lunes, 18 de agosto de 2025

Ruta: Circular Subidas “El Techo del Mundo”, Puertos Pedro Bernardo-Serranillos-El Lagarejo.

 

Domingo (17-08-2025), con las burricletas prestas y bien dispuestas, dos caballeros veleños nos preparamos para realizar otra etapa serrana; importantes ausencias de “gallos en el corral” por vacaciones y motivos varios. En esta ocasión, nos desplazamos a “Playas Blancas” para buscar las benévolas temperaturas de la sierra  y realizar una ruta montañera.

Comenzamos la jornada con la previsión cumplida, agradable fresco entre el tupido pinar; el aguerrido escudero, recuerda que “tenía que haber echado los manguitos”, aunque suene exagerada su propuesta. Desde el minuto uno, la consigna está clara, escalar por la variada estampa; aire fresco a nuestro paso por la continua subida, “no tenemos ningún tramo para calentar” -comentamos-, pero esto, es todo un lujo “para el cuerpo y los ávidos sentidos”. Higos frescos por la hormigonada ascensión, a través de la espesa sombra, “¿dónde está el calor?”, avistamos el imponente valle de las cinco villas y “la tristona panorámica quemada del reciente incendio” por los rincones que cabalgamos la semana pasada; impresionantes “fortalezas” se levantan de  frente con vigor que, admiramos a nuestro paso desde el angosto callejón, mientras, el duro repechón nos llama, antes de arribar en la recogida y engalanada localidad.

Desde este punto, iniciamos la subida hacia el conocido y largo puerto, bien resguardados por la frondosa arboleda; saludamos a los madrugadores senderistas, recogemos el agradable fresco que nos va peinando de arriba-abajo, mientras buscamos la mejor trazada por la entretenida subida; a nuestro paso, los cruces -hacia otras villas y pistas- bien balizados, surtidores de agua cristalina…..y en esto, que llevamos una hora y media “escalando” y todavía,  no hemos visto el sol, ¡¡¡¡viva la fiesta a la sombra!!! El amigo Gabriel “Machaque”, anunciando a los cuatro vientos, “esta maravilla” y alabando el privilegiado lugar que nos envuelve; pasamos de largo por “El Fin del Mundo”, nos asomamos al precipicio abrasado y a media ladera, expuestos al vacío, continuamos nuestra travesía; puentes camuflados entre el verdoso forraje de helechos, chorreras con su habitual melodías, las chicharras, todavía “están en versión baladas”,  “recargamos las botijas” en el repleto pilón,  mientras deliramos por el plácido y perfumado rincón. Sin apenas darnos cuenta, embriagados, con tanta emoción, hacemos cima y por la agraciada bajada, llegamos al punto pactado, para hacer un mini-descanso, hidratarnos y picar algo, antes de afrontar el segundo puerto de la etapa.

Dicho y hecho, nos enfilamos “al tajo”, por la cómoda subida, “llevamos buen ritmo”, todavía nos acompañan los sombrajos y saludamos a algunos ciclistas que vienen bajando, por cierto, “con el chaleco puesto, esto quiere decir algo” -comentamos. Tenemos la suerte de cara, mientras vamos tachando kms en los paneles informativos; bastante llevadera la tendida ascensión, el amigo Gabriel “esta en vena y pletórico”,  reconocemos las cumbres que ya se van acercando, las antenas ondeando a media altura  y poco a poco,  nos vamos acercando a “la curva de la Pellejera”, el tramo más empinado de la mítica cúspide, antes de entrar en la recta final. Fotografías de rigor en el mítico puerto, nos hidratamos bien, reponemos fuerzas -bocata incluido-, disfrutando de las majestuosas vistas que nos brinda el lujoso paisaje y de las frescas corrientes de aire que nos regala la generosa mañana.

Desde aquí, abrimos la portera ganadera para continuar escalando, mientras no paramos de “otear el privilegiado horizonte y la descomunal estampa que nos rodea”; ahora,  por “parajes más agraciados y asilvestrados”; en nuestro cabalgar, la desperdigada vacada, repanchingada en mitad del camino, cortándonos el paso. ¿Qué decir de este excepcional espacio? Nos adentramos en el lado más salvaje de la montaña, en mitad de la nada, ante nosotros, gobierna la tranquilidad y la grandeza montañera; impresionantes vistas a destajo, amplitud y anchurosa sierra se extiende ante nosotros -insignificantes ante tal magnitud-; nos mostramos agradecidos y afortunados de “profanar este indescriptible y místico lugar”; bajada técnica de piedra suelta y regueras que sorteamos con oficio y pericia, mientras no dejamos “de embobarnos” con los fantásticos fotogramas que nos embelesan. En algún momento, echamos pie a tierra, para “degustar mejor este manjar natural”; somos testigos de la antigua trocha, algunos “cérvidos” jugando al escondite y las infinitas y placenteras vistas que alimentan las retinas de nuestros sentidos. Me vienen a mi cabeza, muy buenos recuerdos de estos parajes, el antiguo paso, la experiencia de subir con las burricletas acuestas en las rutas de los-as amigos-as del Tiétar, por lo que le tengo un especial cariño a este indomable puerto.  Continuamos por la larga bajada, reconociendo otros puntos, avistando pistas abiertas y pasos aéreos por el aromático pinar. Tras este delirio transitorio, volvemos a salir al cómodo puerto y desde aquí, descenso fugaz por el ceñido bosque hasta la localidad de San Esteban. Aquí, nos pegan el alto y un amigo -Loren- de Gabriel, con una amena conversación, nos invita a un refrigerio y nos deja abierta “la puerta de su casa”, antes de llegar al punto de partida. Lo dicho, despedida antes de adentrarnos en la angostura hormigonada y sombreada, entre verdosas praderas y frutales variados, que nos llevan hasta la arreglada cañada y desde aquí, “gas entre los pinos” para clausurar la espectacular etapa.  Para brindar por la misma y comentar la jugada, zumo de cebada fresca y exquisitos aperitivos en el quiosco de la zona recreativa.     

Destacar de la ruta, además de las frescas temperaturas que hemos llevado durante casi toda la jornada, resaltar la exigencia de la ruta, las subidas de todos los puertos que hemos realizado, en especial, “el salvaje Lagarejo”. Las sensaciones especiales y exageradas, las dejo para cada cual que visite este idílico entorno (Abstenerse, personas sin experiencia y que no les guste la montaña.) “La mejor batalla es aquella que se libra en nombre de nuestros sueños.”  

Resumiendo, ruta circular de 66 kms (1.600 m. D+). Los principales caminos transitados han sido, Camino del Amoclón, Camino de los Pozos, Camino de Santa Cruz del Valle, Pista Puerto de Pedro Bernardo (P.B)- Subida al Techo del Mundo- Puerto P.B, Puerto de Serranillos-Puerto del Lagarejo-Camino de las Vaquerizas-Puerto de P.B-Puerto de Serranillos-San Estebán del Valle-La Villa, Cañada del Puerto el Pico- Camino Amoclón-Playas Blancas.

Pd: Gabriel, muchas gracias por tu aportación fotográfica (2).




















SALUD…………y TIEMPO.


“…..mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario