martes, 1 de octubre de 2019

Ruta: Subida a las Antenas (Piélago)


Domingo, veintinueve de septiembre, en el lugar de costumbre,  cinco caballeros veleños acudimos puntuales a nuestro punto de encuentro (otros tantos,  nos aguardan en Segurilla); con las burricletas bien dispuestas, las cabezas despejadas –por la cuenta que nos tiene-y las piernas “avisadas”,   nos disponemos a realizar “la gran etapa”, la clásica de las clásicas, la más exigente en nuestras proximidades, simplemente  una  ruta de etiqueta y altura.

Último test,  antes  de afrontar el gran reto de la próxima semana (La conquista de El Barco de Ávila). Esta prueba,  es la vara de medir, la que nos acaricia o nos atiza con ganas,  la que nos encumbra o nos hunde,  la que nos posiciona y coloca a cada uno en nuestro  lugar. Examen “de repaso” con "las preguntas" que nos vamos  a encontrar -la próxima semana- ,  que nos evalúan, para poner en práctica los pequeños detalles que marcan la diferencia y que conviene recordar, en esta  “etapa de repaso”. Cada cual tiene “su ritmo constante”;  sobre todo,   es una etapa de resistencia,  en la cual, vamos a estar bastantes horas sobre nuestras burricletas, dando pedales por  lugares desconocidos e inhóspitos,  por lo que,  hay que beber y comer constantemente (“hidratarnos sin sed  y comer sin hambre”) para evitar sorpresas y recibir visitas inesperadas (“El tío del mazo”);  no menos importante, es  el saber gestionar las fuerzas, (“por mucho correr no amanece más temprano”);  “los convocados”, sabemos que no va a ser “una charlotada cualquiera”, nos vamos a enfrentar a exigentes cuestas, puertos y desniveles considerables , además  de la  larga kilometrada que nos aguarda; no van a faltar momentos de sufrimiento, exigencia, sudor y “lágrimas”, antes de recoger los mejores frutos de la cosecha. “El éxito en la vida no se mide por lo que logras, si no por los obstáculos que superas”: “El cincuenta por cierto del éxito es ser positivos, el resto es dedicación”.

Comenzamos la jornada, dirección la cañada, bien agrupados  de todo un poco hablamos (mecánica, rutas y bolerías varias), sin forzar nos enfrentamos a la impasible muralla de la  Gamonosa “las buenas obras con la fresca”;  recorremos la sentida  serenidad del callejón cerrero, nos refugiamos en el amable frescor de la mañana por la vía bien compactada; atravesamos las villas vecinas y en Segurilla, a nueve caballeros aumenta la cuadrilla. Sin “apearnos de nuestras monturas,  ni pararnos”,  saludos,  novedades y arreando “palante”; nos adentramos en el discontinuo tobogán, camuflado entre encinas;  salvamos los correspondientes  tramos empinados, otros,  más nobles, repechos limpios unos, agrietados otros, para sumar desnivel poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa, alegramos la marcha, “allá en lo alto brillan las antenas” parece que están cerca, algunos pensamos, otros lo sueltan.  Sin darnos cuenta, cruzamos Marrupe y por la pista  hormigonada, continuamos “sumando”; un paisaje de encinas y enebros, nos abren paso por el discontinuo y riguroso camino; animando,  las primeras cuestas que nos ponen a prueba, para calentar, ya que el festival está a punto de comenzar.








Desde La Hinojosa, ya es otro cantar; un puerto exigente que nos quiere doblegar, fuertes pendientes sobre hormigón rugoso y quebrado; a nuestro paso,  una reconfortante  arboleda que nos guía, pero que “apenas apreciamos”; bastante tenemos con centrarnos en la escalada y no perder la pista balizada. “Vas disfrutando del silencio” me comenta mi amigo Roberto “El Bueno”, sí, y bregando con “los puñeteros repechos”; más adelante, en lo más alto,  ondea la cima, pero todavía no vemos el momento de llegar. La primera línea,  desaparece por las  frondosas  curvas , mientras vamos espantando moscas con ….las manos (Cómo fastidian en pleno esfuerzo), el amigo Gabriel “Machaque”, se baja de su burricleta, para echarse “repelente”, “para esto lo traigo en la mochila”. Continúa “el calvario” por las duros desniveles (con tramos, que rondan los  veinte), tantas veces “sufridos”, fieles a esa relación “amor-odio”,  sabiendo que con cada pedalada  avanzamos y  estamos más cerca de la “dichosa  explanada”; exigentes y “fornidas”  paredes nos quieren doblegar según avanzamos; con el calor que hace  y la temperatura que llevamos, con los tramos de sombra nos aliviamos.  Sucesión de empinadas curvas  y encajadas en medio de la nada,  la recta final, se nos alegra la cara; nos levantamos, nos retorcemos, ya vemos a nuestros compañeros y una vez más, coronamos. Nos agrupamos y proseguimos  la marcha; todavía continuamos ascendiendo, pero en una versión más amena y llevadera; robles y pinos jalonan nuestros pasos, impresionantes vistas mientras vamos cogiendo altura;  un último esfuerzo y conquistamos el paraje estelar. Echamos un vistazo, para seguir disfrutando del valle y las genuinas panorámicas  que “abarcamos”.  Reponemos fuerzas, a base de fruta frescas, pasas, dulces y algún bocata, nos hidratamos para recuperarnos del titánico empeño, mientras comentamos la jugada, sintonizamos las antenas; foto de rigor, compartimos impresiones  con otros burriclistas, antes de preparar la partida. "La vida es el examen más difícil. Mucha gente suspende, porque trata de copiar a otros, no se dan cuenta que cada uno tiene sus propias preguntas."

















Reemprendemos la marcha, disfrutando y “relajando” por la estirada bajada; a nuestro paso, la senda rasgada por el brillante robledal; sobre la marcha, unos minutos  para llenar las botijas de agua fresca; un mar de castaños, robles  y pinos,  perfuman el fugaz descenso; una pareja de ardillas corretean a nuestro alrededor, también,  avistamos a las ninfas montañeras  y como toda la mañana, saludamos a otro grupo de burriclistas. Cruzamos Navamorcuende “sin mirar”,  alegres “volamos” por la cañada, salvando los “repechillos” que encontramos; tenemos una jornada calurosa  y a estas horas,  van haciendo  acto de presencia,  los primeros amagos de tirones y calambres en algunos compañeros, según nos comentan. Sotillo, también dejamos atrás, y una vez más,  por la vía más animada,  entretenida  y más dura,  para no variar. Nos perdemos por el bosque de encinas, salvando “la propina extra” de  los tramos más duros (“con lo que llevamos”); discontinuos subes y bajas por las inmediaciones del inframundo del Marrupejo; recogemos los caminos que nos quedan y a los burriclistas que encontramos “les mandamos a casa”, “¿a estas horas dónde irán?”. Atrás,  dejamos la villas vecinas y para que no vaya sólo el amigo Roberto, le llevamos hasta “su casa”, tendrás queja gañán; más cuestas para rematar la faena, “Las Piedras Caballeras” nos hacen la ola y el paseíllo, porque vamos dando la talla. Hablamos de las buenas sensaciones, todavía no nos hemos vaciado y esto es buena señal, manifestamos en presencia de “La Atalaya”. Sin más novedad, visitamos Gamonal, despedimos al caballero gamón, subimos “La Gineta” y Velada, para clausurar  la última estación del “rutón”.





En definitiva, ruta circular de 88 kms (1750 metros desnivel +) los principales caminos transitados han sido; Cañada Real Leonesa Oriental, Camino de Velada-Mejorad-Segurilla, Camino del Hituero, Camino Antiguo de Sotillo, Senda de Cervera, Camino de Meregil, Camino de Los Dornajos, Camino de Segurilla a Marrupe-Hinojosa-Almendral de La Cañada- Alto del Piélago (Antenas)- Camino del Campamento-Puerto de Navamorcuende, Camino de Buenaventura-Sotillo- Cañada Real Leonesa Oriental-Sotillo, Segurilla, Camino del Hituero-Segurilla- Mejorada-Gamonal-Velada.

Pd: Roberto, muchas gracias por tu aportación fotográfica (1).


Buen día…………….SALUD.  


“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…..”

lunes, 16 de septiembre de 2019

Ruta: Circular "Senda y Puente de Los Duendes".


Domingo, quince de septiembre, sin la hora cambiada todavía,  en el lugar de costumbre, ocho caballeros veleños acudimos a la cita burriclista; bien dispuestos  y pertrechos con nuestras burricletas,   en el cartel de la ruta se anuncian, pueblos y kilómetros, teniendo en cuenta el próximo reto. Un quinteto, optamos por la larga alternativa, los demás compañeros, quieren una jornada más tranquila.

Inmediatez, prisas, mucho ruido –en sentido amplio-  y “experiencias en diferido”, conviven con nosotros en nuestro día a día; no es lo mismo, querer que hacer;  no podemos aprender  primero a correr que andar; por la misma razón, no es lo mismo “voy”  que salir; nada tiene que ver, ser actor principal con ser un espectador más;  por supuesto, desde “el trono del  sofá” no podemos jugar a ser héroes, ni por las altas cumbres  volar, ni  mucho menos,  agradables sensaciones experimentar, ni tan siquiera imaginar la magia de un determinado momento ni  lugar.  Tampoco,  nuestro “super-móvil inteligente”  nos va a guiar hacía el más allá, ni por nosotros va a “cabalgar”; no es lo mismo estar, a que te lo cuenten los que allí nunca estuvieron.  “La vida no tiene sentido, se lo das tú, con lo que haces, con lo que te apasiones, con tus ilusiones. Tú, construyes el universo a tu medida”. “La suerte es el esfuerzo enmascarado. Cuanto más te esfuerces,  más suerte tendrás”.

