lunes, 6 de julio de 2026

Ruta circular: Subidas El Berrocal-La Centenera-Refugio de Las Campanas-La Francisca-El Collado de la Casa-El Nogal del Barranco.

 

Domingo (5-7-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros veleños, previa previsión y comunicación al grupo, plantamos el punto de partida en Arenas de San Pedro; algunos compañeros, libran, otros tantos, se quedan “cuidando el territorio comarcal.” Tras el aviso de “alerta” por altas temperaturas, marchamos hacia tierras vecinas, a probarnos por la sierra y buscando el frescor montañero. ¿La ruta? Etapa típica, una especial de alta montaña.

Comenzamos la jornada, como no podía ser de otra manera por la avenida local, “subiendo” y envueltos en el frescor y aroma serrano; rápido nos adentramos en “la oscura arboleda”, cuando desde el minuto cero, se empieza a elevar y desnivelar el frondoso terreno; la pauta es clara “guardando y reservando, ya que tenemos corte.” A nuestro paso, la subida variada, con buen firme y algunos tramos sueltos, para hacerla más entretenida; según vamos cogiendo altura, ya se van asomando por la impresionante balconada algunas cumbres conocidas, mientras no paramos de comentar asuntos varios, -será la tónica habitual durante toda la mañana- disfrutamos del privilegiado entorno y de la divertida bajada que “nos aterriza” en la pedanía de La Parra.

Desde este punto, la cómoda y tendida subida de “los marianistas”; sin ninguna dificultad, sin prisas, porque sabemos todo lo que nos espera en la jornada montañera; oteamos el luto y  las desagradables estampas que nos dejó el fuego del año pasado; tramos calcinados y ramas apiladas a lo largo de todo el trayecto; “las chicharras” todavía no han cogido ritmo -buena señal, como indicador de la llevadera temperatura que nos acompaña-; escalamos, apenas sin gastar, antes de “coger el próximo ramal” -La Morañega.- Terreno bien arreglado y compactado -demasiado bien ha quedado, comentamos-. Nos recreamos con las agraciadas vistas a media ladera -imposible describir, mejor vivirlo y sentirlo-, destacando el barranco de las cinco villas y el torreón delTorozo en todas sus dimensiones,  mientras nosotros a lo nuestro, escalar, escalar y escalar, mientras giramos e intercambiamos panorámicas. Pilones de agua fresca que vamos contando durante toda la etapa, el discontinúo sube y baja entre sombras; además de huertas y frutales, antes de salir al mítico puerto.

Sobre la marcha, nos hidratamos y picamos algo, “por si acaso”; subimos y vamos charlando, como si estuviéramos en “el salón de casa”; un alegre lugareño, azada en mano nos anima y arenga “¡¡¡¡vamos!!!!, que vais agalbanados” -riendo nos comenta. Nosotros a lo nuestro, mientras con el amigo Alberto “El Maestro Ceramista” vamos repasando el manual básico de gestión y control del “esfuerzo” en este tipo de plazas; rellenamos las botijas del “pilón helado”, antes de afrontar el tramo más exigente de “fin de puerto”. “Sin apenas apretar, bien tranquilos cabalgamos y subimos…” Una vez en la cima, viramos “dirección la Rubía” para continuar con la exigente ascensión; tramos más duros que “nos prueban”, con sus curvas de herradura y sus desnudas vistas suspendidas en el aire, mientras nos mecemos al ritmo de un aire fresco, que nos da “la vida”; con oficio y ganas, afrontamos el último serpenteo, mientras vamos nivelando el camino, ya se va asomando el anhelado refugio. ¿Qué comentar de este punto? Unos minutos para repostar y reponer fuerzas y otros, para disfrutar y paladear sus genuinas e inconmensurables vistas en lo alto de la nada; identificamos conocidas cumbres en todas las direcciones, mientras que el atronador silencio y la palpable belleza que invaden el sublime centro, se impregnan con las alteradas sensaciones más místicas e irracionales.  

