Sábado (3-10-2026), con las
burricletas prestas y bien dispuestas, -después de la noche en vela-, seis
caballeros veleños nos sumamos para afrontar nuestro reto anual. Llamadas y
mensajes previos, de compañeros-as y amigos-as, de ánimos, con las mejores
intenciones antes de hacer frente a la brutal contienda; estudiada y
contrastada la meteorología hasta última hora, “lluvia vamos a tener.” A las dos de la mañana, con una sonrisa y
nuestras mejores galas, nos presentamos en el habitual punto de costumbre;
“aquí”, mientras esperamos a los demás compañeros, ya comienza a llover y nos
deja un recado con un buen “champlazo”, antes de partir. Nos reunimos en la
nave de Martín “El Fiero”; comité de crisis, para tomar decisiones y esperar a
que “escampe.” El veredicto es contundente, aunque tenemos claro “que nos va
llover durante el camino” (los modelos del tiempo lo pronosticaban con claridad),
aún así, decidimos no abortar nuestra operación. Aunque parezca una temeridad,
que no imprudencia, tenemos dos posibles puntos de “recogida.”
Antes de iniciar nuestra aventura, algo de historia sobre el pactado destino: En la Prehistoria : Los primeros habitantes de la zona fueron neandertales, hace unos 50.000-42.000 años, en lugares como el Abrigo del Molino y San Lázaro. Posteriormente hubo poblaciones durante el Paleolítico, el Calcolítico y la Edad del Bronce. Durante la época celtíbera y romana, donde hoy está el Alcázar existió un castro celtíbero y en el siglo II a.C, Segovia fue atacada por Viriato por su alianza con Roma. Durante el periodo visigodo y musulmán, Segovia fue sede episcopal durante el periodo visigodo. Ya en la Edad Media, en el S.X, esta población es incorporada al condado de Castilla, sin embargo, las incursiones musulmanas dificultaron su repoblación. Durante los siglos XII-XV, creció gracias al comercio de la lana y la industria textil, destacando también por su arquitectura gótica y se convirtió en residencia de los reyes de Castilla. Segovia participó en la Revuelta de las Comunidades en el S. XVI, aunque alcanzó una población de 27.000 habitantes en 1594, la peste de 1599 causó miles de muertes y comenzó un periodo de decadencia. Descendiendo la población hasta 8.000 habitantes (Siglos XVII-XVIII). Durante la Guerra de la Independencia, Segovia estuvo ocupada por las tropas francesas entre 1808-1813. En la Guerra Civil (1936) la guarnición militar de Segovia se sublevó contra la Segunda República. Ya en la segunda mitad del siglo XX, la ciudad experimentó una recuperación demográfica, favorecida especialmente por su cercanía a Madrid. https://es.wikipedia.org/
Con una hora de retraso sobre
el horario previsto, a las 3.00 h. a.m con ánimo sobrado e ilusionados,
comenzamos la ambiciosa hazaña, eso sí, ya sin lluvia; “siempre que llueve
escampa.” Bajo el tranquilo manto de la dama de la oscuridad, cabalgamos,
buscando la estirada cañada, sumida en la más profunda nocturnidad. Agradables
temperaturas nos acompañan (17º-19º), amenas conversaciones, bromas fáciles por
los apelmazados arenales del “Baldío” y delirios de madrugada, para amenizar
tantas horas que tenemos previstas pasar sobre nuestras burricletas. Con “las
prisas por salir”, se nos olvidó la foto oficial de partida –en esta ocasión,
en la vía pecuaria- (se nos ve tristes, preocupados y temerosos, jajajajaja.) Sobre
la marcha, el camino perfumando, reparadores y embriagadores aromas, mezclados
con el entorno húmedo de las lluvias caídas; la noche y el ambiente nos invita
a despojarnos de los chubasqueros antes de entrar en Sotillo; a lo lejos –Valle
del Tiétar- avistamos los intermitentes flashes de los relámpagos que van
iluminando nuestra dirección. Poco a poco, vamos acumulando desnivel por los
tenebrosos toboganes que despertamos con la pasión de nuestras antorchas.
Durante la cerrada noche, “todos los gatos son pardos”; el Dragón-Kan se
presenta más dócil, por el cordel de Almendral que nos amenazaba con un
monumental aguacero, “se amilana con nuestra confiada presencia y nada”; el
irregular y empinado tramo hasta Fresnedilla, se nos hace “hasta más corto” y
aunque pica para arriba, parece que “llaneamos”, antes de arribar en dicha
localidad, donde se respira y testificamos el ambiente festivo, continuamos
“tachando” poblaciones. Sin sobresaltos, disfrutamos de la serena y apacible
nocturnidad; cabalgando bien agrupados, sembrando luz, confianza y seguridad
por las pistas y caminos que vamos transitando; algún tramo asfaltado, antes de
entrar en el punto pactado en nuestra logística. Aquí, -San Martín
Valdeiglesias- nos aguarda el amigo Gabriel “Machaque”, para realizar la
segunda parte de la monumental ruta. Nos cambiamos, ropa limpia y seca,
soltamos y cogemos otros achiperres, reponemos agua y algunos sólidos, antes de
buscar una cafetería, para desayunar; cafés y dulces antes de reiniciar nuestro
rumbo.
Desde este punto, nos
adentramos en cómodos y anchurosos caminos, avistando rastros del feroz y
desastroso incendio acontecido durante este verano, que nos deja un paisaje
triste y desolado. Callejuelas arboladas y pinos salteados nos conducen a la
primera cota seria de la jornada. Con oficio, nos configuramos en “modo
escalada” con pautas y las ideas claras; “sin apretar y no gastar….” , también
vamos bebiendo y picando algo, según indica el primer precepto. Pues eso,
disfrutamos de la tendida subida, bien asentada, nos permite otear el
privilegiado entorno, guardando cautivadoras sensaciones y alimentando los
sentidos con las agraciadas postales que nos envuelven. Sin perder de vista la
retaguardia, esperamos y nos agrupamos cuando es necesario en el afable
escenario, mientras nos columpiamos por los confortables subes y bajas que
tenemos después de coronar; rodeados de “la educada vacada” –todas en la acera,
bien orilladas- nos hacen el pasillo, para que nos podamos deleitar en este
afortunado paraíso multitemático. A su salida, enlazamos un tramo asfaltado y,
sobre nuestras cabezas y muy cercanas, una colonia de buitres surcando el cielo
y otros, aterrizando “posiblemente haya algún bicho muerto.” –comentamos. En la
siguiente población –Robledo- unos minutos para hidratarnos, rellenar las
botijas y coger algún refresco azucarado, antes de afrontar la perfumada y
desnivelada tachuela; terreno firme y una divertida y angosta vereda, nos
enlazan con el espectacular campo a través de bajada, entre retamas y buscando
la marcada trazada.
Sobre la marcha, algún amago “sin importancia”; ya en la
balizada vía, nos postramos sobre el variado terreno; vías bien compactadas y
secas, disimuladas subidas que no ofrecen resistencia, tramos chamuscados, un
frondoso bosque antes de arribar y llegar a la concurrida zona recreativa. Por
el lujoso parque, un ejército variado de árboles nos hace “el pasillo”, antes
de “aterrizar” en el punto pactado, para encontrarnos con “la caravana
familiar” que nos aguardan y nos reciben con los primeros aplausos y vocerío
del día. Damos novedades, “de la suerte que estamos teniendo –con la lluvia-“,
pero que “hasta el rabo todo es toro y nunca es tarde” –comentamos optimistas
entre risas. “Nos volvemos a quitar y poner, dejamos aquello que consideramos
no vamos a necesitar. Después de este “ritual”, aprovechamos para hidratarnos y
reponer fuerzas; fruta, dulces, refrescos, tortilla y lomo, mientras comentamos
la jugada y el camino que tenemos por delante y nos queda. Nos despedimos de
nuestra comitiva y cada cual, por su camino, hasta volvernos a encontrar en el
destino propuesto.
