Domingo
(24-05-2026), con las burricletas prestas y bien dispuestas, seis caballeros
veleños nos presentamos en el habitual punto de encuentro. Sin ruta previa, ni
dirección y teniendo en cuenta el agitado viento, el amigo Roberto “El Bueno”,
nos propone “una Segurilla”; traducida la etapa, “cuestas y subidas a granel y
buen desnivel acumulado”, y de paso,
cada cual, “se puede escapar por donde más le convenga, según la
circunstancias.”
Comenzamos
la jornada, bien ataviados, conjuntados con “la zamarra clara” de verano;
circunvalamos caminos para salir de la localidad y “dejarnos caer en los
llanos”; bien acompañados, de propina, “nos ventilamos” con los zarpazos del
enojado Eolo. Algunos bancos de arena entre el terreno, que ya está en plena
cosecha; “algo perezosos y sin prisas” hacemos esta cruzada, cabalgamos por la diversidad de los huertos, antes de
presentarnos a pie de puerto.
En
este punto, “nos ponemos el mono de faena y al tajo”; en modo escalada, para
toda la mañana, entre chaparras, retamas, un jardín de aromáticas, pinos
salteados y, tramos rotos, vamos salvando y sumando repechos por el discontinuo
deslizadero; cada cual como pueda, si al final, esperamos y nos agrupamos.
Descenso fugaz con privilegiadas y reconfortantes vistas, algo de cañada para
coger aire, mientras conversamos y, antes de afrontar “las curvas del
Vertedero.” Plaza de sobra conocida, cada paso, su desnivel, cada reguera,
echamos un vistazo para la retaguardia y otro, avistando “empinados corrales”
que en breve tendremos que visitar; mientras bien enfilados, nos vamos
acercando al despejado observatorio.
Desde
aquí, atravesamos la población segurillana, “buscando otros puertos más
exigentes”; por estos lares, volamos por terreno favorable, a estas horas, del
aire ni rastro y el amigo Gabriel “Machaque”, solicitando “el bocadillo.” -pero, si no hemos hecho ni hambre-
comentamos. Pequeñas tachuelas -que van sumando- entre parajes asilvestrados,
antes de iniciar el asalto a “la Gran Muralla”. Por el fugaz descenso, disfrutamos
del afortunado rincón, mientras vamos subiendo escalones al 23% por la mantenida
pista -por eso de consolarnos-. J.C “El Lobo”, con pundonor se “retuerce como
un jabato” y, aunque revisamos la retaguardia, “no hay ni rastro.” El
adelantado trío, coronamos la desnivelada fortaleza; por mi parte “tiro para
abajo otra vez y hasta el puente, ni señales de los demás compañeros; doy
algunas voces, sin respuesta. “Otra vez pa´rriba” -pa´calentar-; cuando llego
hasta “los demás, que también están de acá para allá”, me comentan -les han
llamado- “que habían parado a merendar.” Picamos algo a la sombra -tampoco para
hartanos-, nos hidratamos y vamos hasta la ermita a recargar “las botijas”. En
este “parón”, nos rejuntamos la cuadrilla, mientras los rezagados nos “cuentan” y nos comentan que desde aquí, “ya marchan para casa.”
Después “del descoordinado descanso”,
emprendemos la marcha, todavía nos queda el plato fuerte de la mañana; “ahora, descalamos
el Vertedero” para adentrarnos en los temibles rampones de “Los Toros”; “cada
cual como pueda” -una vez más- nada más comenzar, “vaya cuesta habéis elegido”
un caminante nos comenta; como si no supiéramos lo que nos espera. “Más
veintipico% sin anestesia, cuando el calor comienza a hacer acto de presencia,
nos acomodamos en la irregular pendiente -total, ya nos da igual lo que nos
echen-; sabemos “sufrir los rampones” por la abrupta y violenta subida, las
burricletas se espantan y relinchan en algunos tramos, hasta que llegamos a
pasos más generosos y llevaderos; entre frescas praderas “peraltadas”, que nos
conducen a coronar la exigente ascensión del día. Desde aquí, para rematar la
faena y poner la guinda, profanamos la elevada Atalaya, a través de sus fuertes
y rígidos muros. Aquí, Alberto “El Maestro Ceramista”, tiene ganas de más y
para alargar la ruta, nos “invita a dar
una vuelta por Talavera.” Pues dicho y hecho, descendemos -más tranquilos-
hacia “La Portiña”, buscando carriles más confortables, pero ahora, con el aire
de aliado. Cruzamos La Ciudad de la Cerámica, dirección “el antiguo camino”
entre parcelas y granjas, alegramos el ritmo. Sumamos alguna tachuela más, la
interminable recta del polígono, nos acerca a la localidad de gamonal; en su
casa, despedimos –previa invitación que dejamos para otra ocasión- al osado
compañero y para no variar, “una Gineta”, antes de finalizar la improvisada y
estirada etapa.
Destacar
de la ruta, además de los paisajes cerreros con sus correspondientes cuestas, a
pesar de las previsiones de altas temperaturas, éstas han sido bastante
llevaderas y lo mejor, lo bien que hemos esquivado y dado esquinazo a las
fuertes rachas de viento. “No podemos controlar el viento, pero sí ajustar las
velas.” “Las cosas de las que huyes, están dentro de ti.”
Resumiendo,
ruta circular de 75 kms (1.200 m. D+) Los principales caminos transitados han
sido; Camino de los Perales, Caminos del Molino, Camino de la Mojeda-El Baldío,
Camino de los Huertos, Camino de los Pinos (Cerro Arriero), Camino del Madroño
(La Herrería), C.R.L.O., Senda del jilguero, Camino de Montesclaros (subida El
Vertedero), Camino del Hituero-El Riscal-Las Cochineras-Camino de Buenaventura
(Subida de la Gran Muralla +2.), Camino de Montesclaros, Camino Valdecolmenares
(subida Los Toros), subida a la Atalaya-La Portiña, Vía de Servicio N-V, Canal Bajo del Alberche, Talavera-Camino del
Pino, Mesa Alta, Antiguo camino de Oropesa-El Casar, El Cordel,
Torrehierro-Gamonal-Velada.
SALUD…………..y
TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio…”
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