Martes
(08-09-2026), con la burricleta presta y bien dispuesta, me presento en el
habitual punto de encuentro; previa invitación al grupo para la ruta propuesta,
algunos minutos de rigor por si hubiera alguna incorporación de última hora. Se
presenta el amigo Gabriel “Machaque”, pero se va “a currar a la capital”,
mientras le comento que “estoy de espera, a punto de partir”, aunque Rufo
“Hidroeléctrica” me comentó “que vendría.” En esta ocasión, otra “clásica de estas
fechas”; La Vía Verde de la Jara, desde casa, ida y vuelta.
Comienzo
la jornada, “sin complementos ni adornos”, reconfortantes ráfagas de aire
fresco que agradece el ambiente y entre dos luces, me enfilo hacia la templada
cañada; gazapos, perdices y el animado cántico de “los pajarillos”, me van
abriendo el camino, mientras, de vez en cuando, echo un vistazo para atrás, por
si apareciera “algún rezagado.” Por
terrenos de “enlace”, más abiertos y perfumados, me permito “el lujo” de contemplar
el pausado amanecer, antes de abrir los portones del nuevo día, encaramado en
pistas cómodas y tranquilas.
A
la entrada en la localidad de Calera, ya se dejan ver “los evidentes síntomas”
de las inminentes fiestas a punto de iniciar. Desde aquí, me adentro en “el
conocido circuito jareño” con todas sus bondades y habitual monotonía al
cabalgar; bastantes personas caminando “con la fresca”, a mi paso, “calentando
y apostando por la constancia”, ya que la jornada se presenta larga; la primera
estación, callejuelas de almendros, la impasible granja, algunos cervatillos
despistados y la magnífica vista del río Tajo, asomando entre encinas y jaras,
para dar brillo a la lúcida mañana.
Concentrado
y divagando “por mis furtivos pensamientos” se va estirando la disimulada
pendiente, mientras voy contando túneles de todos los tamaños y abandonadas
estaciones, oteando la diversidad de estímulos que me envuelven y embelesan; llegan
a mis dispersos recuerdos, los copiosos botines conquistados por estos lares
durante esta temporada (El cerro de la Estrella, El Mogorro.) Pasos frescos y
sombreados, esquivando baches y seleccionando la mejor trazada para no alterar
la continua y alegre marcha. Más adelante, aparece la figura de un ciclista,
-el primero del día-, a mi ritmo, poco a poco me voy acercando, “me quiere
ceder el paso y le digo que tranquilo”…y, ¡¡¡sorpresa!!!!, resulta que es el
amigo Rufo; “me has llamado señor”, comentamos entre risas.
Saludos
y alegría compartida, mientras “me da novedades” y cuenta el cómo ha llegado
hasta aquí, me muestra lo desastre que soy con el móvil; con unos minutos de
retraso, “hasta Calera por la carretera a ver si os cogía, con varias llamadas,
sin respuesta…” “Sin rechistar”, acepta ser “mi escudero” con su burricleta
“trucá”, la mañana se va haciendo más amena y llevadera; atravesamos los
oscuros túneles, entramos en el paraje más asilvestrado; avistamos tramos
quemados que parecen se van aclarando, molinos de agua, canteras de pizarra,
caídas considerables a media ladera, y el rastro del “Huso”, serpenteando a
nuestro paso por los profundos barrancos y al fondo, ya se van asomando “los
picachos de Puerto.” Comentamos sobre la tendida subida que llevamos, algunos
zarpazos del Eolo de cara, también nos atizan, “esperamos que no sea
envolvente”, con humor, nos pronunciamos. Lo últimos kilómetros, entre parcelas
“peladas”, el embriagador aire cristalino, presumiendo a nuestro paso y entre
el paisaje adehesado, arribamos en nuestro destino. Unos minutos para reponer
fuerzas, recrearnos con el entorno que nos cobija, comentar la jugada y alguna
fotografía para inmortalizar el momento.
¿La
vuelta? “de menos a más”, parece que vamos a “tener suerte”, bastantes alegres
en “nuestro cabalgar”, señalando los puntos a esquivar; los paisajes pasan con
bastante prisa, túneles y estaciones apenas cuentan, pero con la sensación de
bienestar entre la inmensidad del horizonte y parajes aledaños que nos acogen; sobre
la marcha, nos vamos hidratando y “picando” para no desfallecer en el intento; el
amigo Rufo, todo pundonor, experimentado, curtido en cientos de batallas y
épicas, generoso, también entra en los relevos, para mantener la marcha “de
crucero.” La interminable recta también “va tarde”, en pleno trayecto,
rellenamos mochilas y botijas “sin perder tiempo”; recogemos lo que nos queda
de “vía”, algunas fotografías por los pasos más solicitados, el túnel de cañas,
nos volvemos a “embarrar” por la perenne “charca”; desde Calera, “para
recuperar”, comenta el experto escudero, aunque hacemos la parada “oficial”
para refrescarnos y llegar a casa con agua. Lo dicho, el último tramo, “más
relajados”, distendidos, ya “que vamos adelantados al horario estimado por la
organización”; la temperatura, también “se ha portado”, otro test que guardamos
en los archivos, plegamos y guardamos los recortes de los variados tramos en
nuestras mochilas y sentidos, antes de clausurar la fructífera y placentera jornada.
Resaltar de la ruta, además de la agradable mañana, el ser testigo del ver nacer el nuevo día, destacable el recorrido con toda la variedad que nos brinda el estirado paisaje. La monotonía de “llanear”, no está reñida con lo anterior, ni con la percepción de los receptores. “Es siempre lo sencillo lo que genera lo maravilloso.” “La conquista propia es la más grande de las victorias.”
En
definitiva, ruta lineal -ida y vuelta- de 130 kms. Los principales caminos
transitados han sido; Cuadros de la Vega, C.R.L.O, Carril de la Raya de Chozas,
Camino del Horco, Camino de Navalcán-Calera, Vía Verde de la Jara hasta las
Minas de Santa Quiteria (y vuelta por el mismo itinerario.)
Pd.
Rufo, muchas gracias por tu aportación fotográfica (1).
SALUD…………y TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”