lunes, 12 de junio de 2017

Ruta a Buenaventura

Domingo, once de junio y  como bien  anunciaban  las previsiones meteorológicas, estamos en alerta por altas temperaturas, por lo que,  adelantamos la hora de salida para la etapa que nos llevará a  Buenaventura. Diez caballeros veleños,  para tan encomiable  evento  somos los elegidos,  entre los  locales, nuestros amigos gamoninos  y un trío talaverano, liderados por Diego “Sin Miedo”,  saldrán a nuestro encuentro más allá del “cordelillo”. En esta ocasión, nos acompaña y  toma la alternativa  Alex “El Infante” que pese a su juventud (12 años) no le falta descaro y  coraje.

Iniciamos la jornada enfilados hacia la gran cañada, cabalgando por la anchurosa llanura, no faltan las típicas  conversaciones y animadas proposiciones;  hacemos un quiebro a los temerosos arenales y viramos  hacia “Los Huertos para atrochar”, dejando atrás,  establos, hangares  y una colección de árboles frutales,  antes de  escalar la subida  alternativa de  las colmenas, que se oculta entre retamas, chaparras y vistosos tomillares.  En fila de a uno,  vamos coronando, pero esperamos y nos agrupamos; desde aquí, nos lanzamos “por la herrería” para retomar la ensanchada vía; pedaleamos por el estirado camino en modo continuo “pero sin machacarnos” demasiado; más adelante, se suman el trío esperado y sin mucha novedad, los kilómetros vamos sumando y el calor “amenaza con achicharrarnos”. También nos libramos de la primera subida seria,  a “su tran-tran” cada cual sube como puede, aunque el grupo ya se empieza a estirar y algunos compañeros,  liderando por la retaguardia; otros burriclistas vienen  de bajada  “que bien van pa´llá” y un todoterreno  que también se percata, reduce la marcha;  volvemos a esperar y nos agrupamos y en la villa de Sotillo, unos cuantos compañeros, “abortan la operación” por motivos varios. Los demás, en  este punto pactamos una  consigna solidaria y  clara, “sin apretar” Ilde “El Suegro” nos vuelve a recordar; por mi parte, “no estaba muy convencido  del reto ” pero Martín “El Fiero” me arenga “¿quién dijo miedo? “Nos escabullimos por el continuo sube y baja que nos lleva hacia Navamorcuende y algún repecho que nos pone a prueba, parece que también nos calienta; Antonio “Medina” sigue en forma y lidera el grupo desde la primera línea “por aquí y por allá” esto es un no parar;  echamos un vistazo para atrás y también reducimos “cuando hace falta”, porque todavía queda mucha tela que cortar. En esta ocasión, no entramos en el pueblo y en “modo rápido” picamos un tentempié” y de paso,  bien nos hidratamos.












































Reemprendemos la marcha, con las espectaculares vistas de Gredos al fondo y si miramos para atrás “las antenas, parecen que nos quieren llamar”; por la fugaz bajada hormigonada, nos adentramos en el sendero asilvestrado, por el nítido silencio custodiado y de reconfortantes jaras perfumado; tramos agrietados, otros más complicados,  algún barranco también encontramos y una liebre que salta y  al “morral” la echamos. Por la enmarañada vereda, recorremos encinares reposados, con amarillas capas arropados, a la vez que el astro rey “bolas de fuego” nos va lanzando; mientras,  la profecía de las altas previsiones vamos recordando. Gabriel “Lamparillas” repica su grito de guerra “TULE, TULE, TULE, AAAAINNNNS”  a la vacada que de los improvisados bebederos no se apartan; cruzamos pasos por las  altas hierbas cegados “y el aviso falso y alerta de las garrapatas” también nos acompaña y por la balizada vía,  llegamos a  la puerta de atrás. Entre lujosos  vallados de piedra  y la espesa arboleda, arribamos en la señalada  villa montesa; tanto aquí,  como en Montesclaros, reponemos las botijas de agua fresca, nos refrescamos y entre todos nos bañamos, pasando momentos agradables, de risas, generando buen rollo y armonía entre los caballeros congregados. Afrontamos más tramos empinados, surcamos territorios recientemente cosechados, largos callejones encinados y altos pastos que se dejan ver detrás de los llamativos cercados. Después del segundo chapuzón del día, por el camino de “Los Caleros”,  aparecen los primeros signos de fatiga, apretamos en el tramo empinado sin dejar de mirar hacia atrás y por el camino adornado de las aromáticas jaras “volamos” sin más. Despedimos al trío talaverano y Alberto “El Maestro Ceramista” quiere acompañarles “a su casa” y también nos insta a la kilometrada, “otra vez será”; los demás, sobrevolamos   los especiales  parajes adehasados, cubiertos de altos y abrasados pastos; aligeramos el paso, cruzamos el  vacío río y desde aquí, alguno mete una marcha más y “a llanear”; Martín “El Fiero” y el amigo Alberto, se "retan" y  quieren probar  ¿quién da más? Por el amplio terralgo, entre polvo y el  fuego abrasador, (“cuando más calienta”)  no damos tregua y apretamos “lo que podemos” para clausurar la épica jornada. Hasta la próxima.










































Resumiendo, ruta circular de 70 kilómetros, los principales caminos transitados han sido: Cañada Real Oriental, Camino de Los Huertos, Senda del Arriero; Camino de La Herrería; Cañada Real Leonesa Oriental, Camino de Mojosal, Cañada Real Leonesa Oriental (Sotillo-Navamorcuende) Camino de Navamorcuende-Buenaventura-Montesclaros-Talavera-Velada, Camino del Torilejo-Velada.


Buen día……..SALUD.



“mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir,  no tengo tiempo ni sitio….” 


martes, 6 de junio de 2017

Ruta: El Alto de La Labranza

Domingo, cuatro de junio y una agradable mañana “parece que nos acompaña” en la festiva jornada; siete caballeros veleños nos damos cita en el habitual punto de encuentro, mientras  otros tantos,  a un evento solidario han marchado. Tenemos “resaca futbolera” y comentarios varios,  por parte de los más “ilustrados”; con las burricletas bien dispuestas, parece que se va diseñando el calendario de “las grandes hazañas  y largas  etapas”, para la jornada de hoy,  tenemos  el asalto “al  Alto de La Labranza”.

Iniciamos la etapa, dirección hacia la oriental cañada; al principio “cabalgamos” un poco estirados, ya que algunos compañeros, el itinerario diseñado no “lo veían nada claro”. Ante nosotros, se extiende un decorado “abrasado” por las altas temperaturas que nos “asolan” hace días; marchamos bien hermanados,  “sin prisa pero sin pausa”, nos echamos “algunas risillas”,  comentando temas varios por el monotemático terreno amarillento. Por estos “territorios  de dios”,  el Gran Maestre se disfraza de Pedro “Hierros” y deleita  a los convocados con un despliegue de fuerza y honor,  dejándose  ver,  los resultados de “sus entrenos en solitario”. Atravesamos la villa calerana y otras más cercanas,  dando cuenta de diferentes escenarios agropecuarios; grandes parcelas  sembradas  de “albejones” y refrescada alfalfa, mientras  los fogosos aspersores dan vida a los cultivados maizales. También,  dejamos atrás, casas de labranza con sus cuidadas huertas  ¿ y cuántos metros de acequias?  “Taitantas granjas” que a estas horas, se dejan ver  bastante atareadas; saludamos a senderistas y otros “burriclistas” que se cobijan en el  sombrajo de la espesa chopera,  estirada  por la concurrida vía. Sin novedad, arribamos en “La Ciudad de la Cerámica”, “paseamos” por el carril bici; para la escuadra veleña, una situación  poco común, fuera de lo normal,   mientras Goyo “El Coloso” me echa la bronca en tono irónico. Cruzamos el confluido puente romano, hacia el parque de los pinos, para llegar a la circunvalación del “Puente atirantado”; en este punto, un quinteto de compañeros deciden acortar la etapa  y  “abortan  la primera  ascensión”; Roberto “El Bueno” y  “El Relatero”,  lo vemos claro y “parriba arreamos” por la trocha bien marcada “por senderistas y otros deportistas”; sin dificultad,  nos enfrentamos a “la temida cuesta” (la recordaba más larga) primero,  haciendo pericias por el tramo agrietado, después “apretando los dientes” –pero sin forzar- , salvando algunas curvas y   disfrutando de sus vistas entre paredes de retamas floridas. En un “periquete” coronamos y echamos unos minutos para llenar la andorga e hidratarnos; dulces, fruta fresca y pasas para reponer fuerzas y emprender el camino de vuelta a  casa.







  





































Reemprendemos la marcha, deshaciendo “la rasgada bajada” para coger “la urbanita avenida” y rodar por el margen del “polémico río”,  mientras cabalgamos con soltura y mucho brío  por la esbelta arboleda,  nos defendemos  del “feroz  ataque ” de  un ejército de mosquitos. Antes de cruzar la carretera, nos encontramos con un trío de compañeros descarriados,  bien liderados por “El Maestro”,  que nos dan novedades y por el torrado camino de Espinosillo hacemos más ameno el paseíllo. En la fuente cegada, bien me aconsejan y repongo la botija de agua fresca “por si acaso,  no quiero sorpresas”; entramos en la pista asfaltada y más cómoda  del canal, “algunos parecen que quieren volar”, sobre la marcha, la fuerza del agua escuchamos  y Domingo “El Maca” en cabeza “no le hacen falta relevos” ,  marca un ritmo alegre y despierto; saludamos a varios burriclistas que por estos lares se prodigan, a la vez que nos despedimos del aventurero trío. Con mi escudero Roberto por los entresijos de  “La Portiña” nos perdemos, con la intención de escalar “el mini-puerto”; a nuestro paso, en la confortable subida,  danzamos por las curvas cerradas, nos merendamos los continuos repechos, mientras la fortaleza de la Atalaya cada vez está más cerca y nosotros más elevados; coronamos con éxito y una vez más “nos graduamos”; cruzamos la villas vecinas de Segurilla y Mejorada, con algunas paradas y pruebas “para revisar”. Decido acompañar al compañero gamonino y se hace tan ameno y agradable el camino, que sin darnos cuenta,  los cerros caballeros hemos sobrevolado y de  “los cuatro repechos” ni nos hemos enterado. Por el encorvado camino, apreciamos  de donde venía “el chirrío escondido” y el amigo Roberto, me invita a su taller a inspeccionar; “en diez minutos no suena más”. Pues eso,  con probada  eficacia, esmero y un abundante  grasa (eso,  que no se respire miseria) la prueba en tres kilómetros antes de llegar  casa. “Rober”, muchas gracias una vez más. Sin más novedad, por el antiguo camino, se supera con nota  la prueba mecánica y la de la kilometrada. Hasta la próxima. 







Resumiendo, ruta circular de 70 kilómetros, los principales caminos transitados han sido: Cañada Real Leonesa Oriental, Carril de La Raya de Chozas, Cordel de Calera, Alberche, Talavera La Nueva-Talavera de La Reina- Subida al Alto de La Labranza; Cordel de Las Merinas; Camino de Espinosillo; Canal Bajo del Alberche- La Portiña-Segurilla. Camino de Segurilla-Mejorada-Gamonal-Velada.


Buen día………SALUD.



“mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir,  no tengo tiempo ni sitio….”