Iniciamos la jornada, por el camino de “Los Perales” dirección Mejorada; en el punto de mira , la fortaleza de “La Gamonosa” para abrir boca; después de la lluvia de la noche pasada, es todo un placer, degustar los deliciosos olores que rezuman de los calados cerros; nos recreamos con la amable sensación de frescor,  que parece nos va a acompañar durante esta expedición. Cabalgamos bien agrupados,  en armonía por la compactada pista, comentando  asuntos varios; atravesamos las  villas vecinas, siendo testigos de los rastros  de  las “fiestas de Segurilla”.  Por estas ínsulas, como es pronto todavía, nos ponemos en contacto con “el comando de Talavera” que a las nueve salían”, para informarles que marchamos por el camino de Cervera; “sin prisas pero sin pausa”,  reducimos “algo” la marcha, “éstos,  nos van a alcanzar”. Bromas y risas por el asfaltado camino, que poco a poco  se va empinando; parece que el agua caída, además de refrescarnos,  nos da alas y más alegría; atrás, –sin apenas darnos cuenta-   dejamos la localidad de Cervera y bajando hacia Pepino cogemos aire por la agradecida y tupida callejuela y nos adentramos en el paraje de “las siete puertas”. Un valle de calma y tranquilidad encontramos por la parcela  de Doña Germana, mientras seguimos contando “porteras”, reduciendo la marcha y mirando para atrás, “todavía no les vemos, ¿por dónde vendrán? Nosotros a lo nuestro, en breve nos alcanzarán. San Román dejamos a nuestras espaldas, para empezar a escalar; por el rincón de los enebros, la belleza y la quietud cabalgan a nuestro lado;  suben las pulsaciones por el maravilloso lugar y “embrujados”  por su hechizo  no dejamos de pedalear. Coronamos con éxito, nos agrupamos y mientras esperamos, también llegan los compañeros talaveranos (Diego “Sin Miedo”, Antonio Median y Cristóbal “El Nazareno”); más distendidos,  por el camino nos damos novedades y nos comentan sobre “el calentón” que se han pegado para llegar. Más adelante, en el pilón de Marrupe, paramos a repostar. Unos minutos de relax, nos hidratamos y algo picamos,  para reponer fuerzas y afrontar la segunda parte de la etapa. En este punto, también aparecen Ilde “El Suegro” y Jesús “El Serrano” (los del turno de las nueve) ; Roberto “El Bueno”, también nos deja y desde aquí, por caminos varios,  emprendemos la  vuelta.





































Los demás, reemprendemos la marcha;  por el idílico lugar, nos montamos en un remanso de paz y tranquilidad,   un mar de encinas ondean a nuestro paso, estrechas sendas van abriendo la colmada dehesa y un raposo con prisa,  en pleno deleite se nos atraviesa. Cuando salimos al marcado camino, por la parte delantera “a destajo” se pedalea; no hay tregua por las anchuras de la cañada, ni por sus rasgados toboganes, por lo que,  arribamos y  cruzamos Sotillo, “casi sin llamar”. Desde aquí, por la vía más salvaje y “querida” por la cuadrilla; continuos subes y bajas por los despejados y limpios cerros, planeamos sin alas por los puntos más rápidos y las empinadas cuestas del Marrupejo,  también son un caramelo dulce “para los más  picaos”. Más adelante, custodio la retaguardia y espero para ir todos acompañados; el amigo Gabriel “Machaque” me dice que “parece que he pinchao”;  dos veces damos aire a la rueda, mientras nos llaman “los adelantaos”, damos novedades de la avería  y en “La Cruz de los Arrepentidos”, montamos el taller de campaña; la cubierta ni rastro de “pegamento”, “¿cómo iba a sellar?”, poniendo la  cámara nueva tenemos que arreglar. Como vamos bien de tiempo, queremos alargar la etapa;  “escuchando misa” cruzamos Segurilla, también dejamos atrás Mejorada para apostar por  el camino de Gamonal; recorremos los reconocidos caminos, bien estudiados y tantas veces cabalgados que hasta los baches y regueras contamos; salvamos los correspondientes repechos y por la bajada arreglada, disfrutamos y  en menos de “ná” entramos en Gamonal. Circunvalamos dicha localidad, hacia  los territorios del “indio”, subimos el menhir,  nos colamos en  el callejón de las dehesillas y salimos a la laguna del conejo para hacer más tiempo y sumar kilómetros; por estos lares, cerramos y echamos el candado al corral  y damos por finalizada la jornada.  Hasta la próxima.






















Resumiendo, ruta circular de 77 kms (1.100 metros desnivel +) los principales caminos transitados han sido: Camino de Los Perales, Camino de Velada-Mejorada-Segurilla-Cervera de Los Montes-Pepino-San Román de Los Montes- Marrupe-Cervera-Navamorcuende-Sotillo de Las Palomas (Cañada Real Leonesa Oriental)- Camino Antiguo de Segurilla-Camino del Hituero- Segurilla-Mejorada- Gamonal- Monte Nuevo- Las Dehesillas- Velada.


Buen día…………….SALUD.


“….mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…..”