martes, 11 de agosto de 2026

Ruta: Circular subida Antenas del Piélago (por Hinojosa.)

 

Domingo (09-08-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Notables ausencias en la experimentada escuadra; vacaciones, días moscosos y asuntos varios que corresponden a “los gallos del corral” en la festiva etapa. Temperaturas frescas a primeras horas de la mañana, para afrontar otra aventura “obligada” en el calendario burriclista: La subida a las antenas “pielaguera.”

Comenzamos la jornada, animados y con ganas ante la complicada empresa de montaña que tenemos por delante; cabalgamos “reservones” a sabiendas del menú gourmet que nos aguarda más adelante; escalamos la Gamonosa, de todo un poco vamos hablando sobre la marcha, atravesamos las villas vecinas, nos adentramos en el entretenido parque temático de subes y bajas cerreros, mientras nos acompaña durante algún tramo Hilario “Gravel”, que también se atreve con terrenos menos favorables para “su jamelga.”

Para la exigente expedición, me acompañan dos escuderos bien experimentados; Roberto “El Bueno” y Gabriel “Machaque.” El primero, hace de gregario “por territorio Viriato” y nos lleva a buen ritmo para no desgastarnos y nos deja a pie de puerto, en el hormigonado de Marrupe, ya que su objetivo es un Minipiélago. Salvamos el sombreado y empinando circuito entre jaras, enebros y el tupido encinar, sumando desnivel y mirando de frente “la elevada muralla” que nos aguarda impaciente, con sus puertas abiertas de par en par, después de entrar en la localidad de La Hinojosa.

Desde este punto, “dos minutos para asimilar y pa´rriba que tenemos para dar y tomar.” Ya lo conocemos, pero ahora, “señalizado con nombres y media del desnivel por tramos”, por si había alguna duda; escalamos repasando el manual, “cada cual cómo pueda”, “sin apretar” para domar los repechones que nos esperan impasibles en los próximos kms. Subo “más relajado”, sin descuidar la retaguardia, pero aún así, “esto calienta” –de sobra lo sabemos-; suerte tenemos, que nos entra aire fresco y  los tramos más duros y desnivelados nos regalan reconfortantes y agradecidas sombras. Escalo, contemplando el espectacular paisaje que nos rodea, me entretengo fotografiando lo que me da la gana, haciendo “de cabeza”  la media del desnivel total, intentando recordar los nombres; “las golondrinas”, suena romántico ¡¡ya!!,  “los reventones”, vaya nombrecito, para aquellos que no lo conozcan, dan ganas de darse la vuelta –pienso para mis adentros-. Ensimismado y haciendo penitencia en el templo serrano, voy soltando pájaros de colores que llevo en mi cabeza, meciéndome y soñando por las rígidas cuestas que me retan y ponen a prueba. En el último tramo hormigonado –que no más cómodo- ya se otea el martirio final –pero tampoco más amable- hasta coronar el alto, me acompaña una alfombra de helechos y el frondoso bosque saliendo hasta la acera. Fotografías de rigor, me asomo por la balconada y vuelvo a echar un vistazo, llamada telefónica, antes de hacer cima en el destino pactado.  

Desde aquí, ya es más “llevadero”, la subida más disimulada y tendida, entre pinos –casi a oscuras- y el frescor serrano, me llevan “en volandas”; pista cómoda con vistas a media ladera, cuando los robles se van adueñando del lugar; entre la profusa arboleda ya se dejan ver “el manojo de hierros”, otro zig-zag acurrucado a la sombra y la última pendiente antes de coronar. Llegamos en fila, un vistazo al fondo –con calima- no nos deja ver “el rastro del desastre natural que dejó el fuego la semana pasada”, por lo que, “nos recuperamos del susto”, nos damos novedades, una panorámica natural un año más, fotografías de rigor, cargamos las retinas con las mejores sensaciones que nos brinda el entorno y decidimos reponer fuerzas “en el bar de abajo.” El fugaz descenso “es una fantasía”, divagamos y deliramos a partes iguales por el profuso robledal, disfrutando del aire fresco y limpio que nos inunda, de la tranquilidad que cuelga de las ramas; un ejército de castaños bien cargados, quitando el protagonismo al resto de arboleda y un paraíso de pinos nos indica que en breve estamos entrando en la localidad de Navamorcuende. Lo dicho, pedimos “posada”, refrescos, tortilla y sándwich mientras comentamos las mejores jugadas, antes de llenar las mochilas y botijas en el  solicitado pilón (Calle Larios.)

