Lunes (6-04-2026), con las burricletas
prestas y bien dispuestas, cuatro caballeros veleños nos presentamos en el
habitual punto de encuentro. Día festivo, que aprovechamos para “hacer penitencia”
después del largo y ajetreado fin de semana que hemos tenido. ¿La propuesta?
Diseñada para evitar y minimizar las fuertes rachas de aire que nos amenazan y
así, volver con “las olas a favor” (siempre que no se dé la vuelta), una
“combinada” de cerros y pueblos.
Comenzamos la jornada, agradable se
presenta la mañana, incorporaciones “fijas-discontinuas” de amigos con galones,
que se “van animando” y bajas, que han hecho los deberes en días anteriores.
Nos damos novedades, antes de “redimir nuestros pecados por el muro de la
Gamonosa”; agresivos zarpazos que hacen más duros “sus desniveles”, para
limpiarnos de nuestras culpas. Bien resguardados con las elevadas paredes, surfeamos
el relajado tobogán, parapetados entre la amable arboleda, surcamos el apacible
y místico camino.
Atravesamos las localidades vecinas,
todavía con los rastros “echando humo” de sus tradicionales fiestas; buscamos
parajes más asilvestrados “para desintoxicarnos del bullicio”, buscando
rincones pausados y límpidos. Angostos callejones engalanados con aromáticas
floridas, pasos rotos y más técnicos, extensas y verdosas praderas se abren por
las aceras, cruzamos el caudaloso arroyuelo, siguiendo su colorida moqueta; sin
dificultad, “nos hacemos con sus entretenidos repechos” y, del “Eolo”, hace
tiempo que ni nos acordamos. Por estos lares, con la pista “sembrada y
abonada”, las vistas “del Piélago” de
fondo “se ofrece”, mientras arribamos en el pilón de Marrupe, para hacer una
breve pausa; unos minutos para reponer, recargar las botijas y algo de
cháchara, antes de continuar con la etapa.
¿La vuelta? Nos deleitamos -de bajada-
por “el contemplativo y profuso enebral”, siempre conservando su encanto y la
sensible belleza, rezumando a borbotones en cada suspiro de su alma. Abrimos
“el pasaje de las siete puertas”, ahora “una marcada vereda” lo demás, tramos
levantados y zanjas (por las recientes
obras del cableado) que nos hacen ir con “más cuidado” por el visitado encinar.
El ganado vacuno, ni se inmuta de nuestra presencia, altas siembras a nuestro
paso, antes de entrar en la población pepinera.
Desde aquí, atrás dejamos las estampas
cerreras, caminos limpios y peinados, mientras nos enfrascamos en amenas
conversaciones, nos entretenemos “con la caravana de vuelta, que se está
montando en la autovía” -sin comentarios-. Atravesamos la despejada Ciudad de
la Cerámica, buscando “la vía de emergencia”. Mis compañeros de fatiga, “unos
colosos”; Martín “El Fiero” -hoy el infantil del grupo-, hace algunos amagos de
escapada, pero la cepa “del 72”, siempre da la talla. Los amigos Gabriel,
“Schweeping y Machaque”, se les nota, que en estas semanas han entrenado en
solitario y cabalgan “con soltura” (por cierto, con el aire a favor, sin
penurias, todo un placer). Sin más novedad, con el objetivo cumplido -de
sobra-, hacemos “una Gineta”, antes de clausurar y despedirnos hasta la próxima
semana.
Destacar de la ruta, los paisajes cerreros, los pasos más asilvestrados y entretenidos, hundidos en las profundidades del encinar, el rincón de “Los Enebros” y la agradable mañana que nos ha acompañado. “No se trata del dónde, se trata de con quién.” “La vida nos enseña muchas lecciones, depende de nosotros aprenderlas.”
Resumiendo, ruta circular de 66 kms. Los
principales caminos transitados han sido; Camino de Los
Perales-Mejorada-Segurilla, Camino del Hituero, Antiguo Camino de Sotillo-
Senda Cervera, Camino del Lomo, Los Dornajos, Cuatro Caminos-Marrupe-San
Román-Pepino -Siete puertas-, Camino de Talavera, Cordel, Vía de Servicio N-V,
Canal Bajo del Alberche, Camino de La Portiña-Talavera-Camino del Pino-Mesa
Alta, Antiguo camino de Oropesa-El Casar-Gamonal-Velada.
SALUD…………..y TIEMPO.
“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido
sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”