Reemprendemos la marcha “con la andorga llena”, en esta
ocasión la orografía del terreno y paisajes cambia constantemente; pistas y
sendas rápidas entre dehesas y fresnos, haciendo acto de presencia algunos
charcos, “fácil de esquivar”, más encinas plantadas tras los empedrados
vallados, algún tramo de cañada y ceñidos senderos con escaleras de piedras
sueltas, “para jugar”. Algunas urbanizaciones a nuestro paso y enfrente, la
sierra madrileña, oculta tras un “oscuro borrón” (¿niebla o agua?). En pocos
metros, antes de afrontar la última escalada, algo más que chispear y, “en el
falso llano nos ponemos los chubasqueros”; “agua a cubos”, un fuerte aguacero
“sin tregua”, aunque no claudicamos continuamos cabalgando, -qué remedio, no
hay resguardo, ni cobijo-, directos al amenazante nubarrón. Lo bueno, -por
consolarnos- va de más a menos, aunque seguimos cogiendo altura, ahora sí,
entre el tupido pinar; sendas para enlazar con pistas más anchas; extremamos la
precaución, raíces y piedras mojadas nos pueden hacer patinar y el terreno más
rodado de los senderos, ya se han embarrado. Después de salvar dos sendas
estrechas, con mayor dificultad, nos asomamos y tomamos vías más anchas y
cómodas bien drenadas, aunque ya hace rato dejó de llover; a pesar de todo, el
ánimo no decae en la combatiente cuadrilla; cabalgamos escalando, por
espectaculares parajes inundados de pinos, impresionantes vistas, algunas
bromas y risas; “a mí, que me bajen y me encamen en el hospital de abajo”, “nos lo merecemos, a pesar de las previsiones,
todavía no nos habíamos mojado”, “no es lo mismo ver cuatro fotografías o que
te lo cuenten, que vivirlo.”, “si muero, decir que estaba haciendo lo que más
me gusta….” “Menos mal que nos ha llovido, si no, no nos hubiera nada
interesante…..” Mientras no paramos de reír, nos recreamos, sabiendo que
estamos a un paso de hacer la cima final para conquistar el apoteósico edén. A
estas alturas –casi 1.800 m- nos encontramos a otros osados aventureros e
intercambiamos experiencias; “¿en cuántos días vais a realizar esta ruta?” –nos
preguntan- “En una jornada, hoy; hemos salido de madrugada”, -sonreímos,
mientras perplejos y asombrados escanean nuestras burricletas, “¿por si están
trucadas?” Desde aquí, las fotografías de rigor en los hitos más importantes de
la Sierra del parque natural de Guadarrama, antes de enfrentarnos a la larga
bajada. Con precaución, además de las parcelas empapadas, el ambiente más
fresco, bajada de temperatura, la sensación térmica también es menor…….antes de
salir “a la luz”, ver por primera vez el sol y al fondo, divisar el objetivo
propuesto. Alberto “El Maestro Ceramista”, ya está echando cabeza, es todo
pundonor, colosal; Martín “El Fiero”, sobresaliente, un gladiador con galones;
Francis “Sevilla”, excelente, con fuerza, titánico; Pedro “Hierros”, excelso,
con experiencia sobrada se sobrepone ante cualquier dificultad; Gabriel
“Machaque”, ilustre e inmenso, duque de la montaña. Victoriosos y crecidos, llegamos
a las puertas de la ciudad elegida, recorremos sus calles, hasta llegar al
imponente y grandioso monumento; aquí nos aguarda nuestro fiel séquito; entre
el estruendo de los aplausos, vocerío y felicitaciones nos reciben entre la
multitud de transeuntes, que miran entre sorprendidos e intriga a la procesión
veleña; felicitación entre los caballeros integrantes, novedades a nuestras
familias…..y fotografías de rigor, mientras disfrutamos de estos preciosos
minutos, antes de buscar la merecida ducha caliente. Desde ahora, ya tenemos
para cenar, descansar, disfrutar de la ciudad, realizar visitas culturales y
comidas en familia, para clausurar el reto anual. “Hay luchas que no se ganan.
Te cambian.”
Pd. Mención especial y agradecimientos a nuestra especial
comitiva de familiares, por acompañarnos, apoyarnos y animarnos en nuestras
aventuras. En esta ocasión, como posibles coches de apoyo.
Pd1. Francis, Raquel, muchas gracias por las reservas de
cenas y comidas. Mª Sol, muchas gracias por las posibles alternativas de
alojamiento propuestas.
Pd2. Francis, muchas gracias por el diseño del itinerario.
Fantástica los recovecos de la Sierra de Guadarrama y la última bajada
asilvestrada.
Pd3. Alberto, Martín, Francis, muchas gracias por vuestra
aportación fotográfica (14).
Pd4. Muchas gracias a todas las personas que de una forma u
otra habéis estado pendientes de nosotros, con vuestras llamadas y mensajes de
ánimos, antes, durante y después de la ruta.
En definitiva, ruta lineal de 185 kms (3.200 m. D+). Los
principales caminos transitados han sido; C.R.L.Or. (Sotillo de las Palomas,
Navamorcuende, Almendral de la Cañada, Fresnedilla.) Higuera de las
Dueñas-Sotillo de la Adrada, La Adrada, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de
la Presa, Robledo de Chavela, Zarzalejo, San Lorenzo de Escorial, La Estación,
Alpedrete, Los Molinos, Puerto de la Fuenfría (Collado Ventoso-Mirador de la
Reina)-Segovia.
SALUD………….y TIEMPO.
“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a
dónde, no tengo tiempo ni sitio…”