¿La vuelta? Deshacemos “la rápida vía pecuaria”, aligerando la marcha para que no nos pille desprevenidos el calor de mediodía; nos columpiamos por los conocidos toboganes sin olvidar la retaguardia. Desde Sotillo, decidimos “por la vía salvaje y más divertida”, aunque “haya cuestas, también nos da el aire y no vamos expuestos -comentamos.” Dicho y hecho, nos hacemos con “las tachuelas” que salen a nuestro encuentro por la aplacada dehesa cerrera, aunque vayamos guardando “algo”; continuos subes y bajas que por momentos parecen que ya van pasando factura; más adelante, algunos amagos de calambres, pero no pasa nada, “otro poco de pomada salvadora” para el amigo Gabriel. “Nos quedan dos subidas” comenta el osado escudero. Pues, ya no nos damos la vuelta, -contesto entre risas. “Nos remangamos otro pocos más”, vamos bebiendo y picando sobre la marcha, atravesamos las villas cerreras y “menos mal que el aire viene bueno”. Desde Mejorada “ya parece que vemos la luz” y parece que recuperamos fuerzas al estar más cerca de casa. “La curva de la herradura” la única dificultad empinada y desde aquí, ya está todo hecho; desfilamos con la cabeza alta, -como si empezáramos jajajajaja-  “saludamos  al anfiteatro”,  antes de lanzarnos “a tumba abierta”, antes de entrar en la localidad veleña y finalizar otra épica jornada.    

Destacar de la ruta, como siempre la espectacular subida desde La Hinojosa hasta el Piélago y después el tramo más “relajado” hasta las antenas. Además, de la variedad de arboleda que nos encontramos en este “pequeño tramo”; enebros, pinos, robles y el castañar a punto de lucir sus mejores galas, con los mejores ingredientes que albergan; silencio, tranquilidad y aire limpio. “La paz tiene aroma a bosque, sonido a viento y forma de montaña….” “La experiencia nos vuelve terriblemente selectivos.”

Resumiendo, ruta circular de 90 kms (1.700 m. D+. aprox.) Los principales caminos transitados han sido; Camino de los Perales, Velada-Mejorada-Segurilla, Camino del Hituero, Antiguo Camino de Sotillo, Senda Cervera, Camino del Lomo, Los Dornajos, Camino de Marrupe-Hinojosa-Navamorcuende-Almendral-Alto de las Antenas-Puerto del Piélago-Navamorcuende-Camino del Zumbón, C.R.L.O, Camino de Sotillo-Segurilla-El Hituero-Segurilla-Mejorada-Velada.

Pd: Gabriel, muchas gracias por tu aportación fotográfica (1).

























SALUD……………y TIEMPO.

“…mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”

 

lunes, 3 de agosto de 2026

Ruta circular a Fresnedilla : Sotillo-Navamorcuende-Sartajada-La Iglesuela-Fresnedilla-El Real de San Vicente-Hinojosa-San Román de los Montes-Pepino-Talavera-El Casar-Gamonal.

 

Domingo (2-08-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Parece, que después de las altas temperaturas que hemos tenido durante la semana,  el termómetro “se compadece” y nos da una tregua y la mañana amanece más fresca. La ruta, previo acuerdo, una etapa “marcada en rojo y la primera prueba” en nuestro calendario para esta temporada; “la circular a Fresnedilla.”

Comenzamos la jornada, todavía con “muestras” de la fiesta nocturna; entramos en la cañada y a la altura de la báscula suena “un clack”; “la tija pija” de Martín “El Fiero”, “ha caído”. Intentamos y buscamos soluciones, bajamos a su casa para poner la fija de repuesto, “pero tampoco vale”, por lo que, “tiene que abortar la misión serrana.” Con el amigo Alberto “El Maestro Ceramista”, cabalgamos por la estirada cañada, de fondo un cielo límpido y cristalino, todavía dándole vueltas a la inflexible avería. Agradecemos, el frescor mañanero que nos acompaña por el anillo de los huertos y recorre el plácido pinar, serpenteando los tramos arrieros.

Después del rápido descenso, retomamos la calmada vía pecuaria, “sin prisa, pero sin pausa”, ya que la etapa “se promete larga”, bastante conservadores en los primeros repechos que encontramos antes de llegar a la localidad palomera. En este punto, una cuadrilla burriclista “nos invita a que les acompañemos en su recorrido”, pero les contamos nuestro plan y nos dan su bendición, “eso es demasiado” –no comentan.  Desde aquí, nos adentramos en los discontinuos “subes y bajas” que nos brinda la despistada y variada ascensión entre chaparras y un surtido de retamas, antes de arribar en Navamorcuende, donde hacemos una breve parada para rellenar las botijas.

