Domingo
(15-08-2026), con la burricleta presta y bien dispuesta, por las circunstancias
dadas, el horario y por no “condicionar” al grupo, hoy toca cabalgar en
solitario –ya me hubiera gustado, acompañaros-. Los demás, presentan una buena
propuesta para “alambrar” y cerrar el corral; por mi parte, “me invento”
una etapa montañera de continuos subes y bajas cerreros, sin apenas salir de casa.
Comienzo
la etapa, con el agradable frescor mañanero, que nos deja “la resaca” de las
tormentas del día anterior, con los caminos bien regados –mejor, así no se levanta
polvo-; en mi presencia, el campo aparece todavía empapado, engalanado con olor a tierra mojada, atravieso el extenso y productivo terrazgo; sumergido en la más inmensa tranquilidad y
arropado con el sonido del silencio, sobre el terreno, repaso los garabatos de
la ruta diseñada.
Las
conocidas subidas, con todos sus ingredientes, las hacen únicas y particulares; a la sombra –que se agradece-,
aunque todavía me “tambaleo” con las frescas temperaturas; cada escalada
“presume” de su repechón correspondiente –algunos, rondando el 20%-; acurrucadas –en su mayoría-
entre encinas y chaparras bien sombreadas, para hacerlas más amenas y menos
sufridas; tramos asfaltados, levantados, otros, más tendidos que facilitan “la
tarea”; en ocasiones, me llevan en volandas, otras, por su desnivel, cuesta
avanzar. Después de “batallar” con esta retahíla de pendientes, la atalaya
cagarrache –por la puerta de atrás- es la guinda del pastel, para finalizar
este recital de cuestas. Aunque, todavía quedan más tramos sueltos y salteados,
también desnivelados, que suman dígitos positivos y “pican a las piernas” según
avanza la jornada.
Para
hilar los harapos escarpados, remiendo la ruta con pequeños detalles que despiertan
mi atención; terrenos de todos los colores, más llanos, algunos tramos
reposando en estrechas trochas, perfumadas con aromáticas plantas y pinos
salteados; intento robar el aire limpio y el frescor mañanero que guardo en mi raído
zurrón; unas veces, escalo al ritmo del canto de la perdiz, escuchando nada,
otras, sumido en la más intensa calma ; a mi paso, vallados berrocales
“imitando fronteras”, encinas viejas, caídas ya caducadas, viñas y parcelas
descuidadas y abandonadas, aunque el olor a tierra recién regada, me acompaña
durante gran parte de la jornada; la cañada ganadera, extendida durante todo mi
recorrido, da vida al revirado circuito. Comparto unos minutos con ilustres
burriclistas de la zona, el experimentado y admirado Albino y su escudero
“Rueda” y otros, que ya van de vuelta para Talavera.
Sobre
la marcha, me voy hidratando y “dando algún bocado” para no desfallecer y, por
supuesto, después de tanto subir, también tengo que “destrepar” y deshilachar
el enredoso mapa. Echo mi imaginación a volar, me entretengo con las agraciadas
vistas, en algunas ocasiones “desvarío” dentro del templo cerrero y me pierdo
en mí mismo; otras, me columpio de la liana del tiempo y otras, me escurro
entre el aire freso y el tupido silencio; algunas veces “trasciendo” e invento
rutas imaginarias y otras, planeo sobre altas fortalezas y castillos que salen
a mi encuentro. Inmortalizo “momentos únicos, ya pasados” –que ya no volverán a
repetirse-, mientras, alimento los sentidos por los entretenidos toboganes que
atraviesan los parajes cerreros.
Para
rematar la enmarañada faena “unos kms extra”; “aterrizo” y busco la dehesa más
plana, pistas más limpias y llanas, entre una marea de encinas y el achicharrado
terreno según va agonizando el abrasador verano. Ya, en el camino “imperial”,
más abandonado y dejado, “parece que hace acto de presencia el calor”;
irregulares pasos para romper la monotonía de la pista, regueras, zanjas,
tramos de arena suelta y zarzas que sobresalen, amenazan con perder el camino,
antes de dar por concluida la fructífera y variada etapa.
Destacar
de la ruta, en primer lugar, las agradables y frescas temperaturas mañanera,
gracias sobre todo a la tormenta y lluvia del sábado. Además, el entretenido
circuito de subidas a la sombra, terreno variado entre cerros y con
las vistas orientadas a la Sierra de Gredos. “El reto está en el
momento; el tiempo es siempre ahora.”
En
definitiva, ruta circular de 83 kms (1.100 m. D+ aprox.) Los principales
caminos transitados han sido; Camino de Arenas, La Cruz de Los Charquillos,
Camino de la Mojeda, Camino de los Huertos, Camino del Bonal-Velada-Mejorada,
Camino del Madroño-Mataburras-Herrería-Cerro Arriero-Camino de los Pinos- Los
Huertos –La Asfaltá-Mejorada-Segurilla-El Hituero-El Riscal-Las Cochineras
(+2), Camino de Buenaventura, C.R.L.O, Camino del Mojosal, Senda del Ruiseñor,
Camino de Montesclaros –El Vertedero-Segurilla-La Gran Muralla-Subida a la
Atalaya. Camino de Segurilla-Mejorada-Gamonal, Camino de Casa
“Quemá”-Cornocosillo-Carril de Las Mulas-Camino Real-Velada.
SALUD……………y
TIEMPO.
“…mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo
ni sitio….”
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