Viernes
(1-05-2026), fin de semana largo y festivo, con la burricleta presta y bien
dispuesta, en esta ocasión, adelantamos la salida –romería veleña del domingo-
me toca “cabalgar en solitario”; otras responsabilidades, la hora y prioridades
académicas, durante este mes, organizan mi agenda. Los demás compañeros, también
tienen buen plan, “El Gordo” es “la oficial grupal.” Por mi parte, opto por la
alternativa de no alejarme demasiado; “sin salir de Segurilla.”
Comienzo
la jornada, “con las ideas claras y el enrevesado track en la cabeza”, apenas
sin salir de casa; circunvalo por caminos locales, avistando la pasividad del
“molino, el establo del “tío Panto” y el socorrido pontezuelo”, monumentos
lúdicos y fieles testigos de aventuras varias en nuestra infancia ya lejana; a
pesar de la hora, el frescor se torna limpio y agradable; la temperatura ideal
para disfrutar en plena naturaleza. Ensimismado y a mi “bola”, atravieso el
tupido y fructífero terrazgo; altas callejuelas de cereales, engalanando la
digna postal y el vasto terreno, bien compactado, reposando en la maraña de
posibilidades.
Después
de “calentar”, me adentro en parajes más diversos, parapetados en la dulce
calma montesina y cuando me dispongo a iniciar la escalada, “como una aparición,
saliendo de “la nada”, aparece el amigo Roberto “El Bueno” que estaba “de
series”, según me comenta. Le cuento “el plan que llevo” y sin dudar, “se
engancha a la bacanal cuestera”, hasta “cumplir su objetivo propuesto, afirma.
Nada, escalamos “como sabemos”, además de la experiencia que llevamos a nuestras
espaldas, conocimiento sobrado del terreno –jugamos en casa-, hablando de
asuntos varios y por supuesto, conociendo al enemigo que tenemos en frente;
cada bache, cada encina que asoma en su correspondiente cruce y curvas, además,
de lo tendida de la primera muralla del día.
Sin
apenas hacer ruido, salimos por la puerta de atrás de la localidad “zorrera”,
para buscar “el sosegado tobogán de enlace,” que nos hace aterrizar en el
remanso de la vía pecuaria. Desde aquí, el bucólico sendero, que nos acerca “a
la pista de despegue” de la siguiente ascensión. “Sin prisas”, aunque el fiel
escudero se “queja” de que me va hacer “perder tiempo”. Estimado amigo, el
tiempo no se pierde, se gana y se disfruta, pienso para mis adentros y a estas
alturas del cuento, después de tantas “batallas y salidas” ya deberías saberlo.
Por lo que, cada cual como pueda, “subimos por inercia” como si no “hiciéramos
nada” -le comento, al laureado compañero, desde la plácida hamaca, sin perder
de vista “las fronteras” que delimitan las próximas fortalezas.
Tachamos
la segunda “magra de la jornada”, mientras pasamos de largo y de “puntillas”
por la población segurillana, para buscar los diseñados minipuertos; sobrevolamos
tramos cerreros de fugaces descensos, continuos subes y bajas, -por eso de
coger aire y relajarnos-, cruzamos el crecido “arroyuelo”, nos remangamos “otra
vez” y que no decaiga “la parranda”; hacemos garabatos por el empinado e
irregular sendero, que nos ha de acercar “a la Gran Muralla”. Si nos sirve de
“consuelo”, ya está arreglada, “parece que está más llana, sin desnivel a
penas, más cómoda y romántica” -esto, me lo he inventado según redactaba.- Pues
igual, disciplina y rigor estoico, con mucho “oficio y sin apenas inmutarnos”,
vamos contando los cuatro tramos
críticos; una vez que hemos pasado el más desnivelado -por encima del 20%- ;
reconfortantes prados peraltados, teñidos con una paleta de tonos verde,
parecen que se “van a caer” pero dan vida a nuestro empinando paseo; amables
sombras nos agasajan y, “los valores del
termómetro todavía sin avanzar”, aunque nuestra presencia encienda luces de
colores. Sin novedad, hacemos otro círculo -casi sin movernos-, buscamos para
hacer el descanso obligado, para reponer fuerzas, hidratarnos y rellenar las
botijas; café, fruta y dulces -sin tostada en esta ocasión- para la distendida
conversación.
¿El camino de vuelta? El amigo Roberto, “con la tarea hecha”, marcha para casa. ¿El Relatero? Todavía ávido de aventura, le queda algo de “tela que cortar”; callejeo entre angostos vallados de piedra; “en esta ocasión, destrepo el Vertedero”, con la admirable belleza brillando al fondo, para adentrarme en la profusa arboleda, antes de “encarar la temida subida.” El primer “repechón” me pone a prueba; un muro de risueñas azucenas, me elevan a un colorido cielo de gominolas de algodón y chocolate de sabores variados, frutos secos de colorines y unicornios de tres cuernos, paseando con sus mejores galas por el parque multitemático , -¿será el mal de altura, que me hace delirar? Cada paso que voy sumando, es una “yincana de emociones que da brillo a este espectacular parque de atracciones”; todavía, “queda pulsera vips” para seguir escalando y una vez que vuelvo a entrar en la localidad “cagarrache”, la cucaña de la “Atalaya” ondea en lo más alto, me vocea al fondo, dicho y hecho; la ilusión de un niño díscolo, me impulsa y me guía a conquistar la fortaleza vigía de la amurallada población. Un vistazo desde la cima, mientras repaso, si me queda algo más “que subir por aquí”. Nada, para casa. Por la puerta grande, atravieso las villas vecinas, para engrandar “el corral y hacerle más circular”; los repechos de “Las Piedras Caballeras” tampoco se “resisten”; desde la humildad, “sin venirme arriba”, esquivando bien las profundas zanjas y los irregulares tramos, me balanceo por el escurridizo tobogán -precaución en la bajada desde Mejorada-, atravieso la localidad de Gamonal y después del “surtido de cuestas en rebajas,” para rematar la faena “un bombón de regalo”, “La escalada de la Gineta”, por eso de “hacer otra más”, antes de finalizar la digna etapa de montaña.
Destacar
de la etapa montesa, las cinco subidas que tenemos sin salir de la localidad de
Segurilla. Con todos sus ingredientes, exigentes desniveles, tramos más
tendidos y variados paisajes para hacer más ameno y entretenido del colosal
circuito. “La vida es como una montaña rusa; tiene bajadas y subidas, pero es
tu elección gritar o disfrutar del paseo.” “La vida no es un camino recto, es
uno lleno de subidas, bajadas y desviaciones.”
Pd:
Roberto, muchas gracias por tu aportación fotográfica (1).
En
definitiva, ruta circular de 64 kms (1.200 m. D+.) Los principales caminos
transitados han sido; Camino de Arenas, Cruz de los “Charquillos”, Camino de la
Mojeda, Caminos del Baldío, Camino de los Huertos, Camino del
Bonal-Velada-Mejorada, Camino del Madroño (Mataburras-Herrería), Cañada
R.L.Or., Senda del Jilguero, Subida del Vertedero (Camino de
Montesclaros-Segurilla), Camino del Hituero, Camino del Riscal, Camino de las
Cochineras, Camino de Buenaventura (El Pontón-La Gran Muralla), Camino del
Vertedero-Subida Valdecolmenares (Los Toros), Segurilla-Subida a la
Atalaya-Segurilla-Mejorada-Gamonal-Velada.
SALUD…………y
TIEMPO.
“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”
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