Lunes -festivo- (12-10-2026), después de la resaca del reto anual (Velada- Segovia), se nos presentan aguas más mansas y tranquilas; un periodo de descanso activo (menos tiempo, distancias e intensidad) o descanso total, aunque cada cual, se lo puede tomar como más le apetezca, pueda y quiera. Viene bien, un tiempo para relajar, reflexionar, analizar, valorar, despejarnos, vaciarnos, para hacer otras actividades……..para recargar las pilas, volvernos a ilusionar – si alguna vez la perdemos-, o simplemente, no hacer nada para coger más fuerzas. Las personas que mejor me conocéis -con mis defectos y virtudes-, sabéis que para mí “el montar en bici”, es muchísimo más que dar pedales y salir sin más; es salir a disfrutar de la naturaleza en cada estación del año, divertirnos, investigar y perdernos por nuevos parajes y, por supuesto, disfrutar del entorno privilegiado y extenso que tenemos a nuestro alrededor.
Por
esto y “algo más”, como algo habitual, en este día, salí a despejarme, bien
ataviado con una de la zamarra oficial veleña, para disfrutar de los pequeños
detalles que me deparará la ruta; el olor a hierba fresca y tierra mojada por
“los llanos”, todavía reposando; las chistosas sonrisas del joven alcornocal al
pasar a su lado; no menos apacible, el estrepitoso silencio que se columpia de
la dehesa cerrera y el embriagador perfume a madera que desprenden las
empapadas encinas; la quietud y el
sosiego que me acompañan en plena ascensión, absorto con las estampas que voy
recolectando y coloridos recortes de fotogramas que guardo para mi colección.
Abro
el ventanal de “La Mataburras” para contemplar el decorado de fondo, con Gredos
tirándome los trastos, mientras me balanceo por el inquieto tobogán, que zarandea mi presencia con su agradable aire
limpio y fresco. A través de la vía
pecuaria, me ilusiono “con otro viaje a las antenas pielagueras”; aquí, el
otoño se dimensiona a la enésima potencia, -colores, olores y emociones que nos
desbordan y superan-; por la romántica senda, la profusa arboleda acurrucada en
la umbría, una tupida alfombra de hojas secas acompaña el rastro del empedrado
arroyuelo y el olor a “jabato” se pasea con descaro a mi alrededor; los
campanos de los fornidos astados, me despiertan y me dan la orden y avisan del
mini-puerto, mientras “me pierdo en mis enmarañados y dispersos pensamientos….”
Atravesamos
localidades que nos reciben con los brazos abiertos, ¡¡¡tantas veces
visitadas!!!, que parecen nuestras, sus afables barriadas. Como niños, jugamos
a conquistar castillos y atalayas, con nuestras fieles y pacientes burricletas,
desafiamos descomunales desniveles, repletos de ganas, ánimos e ilusión, con la
única -pero reconfortante recompensa- de recibir las felicitaciones por parte de
los compañeros-a, compartir un plátano,
alguna barrita y un trago de agua, muchas risas y plantear propuestas de otras
épicas para realizar. Otras veces, llegamos a casa llenos de barro, calados por
las lluvias y en verano, hasta arriba de polvo y sudor, “menudos berenjenas se
ven” y todavía lo disfrutamos y nos reímos, ¡¡¡así de simple!!!; sin
publicidad, protagonismo ni aparenteos. Todavía, después de una larga jornada,
muchas horas y kms y dar una buena “paliza al cuerpo”, nos quedan fuerzas para
comentar; “disfrutamos, sufriendo”, ahí va.
No somos máquinas, ni dioses, ni ángeles caídos; tampoco somos estrellas de élite, ni siquiera profesionales, -no comemos ni vivimos de ello- pero, algún día dejaremos de recorrer estos entornos de los que tanto presumimos y tenemos la fortuna de disfrutarlos y no pasará nada, otros vendrán, o no. Habrá relevo generacional, o no. Posiblemente en un futuro no muy lejano, estas rutas, todo el entorno que abarcamos y corrales que tenemos cerrados en nuestras aventuras, se puedan realizar a través de realidad virtual, en 4D, desde el salón de casa. Lo siento, no lo acepto, ni quiero, me quedo con la experiencia vivida y sentida –en todo su esplendor-, en armonía y comunión con la naturaleza y mimetizados en ella. No me imagino un tablero y un mando para "elegir ruta, paisaje, distancia, tiempo, estación, añadir ingredientes, olores, etc" dar un botón e iniciar la etapa sin movernos del sofá. A lo largo de la historia, grandes personajes (ilustres filósofos-as, valientes guerreros, científicos-as de prestigio, sobresalientes matemáticos-as, exitosos ingenieros, grandes médicos-as, admirables maestros-as……y deportistas de renombre) y otros, menos buenos, también personas cercanas, conocidos-as, y familiares queridos nos han dejado y todavía, ¿piensas que esta “fiesta” no tiene fin? ¿sigues pensando que estarás aquí para siempre? De nada nos sirve el decir, “esto no me pasará a mí….”, como cada etapa, todo tiene un principio y un final. “El otoño no es una estación, es una sensación, un estado de ánimo que llena el alma. Es olor a canela, clavo y calabaza, una alfombra roja, amarilla….es un crujir de las hojas secas bajo tus pies.” “Recuerda, que aunque caigan las hojas, el árbol sigue en pie.”
En
definitiva, ruta circular de 48 kms. Los principales caminos transitados han
sido; Camino de Arenas-Cruz de Los Charquillos-Molino, Camino de la Mojeda, El
Baldío, Camino de los Huertos, Camino del Bonal-Camino de
Velada-Mejorada-Camino de los Huertos-Camino del Madroño (Mataburras-Herrería),
C.R.L.Or., Senda del Ruiseñor; Camino de Montesclaros-Vertedero-Segurilla, -La
Atalaya-, Camino de Segurilla-Mejorada-Gamonal-Velada.
SALUD………..y
TIEMPO.
“….mil
caminos por andar y mucho tiempo perdido sin saber a dónde ir, no tengo tiempo,
ni sitio…”
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