Domingo
(5-7-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros
veleños, previa previsión y comunicación al grupo, plantamos el punto de
partida en Arenas de San Pedro; algunos compañeros, libran, otros tantos, se
quedan “cuidando el territorio comarcal.” Tras el aviso de “alerta” por altas
temperaturas, marchamos hacia tierras vecinas, a probarnos por la sierra y
buscando el frescor montañero. ¿La ruta? Etapa típica, una especial de alta montaña.
Comenzamos
la jornada, como no podía ser de otra manera por la avenida local, “subiendo” y
envueltos en el frescor y aroma serrano; rápido nos adentramos en “la oscura
arboleda”, cuando desde el minuto cero, se empieza a elevar y desnivelar el
frondoso terreno; la pauta es clara “guardando y reservando, ya que tenemos
corte.” A nuestro paso, la subida variada, con buen firme y algunos tramos
sueltos, para hacerla más entretenida; según vamos cogiendo altura, ya se van
asomando por la impresionante balconada algunas cumbres conocidas, mientras no
paramos de comentar asuntos varios, -será la tónica habitual durante toda la
mañana- disfrutamos del privilegiado entorno y de la divertida bajada que “nos
aterriza” en la pedanía de La Parra.
Desde
este punto, la cómoda y tendida subida de “los marianistas”; sin ninguna
dificultad, sin prisas, porque sabemos todo lo que nos espera en la jornada
montañera; oteamos el luto y las
desagradables estampas que nos dejó el fuego del año pasado; tramos calcinados
y ramas apiladas a lo largo de todo el trayecto; “las chicharras” todavía no
han cogido ritmo -buena señal, como indicador de la llevadera temperatura que
nos acompaña-; escalamos, apenas sin gastar, antes de “coger el próximo ramal”
-La Morañega.- Terreno bien arreglado y compactado -demasiado bien ha quedado,
comentamos-. Nos recreamos con las agraciadas vistas a media ladera -imposible
describir, mejor vivirlo y sentirlo-, destacando el barranco de las cinco
villas y el torreón delTorozo en todas sus dimensiones, mientras nosotros a lo nuestro, escalar,
escalar y escalar, mientras giramos e intercambiamos panorámicas. Pilones de
agua fresca que vamos contando durante toda la etapa, el discontinúo sube y baja
entre sombras; además de huertas y frutales, antes de salir al mítico puerto.
Sobre
la marcha, nos hidratamos y picamos algo, “por si acaso”; subimos y vamos
charlando, como si estuviéramos en “el salón de casa”; un alegre lugareño,
azada en mano nos anima y arenga “¡¡¡¡vamos!!!!, que vais agalbanados” -riendo
nos comenta. Nosotros a lo nuestro, mientras con el amigo Alberto “El Maestro
Ceramista” vamos repasando el manual básico de gestión y control del “esfuerzo”
en este tipo de plazas; rellenamos las botijas del “pilón helado”, antes de
afrontar el tramo más exigente de “fin de puerto”. “Sin apenas apretar, bien
tranquilos cabalgamos y subimos…” Una vez en la cima, viramos “dirección la
Rubía” para continuar con la exigente ascensión; tramos más duros que “nos
prueban”, con sus curvas de herradura y sus desnudas vistas suspendidas en el
aire, mientras nos mecemos al ritmo de un aire fresco, que nos da “la vida”;
con oficio y ganas, afrontamos el último serpenteo, mientras vamos nivelando el
camino, ya se va asomando el anhelado refugio. ¿Qué comentar de este punto? Unos
minutos para repostar y reponer fuerzas y otros, para disfrutar y paladear sus
genuinas e inconmensurables vistas en lo alto de la nada; identificamos
conocidas cumbres en todas las direcciones, mientras que el atronador silencio
y la palpable belleza que invaden el sublime centro, se impregnan con las
alteradas sensaciones más místicas e irracionales.