Después de tanto delirio y divagaciones, comenzamos con la larga destrepada; nos columpiamos con estilo  por las relajantes alturas, sin perder de vista todo lo que nos rodea y arropa; aprovechamos el acogedor sombrajo, la profusa y variada arboleda para “recuperarnos” en plena bajada, que nos guía hasta la localidad del Arenal; apenas sin pararnos, llenamos las botijas y pasamos de largo, antes de volvernos a “poner el mono de faena.” Lo dicho, “otro parriba”, cuando “las piernas ya están frías”, pero en unos minutos “ya estamos funcionando a pleno rendimiento” -por la cuenta que nos tiene.- A nuestro paso, más huertas, frutales bien cargados, enormes castaños, sonoras chorreras por la cuneta y el tupido pinar, que nos acogen por el reconfortante túnel sombreado; sin apenas darnos cuenta, “hacemos otra cima”, pero ahora con premio, “degustamos unas exquisitas cerezas” -pero sin entretenernos-; continuamos por las inmediaciones de “la conocida charca”, cabalgamos algo distendidos, porque en breve “tenemos más.”  

Por estos lares, “otra vez a subir”; dirección “el collado de la casa”; ascensión corta, pero que también suma, -menos mal que las sombras nos mantienen-, “un bambi” desaparece a nuestro paso, mientras vamos salvando las discontinuas “tachuelas” que salen a nuestro encuentro, “creo que ya está” -comentamos. ¿Ahora? Otra larga bajada, pero en esta ocasión, más rota e irregular, aunque igualmente, la disfrutamos y nos hace que estemos más alerta hasta la localidad de Guisando. Nada más entrar en la población, el cartel “comienza puerto” y otra vez, “las piernas que no tienen prisas por despertar”; “las bajadas largas nos matan” -comentamos entre risas-, mientras el vasto y perfumado pinar nos indicar la dirección; vamos tachando kms con los carteles informativos, surcando sus cerradas curvas, mientras el amigo Alberto, me “va radiando los generosos desniveles que vamos encontrando.” Avistamos el campamento, algo más arriba ya se deja ver algún vehículo -buena señal-, hasta que se “presenta la rotonda del macho cabrío”, lo que nos indica el final del camino, ¡¡¡por fin!!! Unos minutos para refrescarnos en su y congelado pilón, rellenamos -otra vez- nuestras botijas, por eso de cargar con agua más fresca y afrontar los últimos kms de bajada, antes de llegar a nuestro punto de partida. Sin más novedad, el fugaz descenso para recrearnos con la digna y privilegiada estampa que nos cobija, mientras admiramos y comentamos la grandeza e incalculable belleza de este copioso y considerable pinar. Ya en Arenas, nos damos un “refrescón”, guardamos las burricletas y echamos un zumo de cebada fresca, con el amigo Antonio Medina -previa invitación- que nos comenta su andanza desde Talavera e intercambiamos aventuras y anécdotas en buena armonía.  

Destacar de la ruta, además de su etiqueta de “montaña”, todos los parajes recorridos con identidad propia en su variedad de arboleda, prevaleciendo el castaño y extensos pinares, además de los frutales de la zona. Igualmente, impresionante, las vistas desde el conocido “Refugio de las Campanas”, resaltando el frontón de Las Morrillas, los puertos de la Cabrilla y el Arenal y más al fondo las paredes verticales de “La Canal Reseca” y el techo de La Mira. “La mente es un campo de batalla, sé su comandante, no su soldado.”  

Resumiendo, ruta circular de 62 kms (1.800 m. D+.). Los principales caminos transitados han sido; Avenida de la Triste Condesa-El Berrocal-La Parra-Camino de Los Marianistas-Camino de La Morañega-El Confesor-Subida La Centenera-Refugio de Las Campanas-El Arenal-El Hornillo- Camino del Mirador Estelar-La Francisca-Alto Collado de la Casa-Camino del Hoyuelo-Guisando-l Nogal del Barranco-Guisando-Arenas de San Pedro.

Pd: Alberto, muchas gracias por tu aportación fotográfica (3).












                                                      

                                                     

                                                    




                                                     


                                                   


SALUD…………….y TIEMPO.


“…mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario