martes, 18 de agosto de 2026

Ruta circular: subidas El Bonal- “La Asfaltá”- El Riscal (+2)- El Vertedero-La Gran Muralla-La Atalaya (+ extra.)

 

Domingo (15-08-2026), con la burricleta presta y bien dispuesta, por las circunstancias dadas, el horario y por no “condicionar” al grupo, hoy toca cabalgar en solitario –ya me hubiera gustado, acompañaros-. Los demás, presentan una buena propuesta para “alambrar” y   cerrar el corral; por mi parte, “me invento” una etapa montañera de continuos subes y bajas cerreros, sin apenas salir de casa.

Comienzo la etapa, con el agradable frescor mañanero, que nos deja “la resaca” de las tormentas del día anterior, con los caminos bien regados –mejor, así no se levanta polvo-; en mi presencia, el campo aparece todavía empapado, engalanado con olor a tierra mojada, atravieso el extenso y productivo terrazgo; sumergido en la más inmensa tranquilidad y arropado con el sonido del silencio, sobre el terreno, repaso los garabatos de la ruta diseñada.

Las conocidas subidas, con todos sus ingredientes, las hacen únicas y  particulares; a la sombra –que se agradece-, aunque todavía me “tambaleo” con las frescas temperaturas; cada escalada “presume” de su repechón correspondiente –algunos,  rondando el 20%-; acurrucadas –en su mayoría- entre encinas y chaparras bien sombreadas, para hacerlas más amenas y menos sufridas; tramos asfaltados, levantados, otros, más tendidos que facilitan “la tarea”; en ocasiones, me llevan en volandas, otras, por su desnivel, cuesta avanzar. Después de “batallar” con esta retahíla de pendientes, la atalaya cagarrache –por la puerta de atrás- es la guinda del pastel, para finalizar este recital de cuestas. Aunque, todavía quedan más tramos sueltos y salteados, también desnivelados, que suman dígitos positivos y “pican a las piernas” según avanza la jornada.

Para hilar los harapos escarpados, remiendo la ruta con pequeños detalles que despiertan mi atención; terrenos de todos los colores, más llanos, algunos tramos reposando en estrechas trochas, perfumadas con aromáticas plantas y pinos salteados; intento robar el aire limpio y el frescor mañanero que guardo en mi raído zurrón; unas veces, escalo al ritmo del canto de la perdiz, escuchando nada, otras, sumido en la más intensa calma ; a mi paso, vallados berrocales “imitando fronteras”, encinas viejas, caídas ya caducadas, viñas y parcelas descuidadas y abandonadas, aunque el olor a tierra recién regada, me acompaña durante gran parte de la jornada; la cañada ganadera, extendida durante todo mi recorrido, da vida al revirado circuito. Comparto unos minutos con ilustres burriclistas de la zona, el experimentado y admirado Albino y su escudero “Rueda” y otros, que ya van de vuelta para Talavera.

Sobre la marcha, me voy hidratando y “dando algún bocado” para no desfallecer y, por supuesto, después de tanto subir, también tengo que “destrepar” y deshilachar el enredoso mapa. Echo mi imaginación a volar, me entretengo con las agraciadas vistas, en algunas ocasiones “desvarío” dentro del templo cerrero y me pierdo en mí mismo; otras, me columpio de la liana del tiempo y otras, me escurro entre el aire freso y el tupido silencio; algunas veces “trasciendo” e invento rutas imaginarias y otras, planeo sobre altas fortalezas y castillos que salen a mi encuentro. Inmortalizo “momentos únicos, ya pasados” –que ya no volverán a repetirse-, mientras, alimento los sentidos por los entretenidos toboganes que atraviesan los parajes cerreros.

Para rematar la enmarañada faena “unos kms extra”; “aterrizo” y busco la dehesa más plana, pistas más limpias y llanas, entre una marea de encinas y el achicharrado terreno según va agonizando el abrasador verano. Ya, en el camino “imperial”, más abandonado y dejado, “parece que hace acto de presencia el calor”; irregulares pasos para romper la monotonía de la pista, regueras, zanjas, tramos de arena suelta y zarzas que sobresalen, amenazan con perder el camino, antes de dar por concluida la fructífera y variada etapa.

Destacar de la ruta, en primer lugar, las agradables y frescas temperaturas mañanera, gracias sobre todo a la tormenta y lluvia del sábado. Además, el entretenido circuito de subidas a la sombra, terreno variado entre cerros y  con  las vistas orientadas a la Sierra de Gredos. “El reto está en el momento; el tiempo es siempre ahora.”  

En definitiva, ruta circular de 83 kms (1.100 m. D+ aprox.) Los principales caminos transitados han sido; Camino de Arenas, La Cruz de Los Charquillos, Camino de la Mojeda, Camino de los Huertos, Camino del Bonal-Velada-Mejorada, Camino del Madroño-Mataburras-Herrería-Cerro Arriero-Camino de los Pinos- Los Huertos –La Asfaltá-Mejorada-Segurilla-El Hituero-El Riscal-Las Cochineras (+2), Camino de Buenaventura, C.R.L.O, Camino del Mojosal, Senda del Ruiseñor, Camino de Montesclaros –El Vertedero-Segurilla-La Gran Muralla-Subida a la Atalaya. Camino de Segurilla-Mejorada-Gamonal, Camino de Casa “Quemá”-Cornocosillo-Carril de Las Mulas-Camino Real-Velada.


                                                      

                                                    

                                                  



                                                    

                                                     
                                




                                                     


                                                   


                                                     


SALUD……………y TIEMPO.


“…mil caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo ni sitio….”  

 

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