Domingo
(14-06-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, seis caballeros
veleños nos presentamos en el acostumbrado punto de encuentro. Adelantamos las
salidas largas a las 8.00 horas, por eso de que nos cunda más la mañana; las
previsiones, continúan con elevadas temperaturas, sin la entrada oficial del
verano todavía. ¿La ruta?, otra de nuestras clásicas -desde hace años- “a las
Cuevas del Águila”, pero retocando para hacer “una combinada.”
Comenzamos
la jornada, algo “remolones y adormilados” deambulando por las callejuelas de la villa;
caminos que nos llevan a “ los terrazgos amarillos difuminados de los llanos” y
desde aquí, nos adentramos en la profusa dehesa; “algunos ciervos despistados”,
las gallinas de Trujillano, correteando a nuestro paso, bancos de arena que nos
hacen tirar de pericia para no descabalgar, también, cruzamos el arenoso río,
eligiendo la mejor alternativa “sin evitar mojarnos los pinreles.” Nuestros
amigos “los canes”, indicándonos el peinado camino, antes de arribar en la
población de Parrillas, que sin apenas hacer ruido, “atravesamos de puntillas.”
Desde
aquí, “el cartel de inicio de puerto”; nos configuramos en modo escalada, para
afrontar la entretenida e irregular subida; más arena suelta, escombros,
salteadas piedras y tramos agrietados, entre retamas, jaras y el tupido
piornal, nos van elevando por el paraje cerrero. Al tran-tran, sin descuidar la
retaguardia; Roberto “El Bueno”, tranzando de forma eficiente y elegante,
siempre elige la mejor opción; en fila de “a uno” unas veces, otras, ocupando
la ancha pista, hasta que coronamos la izada granja; en este punto, el amigo
gamón, “da por finalizada su actuación.” ¿Los demás? Planeamos por la Sierra
del Águila, disfrutando de sus genuinas vistas, de la transparente cadena
montañosa que se exhibe al fondo; perfumadas jaras, madroños enanos y el particular
y embriagador olor a resina, que rezuma de entre los pinos, nos “deslizan por
el privilegiado tobogán, hacia las profundidades del averno.” Un año más,
cruzamos el crecido río (recordad, siempre, después del 31 de mayo.) Cabalgamos
por los atractivos recovecos del entorno turístico, perdidas sendas entre el
pastizal, hasta que, desde la moqueta
asfaltada, nos asomamos al balcón, que nos acerca cada vez más a los imponentes
paisajes serranos (“ya, va habiendo ganas de pisar estos corrales.”) y nos
suelta en la pedanía de Ramacastañas. En este punto, “parada obligada” para
reponer fuerzas ya que, se torna larga la pactada jornada; Cafés, refrescos y
tortilla “a medio cuajar” -exquisita- en unos minutos de descanso y, antes de
partir, agua fresca para rellenar las botijas.
Desde
este punto, inauguramos “la travesía de la trashumancia” que nos lleva hasta el
puente del Tiétar y, viramos de izquierdas, por caminos más tranquilos,
conversaciones varias, -planificando rutas montañeras con la familia- entre
amplios campos de encinas, que nos llevan hasta la población de Hontanares.
Aquí, “comienza puerto” reza entre sus sombreadas callejuelas; “cada cual cómo
pueda”; se hace llevadero -es cómodo”, a la sombra y fresco, hacen de sus
pendientes “más bondadosas y generosas.” No descuidamos la retaguardia, J.C “El
Lobo”, tiene gana de fiesta, “lleva toda la mañana tirando.”; esperamos y nos
agrupamos, mientras Alberto “El Maestro Ceramista”, da una “masterclass” al
amigo Gabriel “Machaque” de cómo gestionar este tipo de subidas..”y ponte a mi
rueda” -le comenta. “Al final de la V, de Monteclaros hacemos cima” -comentamos
y nos reímos. Atravesamos la localidad montesa por un entorno sobradamente
conocido y afortunado, “un topabajo” entre ficticios parajes, haciendo crujir
el camino y el reconfortante sonido de las hojas secas, nos guían por las asilvestradas
trochas, encajonados en la profusa dehesa, antes de salir a la anchurosa
cañada. (Previamente, una parada técnica de media hora.)
Ya
en la cañada, el amigo Gabriel, acorta
la ruta y marcha para casa; el cuarteto restante, de buen rollo y en armonía -a
pesar de los imprevistos y contingencias- “queremos estirar la etapa, para
cerrar un buen corral” y escalamos “El Vertedero”, cuando “el sol ya comienza a
calentar”; reponemos agua en la localidad “cagarrache”, también refrescamos el
cuerpo y desde aquí, el descenso de la portiña y sus agradables vistas; previo
acuerdo mutuo, buscamos campos más plácidos para llegar a Talavera, el
concurrido carril -pero a estas horas, ni mu-; a pesar de la “que llevamos
encima”, cabalgamos con alegría por este entresijos de pistas y cruces,
afrontamos “la criminal del Casar, la infinita recta” -sin apretar- y Martín
“El Fiero” con fuerza y garra “apretándonos en el llano”, antes de dejar al
“otro gamón en su casa”; ya encaramados “en la Gineta”, no sabemos cómo, “se
agita el avispero” antes de concluir la fructífera jornada.
Destacar de la ruta, además de la kilometrada, los variados y ricos puntos por los que hemos pasado; las dehesas veleñas, la subida de Parrillas, la Sierra del Águila, el cruce del río Tiétar, el puerto de Hontanares, el espectacular e inefable camino de los Caleros y Talavera desde Montesclaros. “La verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.” “Siempre hay un nuevo reto para sentirse motivado.”
Resumiendo,
ruta circular de 94 kms (1.000 m. D+), los principales caminos transitados han
sido: Camino de Arenas-Navalcán-Parrillas-Arenas-Carril de la Cuerda-Cuevas del
Águila-senda de la Tablada- Ramacastañas, C.R.L.Occidental, Camino de
Hontanares-Monteclaros-Camino de Talavera-C.R.L. Oriental, Camino de
Montesclaros -Vertedero- Segurilla-La Portiña-Vía de Servicio N-V, Canal Bajo
del Alberche, Camino de La Portiña-Talavera-Camino del Pino-Mesa Alta-Antiguo
Camino de Oropesa-El Casar-Gamonal-Velada.
SALUD……………y
TIEMPO.
“….mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”
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