Desde este punto, “miramos de frente al agraciado paisaje serrano”, encaramados en un entretenido y fugaz descenso, arropados por un mantón de encinas y jaras, que “nos orean y nos hacen delirar, sumergidos en anchurosos espacios, que se mecen entre tanta belleza.”  Sin apenas hacer ruido, atravesamos la famosa población del barro, para adentrarnos en un bosque cerrado y sombreado, pistas bastante cómodas que nos deslizan por la tupida arboleda; alguna tachuela también nos encontramos, parapetada en el silencioso y lúcido encinar; por estos lares, “percibimos un ligero olor a quemado”, fruto de los incendios de los días pasados y, que se han cebado con las poblaciones cercanas del valle. Ya en la Iglesuela, buscamos la salida, que nos han de conducir hasta la siguiente localidad; un circuito bastante entretenido y divertido a la sombra rodeados del frescor serrano y todos sus ingredientes; pequeños tramos se subida –que van sumando-, algo de arena suelta en las curvas, angostas callejas, resguardadas con la tupida arboleda, infinitos cerramientos berroqueños, mientras “sin apenas darnos cuenta”, estamos encaramados en una disimulada escalada. Cuando salimos a la ancha y cuidada pista, somos conscientes que nos acercamos a “la hora del descanso”; buscamos “posada” para reponer fuerzas y coger agua fresca y tenemos suerte que el único bar del pueblo –Fresnedilla- ya está abierto. Café, refrescos y tostadas en el menú, mientras nos comentan “lo desolador y aterrador” del incendio comentado y el cómo han quedado las inmediaciones de las poblaciones cercanas (La Adrada, Casavieja, Piedralaves y todo el paisaje de montaña.)

¿La vuelta? Después del merecido y breve descanso, pues eso, nosotros a lo nuestro, que tenemos “tajo.” Volvemos a coger la ancha y bien marcada cañada, por el divertido “tobogán” y sin perder de vista –en gran parte de la mañana- las antenas “pielagueras”, “¿será una señal?”, buscamos el balizado desvío; desde aquí, como durante toda la ruta y en comunión con la naturaleza más salvaje,  más tramos de escalada, abrimos algunas porteras para enlazar caminos y sendas estrechas; pasos bien trazados y divertidos –pero de subida-, algunos metros quebrados y con piedras adornados, el tramos más empinado, hormigonado y el izado  zig-zag que nos asoma a la carretera. Aquí, tomamos la decisión; no sabemos cómo estará la vetusta y angosta senda y por si “nos toca desbrozar y hacer empujabike”, optamos por la alternativa asfaltada. Nos refrescamos por la cómoda vía, afrontamos dos minipuertos –fuera de ruta- entre el espeso castañar y fincas sin limpiar; sobre nuestras cabezas, “el avió vigía” sobrevuela dando vueltas, mientras cruzamos algunas poblaciones de la Sierra de San Vicente, subidas y bajadas curveadas que nos recuperan y relajan, antes de adentrarnos en caminos más cercanos.

Sobre la marcha, con cabeza durante el ensayo, “vamos comiendo y nos refrescamos” -para evitar sorpresas-; cruzamos el cerramiento rápido de “las siete puertas” y desde Pepino -¿en fiestas?, buscamos la vía que nos ha de llevar hasta Talavera. A estas horas, “sol, sudor y polvo” son señales evidentes de la dura etapa, aunque la fatiga todavía no se presenta, estamos fuera del horario previsto; algún refrigerio y también nos “bañamos” para afrontar los últimos kms. A nuestro paso, “con alegría” y la que llevamos encima, parcelas ganaderas, “la criminal del Casar”, la interminable recta que no nos amedranta, pero tampoco la hacemos a destajo, nos acerca a la localidad vecina de Gamonal. Para rematar la faena y cerrar “el exigente corral”, una Gineta para redondear el desnivel y clausurar otra de las etapas reina.

Destacar de la jornada; además de las llevaderas temperaturas, el diverso circuito de la Senda Viriato y Sierra de San Vicente, la variada flora, destacando encinares, jarales, enebros, pinos y castaños, en ocasiones delimitados por vallados berrocales, además de las agraciadas vistas que nos brinda el Valle del Tiétar. Sin desmerecer la etapa y el digno corral que nos hemos “afincado.” “La vida te lanzará flechas, tú decides sin las conviertes en heridas o lecciones.” “La paz tiene aroma a bosque, sonido a viento y forma de montaña….”

En definitiva, ruta circular de 125 kms (1.700 m. D+.) Los principales caminos transitados han sido; Cañada Real Leonesa Oriental (C.R.L.O), Camino de los Huertos-Los Pinos-Arriero-Camino del Madroño (Herrería), C.R.L.O –Sotillo- Camino del Zumbón-Navamorcuende-Camino de Sartajada –Senda Viriato- La Iglesuela- Camino de Fresnedilla,C.R.L.O, Camino de Castillo Bayuela (sendas de los molinos), CM 5001 (El Real de San Vicente-Hinojosa-San Román), Camino de Pepino-Talavera –siete puertas-, Cordel Extremeño, Vía de Servicio N-V, Canal Bajo del Alberche-La Portiña-Talavera-Camino del Pino, Camino de la Mesa Alta, Antiguo Camino de Oropesa-El Casar-Gamonal-Velada.

Pd: Alberto, muchas gracias por tu aportación fotográfica (2).

Pd1: las fotografías están en orden inverso a la realización de la ruta. 





                                               

                                              

                                             










SALUD…………..y TIEMPO.

“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio….”