Después
de tanto delirio y divagaciones, comenzamos con la larga destrepada; nos
columpiamos con estilo por las
relajantes alturas, sin perder de vista todo lo que nos rodea y arropa;
aprovechamos el acogedor sombrajo, la profusa y variada arboleda para “recuperarnos”
en plena bajada, que nos guía hasta la localidad del Arenal; apenas sin
pararnos, llenamos las botijas y pasamos de largo, antes de volvernos a “poner
el mono de faena.” Lo dicho, “otro parriba”, cuando “las piernas ya están
frías”, pero en unos minutos “ya estamos funcionando a pleno rendimiento” -por
la cuenta que nos tiene.- A nuestro paso, más huertas, frutales bien cargados, enormes
castaños, sonoras chorreras por la cuneta y el tupido pinar, que nos acogen por
el reconfortante túnel sombreado; sin apenas darnos cuenta, “hacemos otra
cima”, pero ahora con premio, “degustamos unas exquisitas cerezas” -pero sin
entretenernos-; continuamos por las inmediaciones de “la conocida charca”,
cabalgamos algo distendidos, porque en breve “tenemos más.”
Por
estos lares, “otra vez a subir”; dirección “el collado de la casa”; ascensión
corta, pero que también suma, -menos mal que las sombras nos mantienen-, “un
bambi” desaparece a nuestro paso, mientras vamos salvando las discontinuas
“tachuelas” que salen a nuestro encuentro, “creo que ya está” -comentamos.
¿Ahora? Otra larga bajada, pero en esta ocasión, más rota e irregular, aunque
igualmente, la disfrutamos y nos hace que estemos más alerta hasta la localidad
de Guisando. Nada más entrar en la población, el cartel “comienza puerto” y
otra vez, “las piernas que no tienen prisas por despertar”; “las bajadas largas
nos matan” -comentamos entre risas-, mientras el vasto y perfumado pinar nos
indicar la dirección; vamos tachando kms con los carteles informativos, surcando
sus cerradas curvas, mientras el amigo Alberto, me “va radiando los generosos
desniveles que vamos encontrando.” Avistamos el campamento, algo más arriba ya
se deja ver algún vehículo -buena señal-, hasta que se “presenta la rotonda del
macho cabrío”, lo que nos indica el final del camino, ¡¡¡por fin!!! Unos
minutos para refrescarnos en su y congelado pilón, rellenamos -otra vez-
nuestras botijas, por eso de cargar con agua más fresca y afrontar los últimos
kms de bajada, antes de llegar a nuestro punto de partida. Sin más novedad, el
fugaz descenso para recrearnos con la digna y privilegiada estampa que nos
cobija, mientras admiramos y comentamos la grandeza e incalculable belleza de
este copioso y considerable pinar. Ya en Arenas, nos damos un “refrescón”,
guardamos las burricletas y echamos un zumo de cebada fresca, con el amigo Antonio
Medina -previa invitación- que nos comenta su andanza desde Talavera e
intercambiamos aventuras y anécdotas en buena armonía.
Destacar
de la ruta, además de su etiqueta de “montaña”, todos los parajes recorridos
con identidad propia en su variedad de arboleda, prevaleciendo el castaño y
extensos pinares, además de los frutales de la zona. Igualmente, impresionante,
las vistas desde el conocido “Refugio de las Campanas”, resaltando el frontón
de Las Morrillas, los puertos de la Cabrilla y el Arenal y más al fondo las
paredes verticales de “La Canal Reseca” y el techo de La Mira. “La mente es un
campo de batalla, sé su comandante, no su soldado.”
Resumiendo, ruta circular de 62 kms
(1.800 m. D+.). Los principales caminos transitados han sido; Avenida de la
Triste Condesa-El Berrocal-La Parra-Camino de Los Marianistas-Camino de La
Morañega-El Confesor-Subida La Centenera-Refugio de Las Campanas-El Arenal-El
Hornillo- Camino del Mirador Estelar-La Francisca-Alto Collado de la
Casa-Camino del Hoyuelo-Guisando-l Nogal del Barranco-Guisando-Arenas de San
Pedro.
Pd: Alberto, muchas gracias por tu
aportación fotográfica (3).
SALUD…………….y
TIEMPO.
“…mil caminos por andar y mucho tiempo
perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”

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