Domingo
(29-03-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros
veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Vacaciones, vísperas
de días festivos y asuntos varios, dejan mermada a la titular escuadra; “los de
siempre”, esperamos los minutos de rigor -por si algún despistado se ha hecho
el remolón por el cambio de hora- , mientras extendemos el mapa para diseñar la
ruta por el entorno navalqueño.
Comenzamos
la jornada atravesando la villa veleña, temperaturas “algo frescas”, aunque el
sol “con ganas” hace acto de presencia. Cabalgamos por parajes tranquilos y
límpidos, un amplío plantel de encinas a nuestro paso, la conocida y discreta
labranza y desde aquí, la profunda dehesa, con sus preciados monumentos a la
vista; esquivamos profusos charcos “haciendo eses y más entretenida esta
travesía”. El fiel escudero, abriendo paso y dando ejemplo en los tramos más
“complicados”; hondas regueras y charcos empedrados que se pierden entre las
jaras; arroyos bien cargados y “los reculajes desbordados”, nos obligan a tirar de imaginación para salvar
estos escollos que vamos encontrando -aunque entraban en el menú del día-,
antes de arribar en la población de Navalcán.
Desde
este punto, callejeamos hasta llegar al laberinto de caminos; la lustrosa
sierra ondeando al fondo, sobre nuestras cabezas, exhibición de rapaces, mientras
el “enfurecido Eolo” –de menos a más- empieza a atizarnos de cara -lo que será
la tónica habitual en esta etapa-, Nos adentramos en el prolijo y entretenido
camino, camuflado entre inmensos jarales y retamas floridas; continuos subes y
bajas, también nos aparece “el fantasma de la vaca navalqueña”, que nos toma la
delantera, “anda, que cómo se de la vuelta” (comentamos e imaginamos), hasta
que desaparece entre algún vallado. Nos columpiamos por estos lares, “contamos
las cuestas”, unas con grava suelta, otras mejor acondicionadas, mientras
bregamos con las incómodas y fuertes rachas de aire -también fresco-, antes de
“coronar en el balcón de Gredos.” Unos minutos para “el plátano y echar un
trago”, coger aire y decidir la vuelta desde el idílico paisaje.
Reemprendemos
la marcha por el cristalino tobogán serrano y en pleno esfuerzo, recibimos la
llamada del amigo Gabriel “Machaque”, “por si estamos en Mejorada”; cabalgamos
por la peinada cuerda entre muros de copiosas jaras, impresionantes vistas nos
mecen, salidas por todas partes, pero elegimos “el Boquerón” para recorrer el
lienzo multicolor. Afortunados y serenos paisajes a nuestro paso hasta coronar
“Aldea Arango” y desde aquí, la divertida y técnica bajada, entre surcos y
salteadas piedras que engalanan el plácido rincón; correteamos por sus marcadas
avenidas, cruzamos el “Nadinos” y también, recibimos la visita del comprensivo
guarda, “este camino no es de uso público” y nos despedimos hasta la próxima
visita. Por el laberinto de vías y cruces, tomamos “el oficial”, recorremos el
silenciado encinar, sus pasarelas, la generosa laguna y nos enfilamos hacia las
llanuras veleñas.
Desde
este punto, por la larga recta del terrazgo, me despido del escudero amigo;
Roberto “El Bueno” marcha para casa con el objetivo cumplido; “El Relatero”,
todavía quiere “hacer algo más” y se enfila hacia otros parques cerreros;
primero, el fuerte airazo por la expuesta llanura. Al abrigo de las encinas y
angosto rincón, comienzo la ascensión; al tran-tran, contando las curvas y los
repechos solidarios, sumido en el atronador y placentero silencio, escuchando
la pausada y controlada respiración voy restando los tramos empinados. Cuando
salgo del ameno callejón, ¡¡¡premio!!! , el aire se pone de mi parte y a
disfrutar por uno de mis rincones favoritos, con algunas tachuelas entre tramos
soleados y de umbría por la pista de La Gamonosa. A las puertas de afrontar el
último descenso, “¿para llegar a Velada?” Raquel “McGregor”, me da el alto y
desde aquí hasta el punto de partida, en modo más distendido, nos damos
novedades y nos congregamos para próximas salidas.
Destacar de la ruta, los encinares que rodean
el Pantano de Navalcán, los parajes cerreros de la Sierra del Águila de dicha
localidad, el buen estado del carril de la cuerda, rodeado de jaras y los
espectaculares tramos adehesados de Aldea Arango. “Ten paciencia con todas las
cosas, pero sobre todo contigo mismo.” “La verdadera fuerza de una persona se
encuentra en su serenidad.”
Resumiendo, ruta circular de 72 kms (1.000 m. D+.) Los principales caminos transitados han sido; Camino de Arenas-Parrillas-Navalcán, Camino de los Veratos-Camino de Navalcmoral- Cañada Real Leonesa Occidental-Camino de Talavera-Navalcán, Camino de Valcasillo-La Rondera, Carril de Pan y Vino, Camino del Parral, Camino de Arenas, Camino Viejo, Carril de la Cuerda, Camino del Boquerón-Aldea Arango-Velada -Toril- Caminos del Baldío, Camino de los Huertos, Camino del Bonal-Mejorada-Velada.
SALUD……………..y
TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio….”
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