Domingo
(26-07-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, tres caballeros
veleños junto con la hidalga local, nos presentamos en el habitual punto de
encuentro. Frescas temperaturas nos acompañan en estas primeras horas, además
de olor a quemado y la visibilidad cargada, debido a los incendios de las
comunidades y sierras vecinas. Previo acuerdo, hubo cambio de planes –antes de la alerta-
y marchamos a la conquista del “temido y exigente Mogorro.”
Comenzamos
la jornada, “mirando a sol a la cara” ya que tiene dificultades por asomar; nos
encaramamos en la pausada cañada para “calentar”, mientras comentamos la jugada
del desastre natural que nos rodea. Cabalgamos, siguiendo la rodera marcada sobre
el pasto seco, mientras, atrás dejamos la disimulada cortina de humo, antes de
adentrarnos en las parcelas y amplios terrazgos caleranos; pasos bien compactos
y confortables disimulados entre terrenos tostados y cosechados, nos guían y
nos aterrizan en la vía jareña.
Desde
este punto, un continuo rodar alegre, bien agrupados sin dejar de comentar
asuntos varios para amenizar la agradable mañana; frescos tramos perfumados con
hinojos y asilvestradas higueras que se asoman por las acicaladas cunetas; a nuestro
paso, vamos adornando la famosa vía; colocamos con cuidado túneles de todos los
tamaños, el imponente viaducto también plantamos, dibujamos un riachuelo y su
animada corriente, pintamos unos almendros por aquí, perfilamos unos cerros más
allá, recreamos una estación abandonada
más adelante e inventamos “historias” en la localidad más cercana.
Ya en la población aldeanovana, buscamos su
vistosa iglesia, para orientarnos por la vía más salvaje hacia nuestro destino,
“por la calle de La Estrella, no nos podremos despistar”. Pues dicho y hecho, ya
en el vetusto camino, disfrutamos de su repertorio de estímulos; fincas
ganaderas bien cuidadas, en paralelo al cerro de La Estrella, un callejón de
almendros nos indica el camino correcto; cruces sin dificultad para llegar al irregular
sendero que hace las delicias de los congregados. Raquel McGregor lidera la
expedición por los asilvestrados pasos, hasta que salimos a la pista más ancha
y tranquila; amplias y profusas parcelas sin limpiar, árboles viejos ya caídos
también son testigos de nuestra presencia, otro ejército de almendros y
olivares con pendiente, nos sacan algunas bromas “para la hora del transporte y
la recogida” “este aceite será más caro”, mientras “una orquesta pajaril”
anunciando lo que está por llegar, nos animan con sus rítmicos cánticos.” Poco a poco se va empinando la pista –“parece
una Gamonosa, comentamos.”, que coronamos sin perder las formas y “sin apretar”,
antes de arribar en la Nava por la puerta de atrás.
Desde
este punto, “retumban las trompetas y tambores de guerra”, callejeamos “buscando”
la desnivelada pendiente (24%) de aperitivo, antes de entrar en “el circuito
oficial.” Pues lo dicho, “hoy pillamos a los vecinos desayunando”, mientras el
comando veleño “nos retorcemos como culebras” por la repentina e inclinada cuesta,
antes de salir a la temida y exigente subida. Pues lo dicho, “cada cual cómo
pueda”, ya que el terreno de grava está bastante movido, “toca paciencia, pico
y pala”; buscamos la mejor y “más cómoda trazada”, a media ladera, nos entra un
aire fresco que nos anima; con dificultad, intentamos ponernos de pie –para descansar
los riñones,- serpenteamos sobre la piedra suelta –con cuidado para no
descabalgar-, “perdemos hasta la cabeza para cambiar” (jajaja), mientras vamos
domando la rústica cuesta, vamos coronando en fila,-el tramo más complicado y
crítico- y desde la última curva, “vemos la luza” y ya suaviza el terreno. A
sierra abierta y más confortable, llegamos al alto del torreón, custodiado por
el “Cristo de Corcovado.” Unos minutos para coger aire, hidratarnos, echar un
vistazo al entorno, fotografías de rigor y decidimos reponer fuerzas, abajo en
la localidad.
Descendemos, examinando con atención la pendiente que “nos pone a prueba y nos lleva al límite” –en verdad, da miedo-; surcamos y surfeamos la descolada grava y en la población navera, buscamos “cualquier punto para repostar.” Fruta fresca y dulces para compartir, tomamos algo de líquido, mientras comentamos “los inconvenientes y grandeza de la estricta escalada.”¿La vuelta? Nos adentramos en el ancho y rápido camino de “la estación”, un placentero tobogán que “nos ventila y da alas”, antes de acercarnos al territorio “Vía Verde.” Desde aquí, “con algo de prisa”, plegamos y recogemos el camino cabalgo, mientras saludamos a otros burriclistas solitarios; relevos sobre la marcha, mientras el amigo Alberto “El Maestro Ceramista”, pone un punto más, “así, no hacemos las cinco horas- entre risas comentamos; los paisajes se mueven más deprisa, los túneles tienen luz propia, barremos y limpiamos las aceras, mientras la vía se ha convertido en una “peligrosa alternativa”; muy bacheada que vamos señalizando algunas zanjas y roderas –para andar con vista y reflejos” y los fuertes latigazos que nos arrean las ramas y zarzas que sobresalen al camino. Bien agrupados cabalgamos, de vez en cuando, “también pasamos a la sala de recuperación”; Martín “El Fiero”, una bestia parda, aguanta el tipo con nota –está en su hábitat natural- cuando sale de “la charca” parece que ha estado picando en “una mina”; Raquel McGregor, “nos comenta que va cómoda y bien”, pues no se hable más, “a destajo”; nos presentamos en “un santiamén en la localidad de Calera”. Desde aquí, concretamos “algo de rodillo para estirar el corral” –bajando algo el ritmo-; Sin novedad, las temperaturas otra vez han sido benévolas con la avanzadilla veleña, algo de canal, -ni sabemos si llevamos el aire de cara- “la criminal del Casar” –sin apretar-, la recta poligonera –en versión relajada- que nos lleva hasta Gamonal y en este punto, “una Gineta” para clausurar la jornada y despedirnos hasta la próxima semana.
Destacar de la ruta, además de las frescas temperaturas, el asilvestrado camino y su entorno hacia la Nava, irregulares y entretenidos pasos (almendros y olivos salteados, olivares plantados en exageradas pendientes) y sobre todo la guinda del pastel, la exigente subida desde la localidad hasta el conocido Torreón –Mogorro-, que nos dejan muy buenas sensaciones y un calentón extra para las piernas, pero un placentero sabor de boca para los sentidos. “Las exigencias crean la habilidad necesaria para cumplirlas y conquistarlas” (sin obsesionarse.) “La estrategia más astuta en las grandes batallas es la que se labra en el yunque de una mente serena y preparada.”
Resumiendo,
ruta circular de 105 kms (900 m. D+ aprox.). Los principales caminos transitados
han sido; Cuadros de la Vega, C.R.L.O, Camino de la Raya de Chozas, Camino del
Horco, Camino de Navalcán-Calera, Vía Verde de la Jara –hasta Aldeanueva-, Camino
de la Nava de Ricomalillo (Calle la Estrella), subida al Torreón –Mogorro-Camino
de la Nava a la estación de Fuentes, Vía Verde de la Jara-Calera-Canal Bajo del
Alberche, Antiguo Camino de Oropesa-El Casar- Torrehierro-Gamonal-Velada.
SALUD………………..y
TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”