Domingo
(17-08-2025), con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros
veleños nos preparamos para realizar otra etapa serrana; importantes ausencias
de “gallos en el corral” por vacaciones y motivos varios. En esta ocasión, nos
desplazamos a “Playas Blancas” para buscar las benévolas temperaturas de la
sierra y realizar una ruta montañera.
Comenzamos
la jornada con la previsión cumplida, agradable fresco entre el tupido pinar;
el aguerrido escudero, recuerda que “tenía que haber echado los manguitos”,
aunque suene exagerada su propuesta. Desde el minuto uno, la consigna está
clara, escalar por la variada estampa; aire fresco a nuestro paso por la continua
subida, “no tenemos ningún tramo para calentar” -comentamos-, pero esto, es
todo un lujo “para el cuerpo y los ávidos sentidos”. Higos frescos por la
hormigonada ascensión, a través de la espesa sombra, “¿dónde está el calor?”,
avistamos el imponente valle de las cinco villas y “la tristona panorámica quemada
del reciente incendio” por los rincones que cabalgamos la semana pasada; impresionantes
“fortalezas” se levantan de frente con
vigor que, admiramos a nuestro paso desde el angosto callejón, mientras, el duro
repechón nos llama, antes de arribar en la recogida y engalanada localidad.
Desde
este punto, iniciamos la subida hacia el conocido y largo puerto, bien
resguardados por la frondosa arboleda; saludamos a los madrugadores
senderistas, recogemos el agradable fresco que nos va peinando de arriba-abajo,
mientras buscamos la mejor trazada por la entretenida subida; a nuestro paso,
los cruces -hacia otras villas y pistas- bien balizados, surtidores de agua
cristalina…..y en esto, que llevamos una hora y media “escalando” y
todavía, no hemos visto el sol, ¡¡¡¡viva
la fiesta a la sombra!!! El amigo Gabriel “Machaque”, anunciando a los cuatro
vientos, “esta maravilla” y alabando el privilegiado lugar que nos envuelve;
pasamos de largo por “El Fin del Mundo”, nos asomamos al precipicio abrasado y
a media ladera, expuestos al vacío, continuamos nuestra travesía; puentes
camuflados entre el verdoso forraje de helechos, chorreras con su habitual
melodías, las chicharras, todavía “están en versión baladas”, “recargamos las botijas” en el repleto pilón, mientras deliramos por el plácido y perfumado rincón.
Sin apenas darnos cuenta, embriagados, con tanta emoción, hacemos cima y por la
agraciada bajada, llegamos al punto pactado, para hacer un mini-descanso, hidratarnos
y picar algo, antes de afrontar el segundo puerto de la etapa.
Dicho
y hecho, nos enfilamos “al tajo”, por la cómoda subida, “llevamos buen ritmo”,
todavía nos acompañan los sombrajos y saludamos a algunos ciclistas que vienen
bajando, por cierto, “con el chaleco puesto, esto quiere decir algo”
-comentamos. Tenemos la suerte de cara, mientras vamos tachando kms en los
paneles informativos; bastante llevadera la tendida ascensión, el amigo Gabriel
“esta en vena y pletórico”, reconocemos
las cumbres que ya se van acercando, las antenas ondeando a media altura y poco a poco, nos vamos acercando a “la curva de la
Pellejera”, el tramo más empinado de la mítica cúspide, antes de entrar en la
recta final. Fotografías de rigor en el mítico puerto, nos hidratamos bien,
reponemos fuerzas -bocata incluido-, disfrutando de las majestuosas vistas que
nos brinda el lujoso paisaje y de las frescas corrientes de aire que nos regala
la generosa mañana.
Desde
aquí, abrimos la portera ganadera para continuar escalando, mientras no paramos
de “otear el privilegiado horizonte y la descomunal estampa que nos rodea”;
ahora, por “parajes más agraciados y
asilvestrados”; en nuestro cabalgar, la desperdigada vacada, repanchingada en
mitad del camino, cortándonos el paso. ¿Qué decir de este excepcional espacio?
Nos adentramos en el lado más salvaje de la montaña, en mitad de la nada, ante
nosotros, gobierna la tranquilidad y la grandeza montañera; impresionantes
vistas a destajo, amplitud y anchurosa sierra se extiende ante nosotros
-insignificantes ante tal magnitud-; nos mostramos agradecidos y afortunados de
“profanar este indescriptible y místico lugar”; bajada técnica de piedra suelta
y regueras que sorteamos con oficio y pericia, mientras no dejamos “de embobarnos”
con los fantásticos fotogramas que nos embelesan. En algún momento, echamos pie
a tierra, para “degustar mejor este manjar natural”; somos testigos de la
antigua trocha, algunos “cérvidos” jugando al escondite y las infinitas y placenteras
vistas que alimentan las retinas de nuestros sentidos. Me vienen a mi cabeza, muy
buenos recuerdos de estos parajes, el antiguo paso, la experiencia de subir con
las burricletas acuestas en las rutas de los-as amigos-as del Tiétar, por lo
que le tengo un especial cariño a este indomable puerto. Continuamos por la larga bajada, reconociendo
otros puntos, avistando pistas abiertas y pasos aéreos por el aromático pinar.
Tras este delirio transitorio, volvemos a salir al cómodo puerto y desde aquí,
descenso fugaz por el ceñido bosque hasta la localidad de San Esteban. Aquí,
nos pegan el alto y un amigo -Loren- de Gabriel, con una amena conversación,
nos invita a un refrigerio y nos deja abierta “la puerta de su casa”, antes de
llegar al punto de partida. Lo dicho, despedida antes de adentrarnos en la
angostura hormigonada y sombreada, entre verdosas praderas y frutales variados,
que nos llevan hasta la arreglada cañada y desde aquí, “gas entre los pinos”
para clausurar la espectacular etapa. Para
brindar por la misma y comentar la jugada, zumo de cebada fresca y exquisitos
aperitivos en el quiosco de la zona recreativa.
Destacar
de la ruta, además de las frescas temperaturas que hemos llevado durante casi
toda la jornada, resaltar la exigencia de la ruta, las subidas de todos los
puertos que hemos realizado, en especial, “el salvaje Lagarejo”. Las
sensaciones especiales y exageradas, las dejo para cada cual que visite este idílico
entorno (Abstenerse, personas sin experiencia y que no les guste la montaña.)
“La mejor batalla es aquella que se libra en nombre de nuestros sueños.”
Resumiendo,
ruta circular de 66 kms (1.600 m. D+). Los principales caminos transitados han
sido, Camino del Amoclón, Camino de los Pozos, Camino de
Santa Cruz del Valle, Pista Puerto de Pedro Bernardo (P.B)- Subida al Techo del
Mundo- Puerto P.B, Puerto de Serranillos-Puerto del Lagarejo-Camino de las
Vaquerizas-Puerto de P.B-Puerto de Serranillos-San Estebán del Valle-La Villa,
Cañada del Puerto el Pico- Camino Amoclón-Playas Blancas.
Pd:
Gabriel, muchas gracias por tu aportación fotográfica (2).
SALUD…………y
TIEMPO.
“…..mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”


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