, -colores, olores y emociones que nos desbordan y superan-; por la romántica senda, la profusa arboleda acurrucada en la umbría, una tupida alfombra de hojas secas acompaña el rastro del empedrado arroyuelo y el olor a “jabato” se pasea con descaro a mi alrededor; los campanos de los fornidos astados, me despiertan y me dan la orden y avisan del mini-puerto, mientras “me pierdo en mis enmarañados y dispersos pensamientos….”

Atravesamos localidades que nos reciben con los brazos abiertos, ¡¡¡tantas veces visitadas!!!, que parecen nuestras, sus afables barriadas. Como niños, jugamos a conquistar castillos y atalayas, con nuestras fieles y pacientes burricletas, desafiamos descomunales desniveles, repletos de ganas, ánimos e ilusión, con la única -pero reconfortante recompensa- de recibir las felicitaciones por parte de los compañeros-a,  compartir un plátano, alguna barrita y un trago de agua, muchas risas y plantear propuestas de otras épicas para realizar. Otras veces, llegamos a casa llenos de barro, calados por las lluvias y en verano, hasta arriba de polvo y sudor, “menudos berenjenas se ven” y todavía lo disfrutamos y nos reímos, ¡¡¡así de simple!!!; sin publicidad, protagonismo ni aparenteos. Todavía, después de una larga jornada, muchas horas y kms y dar una buena “paliza al cuerpo”, nos quedan fuerzas para comentar; “disfrutamos, sufriendo”, ahí va.  

No somos máquinas, ni dioses, ni ángeles caídos; tampoco somos estrellas de élite, ni siquiera profesionales, -no comemos ni vivimos de ello- pero, algún día dejaremos de recorrer estos entornos de los que tanto presumimos y tenemos la fortuna de disfrutarlos y no pasará nada, otros vendrán, o no. Habrá relevo generacional, o no. Posiblemente en un futuro no muy lejano, estas rutas, todo el entorno que abarcamos y corrales que tenemos cerrados en nuestras aventuras, se puedan realizar a través de realidad virtual, en 4D, desde el salón de casa. Lo siento, no lo acepto, ni quiero, me quedo con la experiencia vivida y sentida –en todo su esplendor-, en armonía y comunión con la naturaleza y mimetizados en ella. No me imagino un tablero y un mando para "elegir ruta, paisaje, distancia, tiempo, estación, añadir ingredientes, olores, etc" dar un botón e iniciar la etapa sin movernos del sofá. A lo largo de la historia, grandes personajes (ilustres filósofos-as, valientes guerreros, científicos-as de prestigio, sobresalientes matemáticos-as, exitosos ingenieros, grandes médicos-as, admirables maestros-as……y deportistas de renombre) y otros, menos buenos, también personas cercanas, conocidos-as,  y familiares queridos nos han dejado y todavía, ¿piensas que esta “fiesta” no tiene fin? ¿sigues pensando que estarás aquí para siempre? De nada nos sirve el decir, “esto no me pasará a mí….”, como cada etapa, todo tiene un principio y un final.    “El otoño no es una estación, es una sensación, un estado de ánimo que llena el alma. Es olor a canela, clavo y calabaza, una alfombra roja, amarilla….es un crujir de las  hojas secas bajo tus pies.” “Recuerda,  que aunque caigan las hojas, el árbol sigue en pie.” 

En definitiva, ruta circular de 48 kms. Los principales caminos transitados han sido; Camino de Arenas-Cruz de Los Charquillos-Molino, Camino de la Mojeda, El Baldío, Camino de los Huertos, Camino del Bonal-Camino de Velada-Mejorada-Camino de los Huertos-Camino del Madroño (Mataburras-Herrería), C.R.L.Or., Senda del Ruiseñor; Camino de Montesclaros-Vertedero-Segurilla, -La Atalaya-, Camino de Segurilla-Mejorada-Gamonal-Velada.













SALUD………..y TIEMPO.

“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo, ni sitio…”