miércoles, 9 de septiembre de 2026

Ruta: Velada-Minas de Santa Quiteria (Vía Verde)

 

Martes (08-09-2026), con la burricleta presta y bien dispuesta, me presento en el habitual punto de encuentro; previa invitación al grupo para la ruta propuesta, algunos minutos de rigor por si hubiera alguna incorporación de última hora. Se presenta el amigo Gabriel “Machaque”, pero se va “a currar a la capital”, mientras le comento que “estoy de espera, a punto de partir”, aunque Rufo “Hidroeléctrica” me comentó “que vendría.”  En esta ocasión, otra “clásica de estas fechas”; La Vía Verde de la Jara, desde casa, ida y vuelta.

Comienzo la jornada, “sin complementos ni adornos”, reconfortantes ráfagas de aire fresco que agradece el ambiente y entre dos luces, me enfilo hacia la templada cañada; gazapos, perdices y el animado cántico de “los pajarillos”, me van abriendo el camino, mientras, de vez en cuando, echo un vistazo para atrás, por si apareciera “algún rezagado.”  Por terrenos de “enlace”, más abiertos y perfumados, me permito “el lujo” de contemplar el pausado amanecer, antes de abrir los portones del nuevo día, encaramado en pistas cómodas y tranquilas.

A la entrada en la localidad de Calera, ya se dejan ver “los evidentes síntomas” de las inminentes fiestas a punto de iniciar. Desde aquí, me adentro en “el conocido circuito jareño” con todas sus bondades y habitual monotonía al cabalgar; bastantes personas caminando “con la fresca”, a mi paso, “calentando y apostando por la constancia”, ya que la jornada se presenta larga; la primera estación, callejuelas de almendros, la impasible granja, algunos cervatillos despistados y la magnífica vista del río Tajo, asomando entre encinas y jaras, para dar brillo a la lúcida mañana.

Concentrado y divagando “por mis furtivos pensamientos” se va estirando la disimulada pendiente, mientras voy contando túneles de todos los tamaños y abandonadas estaciones, oteando la diversidad de estímulos que me envuelven y embelesan; llegan a mis dispersos recuerdos, los copiosos botines conquistados por estos lares durante esta temporada (El cerro de la Estrella, El Mogorro.) Pasos frescos y sombreados, esquivando baches y seleccionando la mejor trazada para no alterar la continua y alegre marcha. Más adelante, aparece la figura de un ciclista, -el primero del día-, a mi ritmo, poco a poco me voy acercando, “me quiere ceder el paso y le digo que tranquilo”…y, ¡¡¡sorpresa!!!!, resulta que es el amigo Rufo; “me has llamado señor”, comentamos entre risas.

Saludos y alegría compartida, mientras “me da novedades” y cuenta el cómo ha llegado hasta aquí, me muestra lo desastre que soy con el móvil; con unos minutos de retraso, “hasta Calera por la carretera a ver si os cogía, con varias llamadas, sin respuesta…” “Sin rechistar”, acepta ser “mi escudero” con su burricleta “trucá”, la mañana se va haciendo más amena y llevadera; atravesamos los oscuros túneles, entramos en el paraje más asilvestrado; avistamos tramos quemados que parecen se van aclarando, molinos de agua, canteras de pizarra, caídas considerables a media ladera, y el rastro del “Huso”, serpenteando a nuestro paso por los profundos barrancos y al fondo, ya se van asomando “los picachos de Puerto.” Comentamos sobre la tendida subida que llevamos, algunos zarpazos del Eolo de cara, también nos atizan, “esperamos que no sea envolvente”, con humor, nos pronunciamos. Lo últimos kilómetros, entre parcelas “peladas”, el embriagador aire cristalino, presumiendo a nuestro paso y entre el paisaje adehesado, arribamos en nuestro destino. Unos minutos para reponer fuerzas, recrearnos con el entorno que nos cobija, comentar la jugada y alguna fotografía para inmortalizar el momento.   

¿La vuelta? “de menos a más”, parece que vamos a “tener suerte”, bastantes alegres en “nuestro cabalgar”, señalando los puntos a esquivar; los paisajes pasan con bastante prisa, túneles y estaciones apenas cuentan, pero con la sensación de bienestar entre la inmensidad del horizonte y parajes aledaños que nos acogen; sobre la marcha, nos vamos hidratando y “picando” para no desfallecer en el intento; el amigo Rufo, todo pundonor, experimentado, curtido en cientos de batallas y épicas, generoso, también entra en los relevos, para mantener la marcha “de crucero.” La interminable recta también “va tarde”, en pleno trayecto, rellenamos mochilas y botijas “sin perder tiempo”; recogemos lo que nos queda de “vía”, algunas fotografías por los pasos más solicitados, el túnel de cañas, nos volvemos a “embarrar” por la perenne “charca”; desde Calera, “para recuperar”, comenta el experto escudero, aunque hacemos la parada “oficial” para refrescarnos y llegar a casa con agua. Lo dicho, el último tramo, “más relajados”, distendidos, ya “que vamos adelantados al horario estimado por la organización”; la temperatura, también “se ha portado”, otro test que guardamos en los archivos, plegamos y guardamos los recortes de los variados tramos en nuestras mochilas y sentidos, antes de clausurar la fructífera y placentera jornada.

Resaltar de la ruta, además de la agradable mañana, el ser testigo del ver nacer el nuevo día, destacable el recorrido con toda la variedad que nos brinda el estirado paisaje. La monotonía de “llanear”, no está reñida con lo anterior, ni con la percepción de los receptores. “Es siempre lo sencillo lo que genera lo maravilloso.” “La conquista propia es la más grande de las victorias.”

En definitiva, ruta lineal -ida y vuelta- de 130 kms. Los principales caminos transitados han sido; Cuadros de la Vega, C.R.L.O, Carril de la Raya de Chozas, Camino del Horco, Camino de Navalcán-Calera, Vía Verde de la Jara hasta las Minas de Santa Quiteria (y vuelta por el mismo itinerario.)

Pd. Rufo, muchas gracias por tu aportación fotográfica (1).















SALUD…………y TIEMPO.


“…mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”